Este artículo fue publicado originalmente por McKinsey & Company, www.mckinsey.com. Copyright (c) 2020 Todos los derechos reservados. Reproducido con permiso.
La industria de la moda fue responsable de al menos el 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2018, más que las emisiones de carbono de Francia, Alemania y el Reino Unido juntos.
Las investigaciones de McKinsey muestran que, sin medidas, la industria no alcanzará el objetivo del Acuerdo de París para 2030.
Acelerando los cambios a lo largo de la cadena de valor, la industria podría reducir considerablemente su contribución al calentamiento global mediante la reducción de las emisiones.
La industria de la moda fue responsable de al menos el 4 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) en 2018, más que las emisiones de carbono de las economías de Francia, Alemania y el Reino Unido juntas. Incluso teniendo en cuenta la reducción de la demanda provocada por la COVID-19, una nueva investigación de McKinsey muestra que, sin medidas sustanciales de reducción de carbono, la trayectoria actual conducirá a un nivel de emisiones de toda la industria que seguirá siendo el doble del necesario para cumplir el objetivo del Acuerdo de París para 2030.
En la moda, como en muchas otras industrias, lograr la sostenibilidad se ha vuelto imprescindible, en parte porque las expectativas de los inversores se disparan y los consumidores empiezan a esperar productos sostenibles. Además, las normativas medioambientales son cada vez más estrictas, el talento del sector se está trasladando a empresas sostenibles y está en juego un valor significativo derivado de alcanzar la sostenibilidad, valor que los pioneros ya empiezan a capturar. Durante un seminario web de McKinsey Live, el socio sénior Karl-Hendrik Magnus y la socia Anna Granskog identificaron las formas en que las partes interesadas del sector (marcas, minoristas, fabricantes, inversores, responsables políticos y consumidores) pueden contribuir a reducir las emisiones de GEI.
El objetivo de reducción de carbono es que las emisiones de la industria en 2030 sean 1,7 gigatoneladas de CO2 equivalente inferiores a las actuales. Alcanzar ese ambicioso objetivo requiere acelerar los esfuerzos de reducción a lo largo de toda la cadena de valor del sector. Las actividades de la fase inicial (producción y procesado de tejidos, fabricación de prendas, etc.) tienen el potencial de aportar alrededor del 60 por ciento de la reducción total de emisiones, las acciones de las marcas pueden aportar alrededor del 20 por ciento de la reducción, y el resto procedería de cambios en el comportamiento de los consumidores. La mayoría de los cambios necesarios para acelerar la reducción de carbono requieren una inversión inicial, pero un número sorprendente de ellos, lejos de ser costosos, supondría un ahorro neto de costes para toda la industria.
Entre esos cambios que reducen costes en la parte inicial de la cadena de valor del sector se encuentran, en primer lugar y ante todo, el aumento de la eficiencia energética de las operaciones de fabricación y venta minorista, además de la reducción de la sobreproducción y de las existencias sin vender. Reducir los residuos que se generan durante la producción de prendas (por ejemplo, haciendo más habitual el reciclaje en circuito cerrado) contribuiría a la aceleración y, al mismo tiempo, reduciría los costes.
El acelerador más importante que añadiría costes sería que todos los países de la cadena de valor alcanzaran el 100 por ciento de electricidad renovable. Los cambios en la combinación de materiales también podrían contribuir a la aceleración, pero supondrían un coste adicional. Por ejemplo, aumentar el uso de algodón orgánico, que se cultiva sin fertilizantes ni pesticidas y reduce las emisiones de GEI en un 50 por ciento, implica un menor rendimiento por hectárea de tierra. El aumento del reciclaje de fibra a fibra, el uso de fibras celulósicas de origen humano como el rayón y el modal, la tasa de reciclaje al final de la vida útil y el reciclaje en circuito cerrado al final de la vida de las prendas reducirían también las emisiones, aunque con un coste.
Las marcas deben empezar sus esfuerzos de aceleración determinando y haciendo transparentes sus emisiones actuales, y formando alianzas estratégicas que permitan los distintos tipos de inversiones que requieren dichos esfuerzos. Y, entre otras medidas, la industria necesita aumentar el uso de modelos de negocio circulares, como la reventa y el alquiler de prendas.
Después de 2030, la industria afrontará el enorme reto de ir más allá de acelerar la reducción de emisiones para reinventarse, en parte definiendo nuevos modelos de negocio y desvinculando el crecimiento del volumen del crecimiento del valor. Con la aplicación de la creatividad y el ingenio que existen en la industria de la moda, quizá la pandemia pueda convertirse en un detonante de cambios duraderos que minimicen la contribución del sector al calentamiento global.
Para más información sobre este tema, le invitamos a ver la grabación del seminario web y a leer los informes “Moda y clima: cómo la industria de la moda puede actuar con urgencia para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero” y “El estado de la moda 2020: navegar la incertidumbre.”





