Mientras algunas ciudades experimentan con formas inteligentes de combatir la delincuencia, un nuevo estudio ha descubierto que un método más tradicional sigue siendo eficaz en el Reino Unido, los Países Bajos y Sudáfrica.
Según los investigadores, que analizaron horas de imágenes de CCTV de zonas urbanas centrales de Lancaster, Ámsterdam y Ciudad del Cabo, los ciudadanos intervienen para ayudar a las víctimas y poner fin a las peleas que se inician en la vía pública.
En el 91% de los casos, al menos un testigo intervino para poner fin a una discusión o agresión violenta, bloqueando o apartando al agresor, haciendo gestos para que se calme o consolando a la víctima.

El psicólogo y autor principal del estudio, el Dr. Richard Philpot, afirmó que los hallazgos del equipo desmontan la idea convencional de que, en las emergencias, los testigos no hacen nada.
«El hecho de que los testigos sean mucho más activos de lo que creemos es una noticia positiva y tranquilizadora para las posibles víctimas de violencia y para el conjunto de la sociedad. Debemos desarrollar esfuerzos de prevención de la delincuencia que se apoyen en la disposición de los testigos a intervenir.»
El «efecto espectador»
El estudio analizó 219 grabaciones de vídeo de discusiones y agresiones y descubrió que, contrariamente a la teoría del «efecto espectador» —que sugiere que las personas son menos propensas a intervenir para ayudar si hay otras presentes— las víctimas recibían de hecho más ayuda cuando había más testigos presentes.
Las tasas de intervención fueron las mismas en las tres ciudades, aunque se percibía que el centro de Ciudad del Cabo era menos seguro.
Los investigadores concluyeron: «Sostenemos que ha llegado el momento de que la psicología cambie el relato, alejándose de la ausencia de ayuda y avanzando hacia una nueva comprensión de qué hace que la intervención tenga éxito o fracase.»

La panorámica mundial
Las diferencias en la definición de delitos específicos, en el nivel de denuncias y en otros factores sociales y económicos dificultan medir los niveles mundiales de delincuencia violenta. Por este motivo, las tasas de homicidio se consideran a menudo uno de los indicadores más fiables de las tendencias a largo plazo en materia de violencia.
La tasa mundial de homicidios, medida en víctimas por cada 100.000 habitantes, descendió de 7,2 en 1992 a 6,1 en 2017, según el último Estudio mundial sobre el homicidio. Esto se debe en parte a que el crecimiento de la población ha sido más rápido que el registro de estos delitos.
También existen grandes variaciones regionales: la tasa en las Américas en 2017 (17,2) fue la más alta registrada en la región desde que existen registros fiables, en 1990. Las tasas en Asia, Europa y Oceanía se situaron por debajo de la media mundial.
Búsqueda de soluciones
Aunque muchos acogerán con satisfacción la noticia de que las personas están dispuestas a intervenir para ayudar a las víctimas, los gobiernos y las autoridades se enfrentan a la presión de encontrar formas concretas de abordar el problema y evitar que se cometan delitos.
Medidas como el aumento de las facultades policiales, la financiación del apoyo a las víctimas y las estrategias diseñadas para alejar a los jóvenes de la delincuencia han sido anunciadas por el Gobierno del Reino Unido, por ejemplo.
La Organización Mundial de la Salud afirma que es necesario abordar el problema en varios niveles y en muchos sectores de la sociedad, lo que incluye crear entornos familiares saludables, resolver los problemas en las escuelas, los lugares de trabajo y los barrios, y combatir la desigualdad de riqueza.
Y algunos proponen considerar la violencia delictiva desde una perspectiva completamente distinta. La organización benéfica Cure Violence trabaja para frenar la propagación de la violencia utilizando métodos asociados habitualmente al control de enfermedades. Su modelo se ha aplicado en ciudades de todo el mundo, desde Nueva York y Chicago hasta San Pedro Sula (Honduras) y Ciudad del Cabo.


