La economía circular es una oportunidad de oro. No la desaproveche

Workers dismantle used television sets at a recycling plant in Neijiang, Sichuan province, China June 11, 2018. REUTERS/Stringer ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. CHINA OUT. TPX IMAGES OF THE DAY - RC13F271E580
The transition to a circular economy will do more than save the planet - it will also create vast new economic opportunities.Image: REUTERS/Stringer
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En el centro del Acuerdo de París se encuentra el objetivo de mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de 2 ˚C. El ámbito de acción más conocido es el de la energía, tanto la eficiencia energética como las energías renovables. Sin embargo, también existen oportunidades muy grandes en otros ámbitos, uno de los cuales es el uso eficiente de los recursos vírgenes.

Algunas tendencias son claras. Habrá más personas en el mundo, con el tiempo la sociedad será más urbana, las sociedades urbanas consumirán más recursos per cápita, muchos recursos escasearán y el coste ambiental de crear recursos vírgenes pronto será excesivo para que el planeta lo soporte. Por eso una economía circular es un concepto tan atractivo. Es una nueva forma de vida que puede ayudar al mundo a adaptarse a estas tendencias de manera compatible con el clima.

Es un derroche criminal de energía, esfuerzo y coste utilizar agua potable fresca para la construcción, para regar zonas ajardinadas o incluso para tirar de la cadena del inodoro. Utilizar aguas grises recicladas (de nuestras duchas y lavabos, por ejemplo) o aguas negras (el agua que se tira por los inodoros) para estos usos reduciría la necesidad de agua dulce, eliminaría la escasez de agua y garantizaría que nuestros cuerpos de agua no sigan siendo vertederos de residuos sólidos, tratados o no. El fertilizante rico en nutrientes obtenido en el proceso de tratamiento de aguas residuales puede utilizarse en la agricultura y es un subproducto bienvenido. Los cálculos aproximados indican que la India podría ahorrar más de 1.400 millones de dólares en divisas y subsidios cada año solo con el fertilizante obtenido, y también cubrir más del 10 % de sus necesidades de agua mediante el reciclaje. ¿Quién habría pensado que habría oro en los residuos sólidos y en las aguas residuales?

Image: Fundación Ellen MacArthur

La buena noticia es que la cantidad de residuos sólidos urbanos (RSU), uno de los subproductos más abundantes de un estilo de vida urbano y ahora un tesoro recién descubierto, crece incluso más deprisa que el ritmo de urbanización. Un informe del Banco Mundial de 2012 señalaba que hace 10 años había 2.900 millones de residentes urbanos que generaban unos 0,64 kg de RSU por persona al día (680 millones de toneladas al año), cifra que ha aumentado a unos 3.000 millones de residentes que generan 1,2 kg por persona al día (1.300 millones de toneladas al año). Para 2025, este informe estima que esa cifra aumentará probablemente a 4.300 millones de residentes urbanos, cada uno de los cuales generará unos 1,42 kg diarios de residuos sólidos urbanos (2.200 millones de toneladas al año). Según este informe, habrá una oferta creciente de mineral de oro en lugares improbables, que puede utilizarse en la economía circular.

El impacto de una economía circular podría ser enorme. Un informe de 2016 de la Fundación Ellen MacArthur y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) afirma que la India podría generar hasta 218.000 millones de dólares de valor económico adicional para 2030, cifra que ascendería a 624.000 millones de dólares para 2050, mediante la adopción de principios circulares en solo tres ámbitos: ciudades y construcción, alimentación y agricultura, y movilidad y fabricación de vehículos. El mismo informe añade que la circularidad podría provocar una reducción del 23 % de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030, que llegaría al 44 % para 2050, y una reducción del 24 % en el uso de materiales vírgenes en el mismo período (38 % para 2050).

Un informe de los mismos autores sobre China señalaba que aplicar a gran escala los principios de la economía circular en las ciudades chinas podría hacer que los bienes y servicios fueran más asequibles para la ciudadanía, que las ciudades fueran más habitables, y reducir las emisiones de partículas finas en un 50 %, las de gases de efecto invernadero en un 23 % y la congestión del tráfico en un 47 %, todo ello para 2040.

Incluso los sectores de alto consumo energético, como el aluminio y el acero, podrían beneficiarse enormemente de los principios de la economía circular. Los informes indican que las emisiones por unidad de los procesos de fabricación de estos metales se reducirían en más de un tercio si el reciclaje se convirtiera en una parte importante de la forma en que estos metales se ponen a disposición para su uso.

Los principios de la economía circular suelen estar presentes en economías pobres o en desarrollo, pero se sacrifican en aras de la comodidad a medida que crecen la economía y la renta media. Como afirma Ibrahim Thiaw, director adjunto del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: «Reparar forma parte del ADN de los países en desarrollo».

Varios elementos básicos de la circularidad están profundamente arraigados en los hábitos indios y chinos, como demuestran las altas tasas de reparación de vehículos y la recuperación y el reciclaje distribuidos de materiales después de su uso. A menudo gestionadas de forma informal, estas actividades son la única fuente de sustento de algunas de las poblaciones más pobres del mundo. Al convertir estas tendencias existentes en estrategias de desarrollo fundamentales, estos países podrían generar importantes ahorros económicos y reducir drásticamente las emisiones de carbono. Si bien los países en desarrollo deben aprender a hacer más y a hacerlo mejor, las economías desarrolladas tienen la oportunidad de reorientar el modelo económico de «tomar, fabricar, desechar» hacia un paradigma más circular.

China ya ha dado algunos pasos importantes, como la aprobación de una Ley de Promoción de la Economía Circular en 2009. La ley se formuló con el fin de facilitar una economía circular, aumentar las tasas de utilización de recursos, proteger y mejorar el medio ambiente y promover el desarrollo sostenible. Esto llegó tras un fuerte crecimiento entre 1980 y 2010, periodo en el que la economía china creció 18 veces, mientras que su consumo de energía solo se multiplicó por cinco. Según datos del Banco Mundial, lo que refleja una reducción del 70 % en la intensidad energética por unidad de PIB. A pesar de los avances logrados por China, todavía tiene camino por recorrer para alcanzar la intensidad energética de las economías europeas e indias. Intensificar la circularidad de la economía puede ser una buena forma de iniciar este proceso.

El cambio climático nos ha brindado la mayor oportunidad para reactivar la economía mundial. Junto con la eficiencia energética y las energías renovables, potenciar la circularidad de la economía puede ayudarnos a seguir una senda de crecimiento bajo en carbono. Cada uno de los ámbitos de impacto presenta oportunidades empresariales que pueden mantener en marcha el motor económico mientras extraemos oro de lugares improbables.

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