¿Qué le viene a la mente cuando piensa en la cáscara de naranja? Probablemente no mucho: protege el interior jugoso y fresco, ¿verdad?
Pues exactamente.
TIPA, un nuevo Pionero Tecnológico del Foro Económico Mundial, se ha inspirado en la cáscara de naranja para abordar uno de los problemas globales más comentados: los envases de plástico de un solo uso.
Más «pelable» que de plástico
La empresa ha desarrollado una alternativa a los envases flexibles de plástico, fabricada con biomaterial, que, según afirma, es totalmente compostable.
La mayoría de los envases flexibles (como los que envuelven los productos frescos o el café) no se pueden reciclar, porque están formados por capas de material. (Los envases rígidos para alimentos suelen ser más reciclables).
TIPA afirma que sus envases pueden convertirse en compost en 6 meses en una instalación de compostaje industrial.

Igual que el plástico real
Según TIPA, es «tan transparente, resistente e impermeable como los envases de plástico convencionales. Sirve para productos secos, horneados y congelados, incluidas frutas y verduras, prendas de vestir y otros productos».
Esto es fundamental si las alternativas al plástico van a imponerse. Deben proteger los alimentos y mantener la vida útil y la higiene de la misma forma que los envases de plástico existentes, además de encajar sin fisuras en los procesos de producción y las cadenas logísticas actuales.
TIPA, fundada en 2010 por Daphna Nissenbaum y Tal Neuman para afrontar el reto de los residuos plásticos, ofrece actualmente alternativas para todo, desde envases de barritas de cereales hasta envoltorios de revistas.

La magnitud del problema
Solo una pequeña fracción del plástico que hemos producido jamás se ha reciclado. Según un estudio de 2017, desde que comenzó la producción a gran escala a mediados del siglo pasado, la humanidad ha generado más de 8 000 millones de toneladas métricas de plástico.
Durante ese tiempo, más de 6 000 millones de toneladas se han convertido en residuos. Y aquí está el problema: se cree que solo el 9 % de ese total se ha reciclado. El resto se ha quemado (12 %) o acaba en vertederos (79 %).
Gran parte de ese material también acaba en el océano: unos 13 millones de toneladas al año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Un informe de 2017 del Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen MacArthur pide cambiar la forma en que diseñamos los envases, mejorar los sistemas de reciclaje e introducir nuevos modelos para aprovechar mejor los envases.
En definitiva, necesitamos cerrar el círculo.
Construir una economía circular
Una economía circular tiene como objetivo reducir los residuos mediante «el diseño de mejores materiales, productos, sistemas y modelos de negocio».
Esto significa que, en lugar de desechar las cosas, se reutilizan, se reparan o se reciclan, lo que afecta a cada etapa del ciclo de vida de un producto.

Y TIPA no es la única de los nuevos Pioneros Tecnológicos que intenta hacer el mundo un poco más circular. Black Bear Carbon Black, por ejemplo, recicla neumáticos usados para producir negro de humo, que se utiliza en todo tipo de productos, desde tinta hasta las teclas de los teclados.
GHGSat se enfoca más en la vigilancia: sus satélites y aviones monitorizan las emisiones y pueden ofrecer análisis de lugares específicos.



