Usar las cosas durante más tiempo: ¿Tiene una solución sencilla el paso a una economía circular?

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  • Cada año, cientos de millones de toneladas de residuos acaban en vertederos, lo que aumenta los flujos de residuos y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

  • Las opciones sostenibles son costosas y requieren un cambio de mentalidad tanto de los consumidores como de las empresas.

  • La vía hacia una economía circular que se basa en conservar la calidad de los materiales consiste en reutilizar las cosas y usarlas durante más tiempo. También es necesario invertir en reciclaje de alta tecnología y en fuentes de energía renovable para obtener productos reciclados de alta calidad de manera eficiente.

Cientos de millones de toneladas de residuos acaban cada año en vertederos: auténticos páramos de todo tipo de objetos, desde colchones y equipos eléctricos hasta ropa sin estrenar, considerados inútiles y que ya no se necesitan.

Prolongar el valor de esos objetos y de los materiales con que están fabricados reducirá nuestra dependencia de la extracción —de materias primas—, una actividad que nuestra economía actual domina bastante bien y que se traduce en grandes beneficios derivados de las ventas. Este cambio frenaría los impactos ambientales de la extracción, como los flujos de residuos contaminantes y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

«Usar las cosas durante más tiempo» no es tan sencillo como parece, y entender cómo maximizar el valor de un producto y sus materiales «después del consumo» es fundamental para que funcione una economía circular.

Hacia una economía circular: Una segunda (tercera o cuarta) vida

Hay dos vías para conservar el valor de los materiales.

1. Reciclaje de alta tecnología

Este sistema recoge y clasifica los productos usados y luego aprovecha procesos de reciclaje de alta tecnología, alimentados con energía renovable, para descomponerlos en sus materiales constituyentes, reprocesarlos como materiales secundarios y reincorporarlos a productos similares. Este proceso tiene tres efectos:

1. La mayoría de los productos se fabrican con materiales reciclados, por lo que se necesita extraer menos material virgen. Se pierde menos valor de los materiales mediante la gestión de residuos de bajo valor, como su depósito en vertederos, la incineración o el reciclaje de menor calidad. La huella de carbono de los nuevos productos es comparativamente baja.

2. No es necesario adaptar los patrones de consumo ni los modelos de negocio tradicionales, ya que se reducen las emisiones de carbono mientras la actividad empresarial continúa más o menos como de costumbre.

3. Las condiciones de los trabajadores del sector de los residuos (sobre todo en los países de ingresos bajos) deberían mejorar a medida que aumente la demanda de insumos para el reciclaje.

El problema es que actualmente estos procesos no son viables a gran escala, ni tampoco lo es la energía renovable necesaria para alimentarlos. Establecer los procesos y la infraestructura para hacerlo es costoso y no es una prioridad a escala mundial.

2. Usar las cosas durante más tiempo

La segunda vía hacia una economía circular requiere menos tecnología: usar las cosas durante más tiempo significa reemplazarlas con menor frecuencia y, por tanto, reducir la necesidad de materiales nuevos. No es una idea revolucionaria y, en la mayoría de los países de ingresos bajos y medios, muchos productos de consumo duran más que en «Occidente».

Pero, por sencillo que parezca, adaptar los modelos de negocio tradicionales y muy rentables a productos de mayor duración exige un cambio de mentalidad profundo en todos los ámbitos.

Los consumidores tendrán que adaptar sus hábitos, por ejemplo, consumiendo (comprando, alquilando o pidiendo prestados) productos cuya vida útil puedan prolongar mediante el mantenimiento, la reparación, la reutilización y la reventa. Es posible que estos productos sean más caros y que, en algunos casos, haya que acceder a ellos mediante suscripciones o alquileres en lugar de comprarlos directamente. Los legisladores también deben respaldar este cambio; por ejemplo, facilitando la transferencia de las garantías de los productos entre propietarios e incentivando la reparación en lugar de comprar algo nuevo (por ejemplo, reduciendo el tipo del IVA).

Para la mayoría de las empresas, el impacto en los resultados es que menos compras repetidas se traducen en menores beneficios. Tendrán que adoptar modelos de negocio actualizados para mantener la rentabilidad. Estos nuevos modelos podrían incluir ofrecer servicios de reparación, alquiler y reventa, y beneficiarse así del paso a productos de mayor duración.

Repensar la economía: reutilizar, reparar y revender

Electrónica

Los fabricantes de productos electrónicos empiezan a desarrollar dispositivos más fáciles de reparar y actualizar, una práctica que la Unión Europea pronto exigirá. La mayor duración de los dispositivos y la reducción de las compras repetidas se incorporarán cada vez más a las decisiones de compra, a medida que los consumidores reciban más información sobre la vida útil de los productos en el punto de venta.

Los fabricantes tienen dos opciones. Pueden centrarse en regiones de alto crecimiento, donde la mejora del nivel de vida hace que nuevos clientes sigan impulsando las ventas por unidades, o buscar nuevas formas de mantener sus beneficios. Alquilar equipos, vender productos reacondicionados y ofrecer servicios de reparación prácticos son algunas posibilidades.

Prolongar entre tres y cuatro años la vida útil de un teléfono reduce en un 25 % los residuos de teléfonos en los vertederos y contribuye a la economía circular.Image: Kearney

Moda

Una lógica similar se observa en la industria de la moda, donde gigantes como Zalando y H&M están empezando a reparar ropa para prolongar su vida útil; el arrendamiento y el alquiler ganan popularidad, y las cadenas de suministro por fin empiezan a hacer frente a las montañas de residuos generadas por el enorme exceso de oferta. Los grandes almacenes Selfridges, con sede en el Reino Unido, también han anunciado que para 2030 quiere que la mitad de sus transacciones corresponda a la reventa, la reparación, el alquiler o la recarga.

Como mostró un reciente estudio de Kearney, la gran mayoría de las emisiones de CO2 generadas durante la vida útil de una camiseta provienen de su producción. Al comprar menos y usar las prendas durante más tiempo, se reduce tanto la cantidad de materiales que acaba en los flujos de residuos como las emisiones de CO2 asociadas.

Economía circular: prolongar el ciclo de vida de la ropa puede reducir las emisiones de CO2Image: Kearney

Envases reutilizables

Los envases reutilizables (por ejemplo, los envases rellenables) también están ganando impulso. Además, la resolución de la ONU sobre la contaminación marina por plásticos está impulsando a las marcas y a los productores a replantearse los envases de un solo uso, aunque aún quedan varios desafíos. Para los consumidores, la comodidad, la seguridad y el precio generan reticencias; las empresas, por su parte, se preocupan por la falta de infraestructura, la viabilidad financiera y la adaptación de los envases existentes. Pero usar el plástico de los envases más de una vez podría reducir el consumo de plástico en casi 50 millones de toneladas al año (cuatro veces lo que llega al océano cada año), otro claro ejemplo de cómo prolongar la vida útil reduce los flujos de residuos y las emisiones de GEI.

Perspectivas de la economía circular

Fomentar que los productos duren más y se usen con mayor frecuencia no ocurrirá de la noche a la mañana. Se necesita colaboración a lo largo de toda la cadena de valor y un cambio de mentalidad por parte de los consumidores. Sin embargo, las presiones inflacionarias que sienten los consumidores de todo el mundo acelerarán su avance.

Sin embargo, es fundamental reconocer que los productos no durarán más si no adoptamos una nueva perspectiva sobre el crecimiento económico. Una mayor reparación y mantenimiento de los bienes, así como la gestión de sistemas de reutilización o de uso compartido, pueden impulsar el crecimiento tanto como la venta de un producto nuevo , al menos en las economías más desarrolladas. Este crecimiento simplemente adoptará formas distintas de aquellas a las que nos hemos acostumbrado. Y, actualmente, muchas grandes empresas no están bien posicionadas para salir ganando.

Sin embargo, hay indicios de que usar las cosas durante más tiempo puede funcionar. Al caminar por las calles de Bombay o Mombasa, abundan los talleres de reparación y mantenimiento. Del mismo modo, muchas empresas emergentes exitosas han aprovechado el hecho de que muchos productos se usan con poca frecuencia (automóviles, segundas residencias, vestidos de novia) y han encontrado formas de reducir el consumo de materiales aumentando el uso de los activos físicos. A pesar de las oportunidades que ofrece, muchos departamentos de marketing reacios al riesgo aún consideran radical aprovechar estas realidades para desarrollar nuevas líneas de negocio.

Piénselo: si los consumidores de las economías desarrolladas compran un 25 % menos de cosas, disponen de una parte importante de sus ingresos para gastar en otros servicios asociados a esas compras. Las empresas que estén bien posicionadas para aprovecharlo se beneficiarán en mercados que, de otro modo, serían en gran medida estancados.

Usar las cosas durante más tiempo no resuelve todos nuestros problemas, y la mayoría de los productos acabarán llegando al final de su vida útil. Por eso es crucial aumentar la inversión en reciclaje de alta tecnología y ampliar la capacidad de energía renovable para crear una economía circular. Sin embargo, hasta que esto se materialice, la única solución es usar nuestras cosas más y durante más tiempo.

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