Estados Unidos nunca había estado tan dividido en materia de inmigración. Es hora de llegar a un acuerdo

Immigrants stand for the invocation during a naturalization ceremony to become new U.S. citizens at Boston College in Chestnut Hill, Massachusetts March 21, 2013.
Let’s stop shouting over one another and start compromising over immigrationImage: REUTERS/Brian Snyder
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La política migratoria de Estados Unidos ha llevado al país a ser lo que es hoy, para bien o para mal. Ha creado una nación diversa e innovadora que ha impulsado el avance de la civilización humana. También nos ha traído al presidente Trumpa Trump como presidente, y con él, un debate más encendido sobre la inmigración. En lugar de seguir gritándonos unos a otros y negándonos a escuchar a la parte contraria, es hora de que pensemos en opciones pragmáticas para alcanzar un acuerdo sobre políticas, dada la importancia de la inmigración para la historia de Estados Unidos, su capacidad innovadora y su crecimiento futuro.

Las revisiones sistemáticas de investigaciones empíricas rigurosas indican que los migrantes contribuyen positivamente, en términos netos, a la economía de Estados Unidos: generan crecimiento económico, crean empresas, producen innovaciones, crean empleos y ejercen una presión mínima sobre los salarios de la población nativa.

A pesar de los beneficios netos, crece la preocupación populista por los nuevos inmigrantes, en parte porque en América del Norte y la mayor parte de Europa se suele entender que la migración internacional legal está inherentemente vinculada a una vía para obtener la ciudadanía. Esta idea conduce de forma natural a posturas políticas polarizadas, que sopesan los derechos de los ciudadanos actuales frente a los de los migrantes, quienes, por diseño, son potenciales ciudadanos del futuro. Esto genera presiones para imponer restricciones de antemano y limitar la llegada de migrantes.

Identificar oportunidades para llegar a un acuerdo exige que nos alejemos de la visión binaria que plantea, por un lado, levantar muros para impedir la entrada y, por otro, integrar a todos los inmigrantes creando una vía hacia plenos derechos de ciudadanía. En cambio, debemos pensar de forma más creativa en todo el abanico de opciones, incluida la integración parcial. Los países que reciben a más trabajadores migrantes per cápita suelen haber optado por políticas intermedias de este tipo. Muchos países, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Malasia y Singapur, permiten la llegada de importantes contingentes de trabajadores migrantes temporales para cubrir sus déficits de mano de obra. En este modelo, la migración legal tiene una duración limitada y los trabajadores deben regresar a sus países de origen al terminar el período autorizado. Políticas como estas podrían permitir que un presidente negociador como Trump llegue a un acuerdo con quienes se centran en los beneficios económicos de la migración.

Las políticas de migración temporal permitirían a Estados Unidos recurrir a los migrantes para cubrir la escasez de mano de obra en empleos que los estadounidenses no quieren, a la vez que evitarían las cuestiones controvertidas relativas a la inmigración ilegal y la integración. Los liberales podrían sostener que invitar a la gente a trabajar, pero no a quedarse, no es coherente con los valores estadounidenses y perjudica el bienestar de quienes no tuvieron la suerte de nacer en Estados Unidos. Y tienen razón al decir que, para las pocas personas a las que se permite entrar en Estados Unidos con el sistema actual, una vía hacia la ciudadanía mejora enormemente su bienestar. Pero una política de integración parcial podría abrir las puertas a muchas más personas y, por tanto, elevar aún más el bienestar en conjunto.

Este acuerdo, por supuesto, no atiende las necesidades del conjunto actual de migrantes, solicitantes de asilo o refugiados, ni ayuda a quienes se encuentran en el limbo de DACA. Sin embargo, los países asiáticos ricos han utilizado este tipo de políticas para ofrecer oportunidades de empleo a muchos más migrantes económicos pobres per cápita que Estados Unidos, Canadá o Europa. Por ejemplo, en cualquier momento dado, el 45 % de los residentes de Singapur y el 88 % de los residentes de los Emiratos Árabes Unidos nacieron en el extranjero, frente al 14 % de los residentes de Estados Unidos. Indios, británicos y ucranianos ganan mucho más en Dubái de lo que ganarían en sus países. Estos países asiáticos de acogida más ricos, y no Estados Unidos, Canadá o Alemania, generan la mayor parte del valor económico mundial derivado de la movilidad transfronteriza.

Desde luego, no querríamos que la política estadounidense reprodujera los abusos denunciados contra trabajadores pobres en Dubái. Pero esa es la ventaja de concebir la política migratoria como un abanico de opciones: no tenemos que elegir exactamente el punto que han elegido los Emiratos Árabes Unidos; Estados Unidos puede elegir otro que se ajuste mejor a los valores estadounidenses, supervisando las condiciones laborales e imponiendo sanciones a los empleadores que violen los derechos humanos.

Los investigadores han demostrado que, si 1.000 haitianos trabajaran temporalmente en Estados Unidos con el programa H2 (un programa pequeño del que el propio presidente Trump se ha beneficiado), ganarían más de 200 millones de dólares en ingresos en Estados Unidos a lo largo de 10 años. De esas ganancias, entre el 60 % y el 70 % volvería a la economía estadounidense, mientras que un tercio regresaría a Haití, mejorando vidas y reduciendo las presiones que podrían impulsar la migración ilegal en el futuro. Dentro del abanico de políticas, incluso podría plantearse apoyar la migración interna en los países en desarrollo, que, según se ha demostrado, ayuda a aliviar la pobreza local.

Toda política migratoria que enfrente los derechos de los ciudadanos con los de los inmigrantes será siempre motivo de controversia. Teniendo en cuenta los costos y beneficios económicos y la realidad política actual, puede ser útil que todos empecemos a considerar opciones de acuerdo disponibles en todo el abanico de políticas migratorias posibles.

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