La mejor manera de desarrollar resiliencia frente a futuras pandemias y al impacto del cambio climático es avanzar hacia una economía circular.
Hacerlo podría abordar el 45% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y suponer una oportunidad económica de 4,5 billones de dólares.
Aquí, los copresidentes de la Plataforma para Acelerar la Economía Circular recomiendan cuatro áreas en las que las empresas y los responsables políticos deben centrarse.
La COVID-19 ha provocado una tragedia humana de enormes proporciones, con profundas consecuencias para la economía mundial que derivarán en una recesión prolongada y en penurias a largo plazo.
Esto anticipa el mayor desafío al que nos enfrentaremos en los próximos años, a medida que se agrave la crisis climática. Ya hoy, las sequías, los tornados y las inundaciones amenazan las vidas y los medios de subsistencia de demasiadas personas en todo el mundo, y, sin embargo, no estamos haciendo casi lo suficiente para hacerles frente.
Mientras pensamos en la recuperación de la COVID-19, debemos crear un sistema más resiliente que garantice la salud y la seguridad de todas las personas. Debemos asegurarnos de salir más fortalecidos frente a los desafíos que se avecinan. Y debemos hacerlo sin demora
La única forma de lograrlo es replantear nuestra relación con el mundo natural. Necesitamos entrelazar el progreso social, ambiental y económico, y desvincular el crecimiento económico del consumo insostenible, al tiempo que impulsamos acciones concretas y colectivas que aceleren la adopción de la economía circular y logren un cambio sistémico.
Comprender el problema: el sistema de extraer, producir y desechar
Si queremos construir un sistema más resiliente, primero debemos entender qué nos hace tan vulnerables. Nuestro modelo económico lineal actual, en el que el crecimiento económico depende de la extracción y el uso interminables, o el mal uso, de los recursos naturales, está empujando a nuestro planeta al límite.
Más de 100 000 millones de toneladas de recursos fluyen cada año hacia la economía, y la mayor parte termina perdiéndose como residuos o emisiones, lo que causa daños duraderos al medio ambiente y nos deja vulnerables a los efectos cada vez peores de la crisis climática.
Cualquier alteración de este flujo de recursos hacia la economía también nos expone a enormes conmociones económicas, como ha quedado más que claro con la COVID-19. Los cambios globales en el mercado laboral, el transporte y la demanda de los consumidores han provocado fluctuaciones desenfrenadas en los precios de las materias primas y una extendida penuria económica.
Se prevé que la demanda de recursos se duplique para 2050, por lo que nuestra exposición a los desafíos ambientales y económicos seguirá creciendo.
Una visión de un mundo más resiliente: una economía circular
Necesitamos una visión clara de un futuro alternativo. Un mundo en el que podamos respirar aire limpio; un mundo sin las amenazas climáticas de las sequías y las inundaciones. Un mundo en el que los recursos abunden, con suficiente para que todos podamos ganarnos un buen sustento. Nuestra visión del futuro es ambiciosa, pero es posible: una economía circular.
Una economía circular se centra en eliminar desde el diseño los residuos y la contaminación, en mantener los productos y materiales en uso y en regenerar los sistemas naturales, de modo que no agotemos los recursos de nuestro planeta. Cambiar la forma en que fabricamos y utilizamos los productos puede contribuir a abordar el 45% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, lo que supone una contribución fundamental para mitigar la inminente crisis climática. Reducir nuestra dependencia de recursos escasos aumenta nuestra resiliencia económica, y construir una economía circular ofrece una oportunidad económica de 4,5 billones de dólares al evitar residuos, hacer las empresas más eficientes y crear nuevas oportunidades de empleo. Al crear una economía circular podemos construir un sistema más sólido y aplanar o incluso revertir algunas de las tendencias que hoy amenazan la existencia de las generaciones futuras.
Nos espera una tarea enorme, pero puede llevarse a cabo. La Plataforma para Acelerar la Economía Circular recomienda cuatro áreas en las que centrarse:
1. Orientar el estímulo de la recuperación hacia la inversión ecológica y circular
Mientras se introducen paquetes de estímulo económico para apoyar la recuperación de la COVID-19, como los 750 000 millones de euros (843 000 millones de dólares) propuestos por la UE, existe una enorme oportunidad para reforzar nuestro compromiso y promover una economía circular como parte de una recuperación verde. Las prioridades serán invertir en energías renovables, proteger la biodiversidad y transformar la agricultura, y los fondos también deberían utilizarse para fomentar directamente la circularidad, por ejemplo, invirtiendo en empresas emergentes de economía circular que impulsan soluciones, u ofreciendo garantías de préstamo para ellas.
2. Crear un marco normativo para una economía circular
Los gobiernos desempeñan un papel importante en la creación de esta visión. Necesitamos ver una amplia y ambiciosa gama de políticas que se introduzcan para cambiar nuestra relación con los recursos naturales e incentivar el paso hacia una economía circular. Deberían existir subsidios para la reutilización de materiales e impuestos sobre los residuos. El reciclaje debería aplicarse obligatoriamente, con una inversión asociada en la infraestructura de reciclaje necesaria para hacerlo posible. La fijación de precios al carbono es fundamental. La contratación pública debería tener en cuenta el «coste total de propiedad». Los plásticos de un solo uso deberían prohibirse por completo. El Pacto Verde Europeo incluye muchos de estos elementos, con un Plan de Acción de Economía Circular como eje central. La adopción más amplia de estas políticas contribuiría en gran medida a impulsar el cambio de comportamiento que necesitamos. Un número cada vez mayor de empresas de todo el mundo ha pedido de forma clara la introducción de políticas para una recuperación verde que respalden sus propios compromisos de integrar los ODS en su forma de trabajar, a través de iniciativas como el Pacto Mundial de las Naciones Unidas y la Coalición Neerlandesa para el Crecimiento Sostenible.
3. Impulsar la adopción de modelos de negocio circulares
Muchas empresas ya están dejando atrás las transacciones puntuales para avanzar hacia relaciones continuas con sus clientes. Las plataformas de uso compartido están en auge. Algunas empresas comienzan a recuperar los productos al final de su vida útil económica; esto tiene el doble beneficio de mantener los materiales escasos en uso durante el mayor tiempo posible, al tiempo que reduce la dependencia de la disponibilidad de materias primas y, por tanto, crea un modelo de negocio más resiliente frente a las conmociones.
La crisis inmediata provocada por la COVID-19 sin duda está presionando a muchas empresas, pero es fundamental que los líderes empresariales mantengan sus compromisos con la sostenibilidad y la circularidad durante cualquier repercusión a corto plazo. El pensamiento a largo plazo es clave, pero las acciones marcan toda la diferencia. Cuando los gobiernos introducen medidas como la fijación de precios al carbono y los aranceles de ajuste en frontera, tal como se incluyen en el Pacto Verde Europeo, las empresas que innovan y adaptan sus modelos de negocio tendrán una clara ventaja competitiva, además de contribuir al mundo mejor que tanto necesitamos.
4. Innovar para estimular la circularidad
Existen muchas oportunidades para fomentar la innovación que cambie nuestra relación con nuestro ecosistema, mediante el uso de nuevas tecnologías que permitan modelos de negocio más circulares. La COVID-19 ha provocado un cambio repentino y drástico hacia el teletrabajo, la atención sanitaria a distancia y el seguimiento digital del virus, y podemos llevar estas lecciones a la recuperación. Necesitamos fomentar el uso de nuevas tecnologías competitivas para reducir el consumo de energía, recuperar y reutilizar materiales, ampliar la disponibilidad de fuentes de energía verde, prolongar los ciclos de vida de los productos y reducir los residuos. Los avances tecnológicos están al alcance de la mano; solo tenemos que invertir en ellos y adoptarlos.
Mientras avanzamos hacia la recuperación de la COVID-19, debemos abrazar el futuro y no posponer lo inevitable aferrándonos al pasado. Debemos rechazar los residuos y adoptar la circularidad. Aprovechando todo el conocimiento, el poder y la influencia de que disponemos para impulsar estas prioridades, podemos construir una economía circular. Requerirá una colaboración profunda entre empresas, gobiernos y sociedad civil, pero las recompensas valdrán mucho la pena: un ecosistema más sólido, resiliente durante las próximas décadas, y un mundo en el que las personas y la naturaleza puedan convivir en armonía. ¿Se suma a nosotros para avanzar hacia la circularidad?
Los autores son copresidentes de la Plataforma para Acelerar la Economía Circular.




