Cómo ayuda la tecnología a los recicladores informales de Egipto a construir una economía circular

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  • Los recolectores informales de residuos de El Cairo (zabbaleen) son una parte distintiva de la cultura callejera de la ciudad y actualmente recogen el 50-60% de sus residuos.

  • Un grupo de multinacionales, respaldado por el Gobierno de Egipto, ha creado un sistema de recuperación de plásticos que recompensa a los recolectores mediante créditos digitales.

  • Este proyecto demuestra cómo un modelo de reciclaje responsable puede favorecer la inclusión social y replicarse en otros lugares.

Durante más de 70 años, los zabbaleen de El Cairo (palabra árabe que significa recolectores de residuos) han recogido y reciclado la basura de la ciudad con una eficiencia que envidiarían la mayoría de las empresas profesionales de gestión de residuos. Sin embargo, su papel fundamental en la economía circular de la ciudad apenas ha sido reconocido.

Ahora, sin embargo, esto empieza a cambiar. Un nuevo proyecto, respaldado por algunas de las principales multinacionales y apoyado por el Gobierno egipcio, está poniendo a los zabbaleen en el centro de atención y potenciando sus negocios informales, con la ayuda de una tecnología digital sencilla.

El objetivo inicial son los residuos plásticos, una lacra ambiental que actualmente representa el 12% de todos los residuos sólidos urbanos en todo el mundo.

Comprender el problema del plástico en Egipto

Los zabbaleen tienen un patrimonio único. Al llegar a El Cairo en la década de 1940, sus pequeños carros han recogido los residuos puerta a puerta, convirtiéndose en un elemento característico de una metrópolis que hoy cuenta con más de 20 millones de habitantes. Actualmente recogen el 50-60% de los residuos de la ciudad. Pero la tarea de mantenerse al día con la basura es abrumadora, ya que se prevé que la generación de residuos en Oriente Medio y el Norte de África se duplique para 2050.

El público no percibe a los zabbaleen como recicladores, a pesar de que este ejército de más de 50.000 procesadores de residuos, 150.000 recolectores, clasificadores, comerciantes y conductores de camiones recicla el 80% de todo lo que recoge. Siempre han considerado su trabajo como un proceso de «recuperación» de materiales, más que de «gestión» de residuos.

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Los residuos plásticos que se acumulan en las calles de El Cairo y en el río Nilo se han convertido en un quebradero de cabeza cada vez mayor, no solo para el Gobierno, sino también para las grandes corporaciones cuyos logotipos aparecen en sus envases. Estas empresas se enfrentan a una fuerte presión de sus grupos de interés para hacer más por resolver el problema, incluido el cumplimiento de nuevos y exigentes objetivos fijados por la Unión Europea para el reciclaje de plásticos de un solo uso en 2025.

Con un historial de reciclaje del 80% de todo lo que recogen, el ejército de Cairo formado por más de 50.000 procesadores de residuos, 150.000 recolectores, clasificadores, comerciantes y conductores de camiones, sin duda tiene las capacidades necesarias para gestionar la montaña de residuos plásticos de la ciudad.

El problema es que las estructuras de mercado existentes no les remuneran de forma adecuada por su trabajo, lo que deja un vacío en el reciclaje que se paga con degradación ambiental. Como resultado, la basura plástica no ha dejado de aumentar y, aun cuando se recoge, persiste un déficit en su procesamiento.

Programa de recuperación de envases respaldado por el Gobierno

Sin embargo, ahora existe un mecanismo para afrontar este desafío en Egipto, gracias a un programa de recuperación de plásticos a gran escala diseñado conjuntamente por CID Consulting y Nestlé (la mayor empresa de alimentación y bebidas del mundo), como parte de su impulso para conseguir que el 100% de sus envases sean reciclables o reutilizables para 2025.

El programa, que se puso en marcha en 2019, incentiva inicialmente a los zabbaleen para aumentar la recogida de plásticos PET, pero en el futuro incluirá todos los envases posconsumo. Cabe destacar que la iniciativa está cobrando impulso: tras Nestlé se ha sumado PepsiCo, que se adhirió en enero de 2021, y Unilever se incorporará en junio. Al Ahram Beverages, de Egipto, se unirá en 2022.

Las empresas responsables de la producción de residuos plásticos pagan ... de forma electrónica por cada envío que se recoge y se envía para su reciclaje.

Laila Iskandar, CID Consulting.

Es fundamental que el programa cuente con el respaldo del Ministerio de Medio Ambiente, que en marzo de 2021 firmó con las empresas el Pacto Egipcio de Plásticos, en un movimiento que valida de hecho este modelo como un sistema de Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) socialmente inclusivo, tal como establece la nueva Ley de Gestión de Residuos 202 de 2020 del país. Esa misma ley también ofrece protección social a los recolectores informales de basura de Egipto al asignarles la denominación profesional de «reciclador», que eventualmente aparecerá en sus documentos nacionales de identidad.

La iniciativa utiliza un enfoque de crédito inverso en virtud del cual las empresas responsables de la producción de residuos plásticos pagan de forma electrónica a los recolectores, clasificadores, comerciantes y procesadores por cada envío que se recoge y se envía para su reciclaje. Cada transacción a lo largo de su compleja y consolidada cadena de valor se registra y se confirma mediante mensaje SMS, y los recicladores cobran a través de monederos electrónicos en sus barrios. Esto crea un mecanismo de recompensa económica que conduce tanto a un entorno más limpio como a más recursos para que los recicladores de El Cairo destinen al bienestar, la salud y la educación de sus familias.

Medir el valor de los residuos

El desarrollo del sistema requirió un análisis exhaustivo de la compleja cadena de valor de los plásticos en la economía egipcia, tanto formal como informal. Para establecer un precio justo, fue necesario identificar el papel de todos los agentes de la cadena de valor y calcular el valor que aportaba cada uno, teniendo en cuenta los costes de transacción, así como los impactos ambientales y sociales.

En el caso del PET, el valor de la gestión de residuos desde el consumidor hasta la planta de reprocesamiento se calculó en 64 dólares por tonelada. Esa cifra es, evidentemente, específica de cada material, pero el mismo enfoque podría adaptarse a otros materiales y a otros socios de la economía circular, así como a distintas regiones.

No hay necesidad de reinventar la rueda

Por supuesto, El Cairo no es la única ciudad con una vasta mano de obra de recolectores informales de residuos. En todo el mundo, unos 20 millones de personas se ganan la vida como recolectores de residuos – recogiendo plásticos, aluminio y otros materiales y vendiéndolos a las instalaciones de reciclaje.

Esta distinción caracteriza a todos los trabajadores informales de residuos de las economías emergentes y en desarrollo. Sus medios de vida y su supervivencia dependen de crear nuevos mercados, nuevos socios comerciales, nuevas fuentes de materiales, nuevas tecnologías de procesamiento y nuevos fabricantes en la industria del reciclaje formal.

Ese deseo de crear nuevos mercados puede aprovecharse con tecnologías que faciliten a sus usuarios el uso de este sistema informal. Al fin y al cabo, el sistema de crédito inverso se diseñó para El Cairo teniendo presente esta realidad: a menudo, el mejor camino hacia una economía circular no es ni el más nuevo ni el más avanzado tecnológicamente.

De hecho, es fundamental respetar las relaciones comerciales existentes cuando el trabajo de los recolectores informales se integra en la economía circular. La experiencia pasada ha demostrado que cualquier interferencia o alteración de las pautas comerciales establecidas puede distorsionar el mercado, provocar la pérdida de medios de vida y, lo que es más importante, la pérdida de confianza.

La tarea que tienen por delante las empresas, los gobiernos y los consumidores para hacer realidad el sueño de una economía verdaderamente circular es, sin duda, formidable. Pero una cosa está clara: en el mundo en desarrollo, solo se hará realidad si todas las partes reconocen y recompensan el trabajo vital de los trabajadores informales de residuos, que mantienen limpias las calles desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, y en toda Asia y América Latina.

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