Con más de 3000 millones de personas que viven con menos de 2,50 dólares al día, luchar contra la exclusión económica y la desigualdad es una tarea abrumadora, que debe basarse en una sabiduría no convencional y en estrategias innovadoras.
Miles de millones de dólares se donan a diversas organizaciones benéficas de base religiosa y se gastan con igual celo y compasión. Dado que una gran parte del sufrimiento humano está relacionada con las necesidades básicas y los servicios, un uso más eficiente y consolidado de dichos recursos financieros podría mejorar notablemente la calidad de vida de quienes sufren, abriendo la perspectiva de una nueva forma de cooperación interreligiosa.
Como las religiones desempeñan un papel importante en el comportamiento socioeconómico de los creyentes, la lucha contra la pobreza y el sufrimiento humano podría ser un poderoso factor de unión para todos los creyentes de distintas fes y, potencialmente, un factor decisivo para el desarrollo económico mundial.
Aunque no de forma expresa, el papa Francisco ha creado este espacio para una cooperación interreligiosa que luche contra la pobreza y el sufrimiento humano, un objetivo igualmente valioso para otras religiones.
El papa Francisco y la cooperación interreligiosa
El papa Francisco ha recibido un considerable reconocimiento por su atención al sufrimiento humano y por su acogida hacia los demás. Ha denunciado la forma en que el capitalismo contemporáneo parece incapaz de promover y preservar la dignidad humana y la justicia social para todos. También ha respondido a las críticas dirigidas a la Iglesia católica poniendo en marcha reformas en el Vaticano. Mientras sigue ganando apoyo para sus valientes posturas, también ha realizado algunos gestos históricos hacia otras religiones, abriendo un nuevo universo de posibilidades.
Recientemente, mientras en la Mezquita Azul de Estambul, el papa Francisco realizó un gesto sin precedentes de cooperación interreligiosa hacia los musulmanes de todo el mundo. Con las manos juntas, se volvió hacia La Meca y guardó silencio mientras el Gran Muftí de Estambul ofrecía una oración islámica.
Existen sorprendentes similitudes entre la misión del Papa de poner fin al sufrimiento humano y el interés central del islam por el bienestar socioeconómico de la vida humana y la preservación de la dignidad humana. Las posibilidades de cooperación interreligiosa llevan mucho tiempo existiendo, pero hoy no solo parecen más convincentes, sino también más pragmáticas.
El mundo musulmán
Los musulmanes, que representan aproximadamente una quinta parte de la población mundial, no cuentan con una autoridad religiosa central como los católicos y los cristianos ortodoxos. Existen distintas escuelas dentro de cada uno de los dos grandes grupos del islam, suníes y chiíes. Si bien los musulmanes chiíes pueden reconocer alguna forma de autoridad religiosa central, el concepto de autoridad religiosa central no existe en las escuelas suníes. En consecuencia, la mayoría de los musulmanes están representados internacionalmente (aunque no religiosamente) únicamente por sus respectivos gobiernos.
A escala mundial, los 57 países musulmanes también están representados por la Organización de Cooperación Islámica. Dentro de la OCI, los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo han desempeñado papeles proactivos y participan estrechamente como socios económicos en el mundo musulmán. En consecuencia, los países miembros del CCG gozan de gran respeto por sus funciones individuales y colectivas en el mundo musulmán.
El Banco Islámico de Desarrollo también desempeña un papel importante, al destinar miles de millones de dólares anualmente al desarrollo económico en países y comunidades musulmanes. Financia una amplia gama de proyectos relacionados con infraestructuras, agricultura, educación, electricidad y energía, transporte, y agua y saneamiento. Asimismo, ofrece seguros empresariales y servicios de financiación del comercio, además de diversos programas de asistencia técnica, por lo que también goza de gran respeto en el mundo musulmán.
Aunque estas organizaciones y países no representan (ni han pretendido nunca representar) a cada musulmán, cualquier acción o iniciativa que emprendan tiene, sin duda, un peso considerable en el mundo musulmán.
Luchar contra la pobreza mediante la cooperación interreligiosa
Este espacio común de cooperación interreligiosa es una oportunidad para que los líderes religiosos y políticos cumplan con lo que constituye el núcleo de sus respectivas creencias: preservar y promover la dignidad humana.
Los desafíos a los que nos enfrentamos hoy tienen dimensiones únicas. Por ello, es importante que la cooperación interreligiosa se estructure de manera innovadora, de forma que pueda responder de la manera más directa y rápida posible a las urgentes exigencias del sufrimiento humano.
Así como el sufrimiento humano se manifiesta de múltiples formas, la cooperación interreligiosa también debe ir más allá de sus formas, temas y agendas convencionales. Por ejemplo, una gran parte del sufrimiento humano está relacionada con las necesidades básicas y los servicios, muchas de las cuales podrían atenderse mediante un despliegue sabio y sostenible de recursos financieros. Una cooperación interreligiosa orientada a una amplia gama de iniciativas de desarrollo económico podría constituir una respuesta muy oportuna (aunque no convencional).
Una cooperación interreligiosa para el desarrollo económico
Así como el papa Francisco tomó la iniciativa de abrir espacio a la cooperación interreligiosa, el Vaticano podría considerar el desarrollo de una relación de trabajo entre su brazo de desarrollo económico y diversas agencias internacionales de desarrollo.
Mediante una iniciativa pionera, el Vaticano podría explorar un terreno común de cooperación para el desarrollo económico con el Banco Islámico de Desarrollo, el Fondo Árabe para el Desarrollo, el Fondo Saudí para el Desarrollo, el Fondo para el Desarrollo de Abu Dabi, el Fondo Kuwaití para el Desarrollo y la Fundación Catar. Una vez identificados los objetivos resultantes de la cooperación, otros países musulmanes, como Turquía, Indonesia y Malasia, podrían unirse. Esto incluso podría abrir la puerta a que actores del sector privado, como los bancos islámicos y las instituciones financieras, colaboren.
En una etapa posterior, el Vaticano también podría explorar la colaboración con un grupo selecto de organizaciones benéficas patrocinadas por otros grupos y organizaciones religiosas en regiones objetivo, inaugurando una nueva era de cooperación interreligiosa a escala mundial.
Autor: Ali Adnan Ibrahim, vicepresidente, Al Baraka Banking Group, Young Global Leader
Imagen: El papa Francisco es recibido por el Muftí de Estambul, Rahmi Yaran (derecha), frente a la mezquita Sultan Ahmet, conocida popularmente como la Mezquita Azul de Estambul, el 29 de noviembre de 2014. REUTERS/Osman Orsal

