Nuestros océanos se enfrentan a tres grandes desafíos: el cambio climático, la sobrepesca y la contaminación. La contaminación por plásticos preocupa cada vez más y ha captado la atención internacional de gobiernos, medios de comunicación y amplios sectores de la población, en parte gracias al documental de la BBC del año pasado Blue Planet II y sus imágenes de cachalotes y aves marinas enredados en residuos plásticos o que los ingieren.
A pesar de la atención que ha recibido la contaminación por plásticos, algunos científicos creen que es la menos importante de las principales amenazas marinas y que el cambio climático y la pesca necesitan más atención urgente.
Esto no significa que el plástico no sea un problema importante —lo es, sobre todo en algunas zonas del mundo en desarrollo y en los grandes sistemas de giros oceánicos donde confluyen las corrientes marinas y se acumula todo lo que transportan. Las investigaciones también han constatado la presencia de microplásticos (pequeños fragmentos que se forman cuando los trozos de plástico más grandes se descomponen en el mar) en los productos del mar, y que el plástico puede incluso acumularse a medida que avanza por la cadena alimentaria.
The Ocean Cleanup
Una de las razones por las que la contaminación por plásticos parece recibir más atención que otras amenazas para el océano es que quizá exista una «solución» tecnológica para este problema. The Ocean Cleanup es la principal solución tecnológica propuesta para el plástico marino: plantea utilizar varias barreras de 600 metros de largo que floten en las corrientes oceánicas y recojan el plástico que deriva en las aguas superficiales de los giros.
Ideada por un entonces estudiante de 19 años, la propuesta ha recibido críticas en los últimos años, con inquietudes que van desde la capacidad del proyecto para alcanzar los microplásticos hasta la posibilidad de que cause daños a la fauna.
Aun así, The Ocean Cleanup ha cautivado la imaginación al intentar revertir a gran escala el problema del plástico en los océanos.
Estamos familiarizados con la idea de que todos podemos hacer algo para evitar que el plástico acabe en el mar, por ejemplo, rechazando las pajitas de plástico y llevando una botella de agua reutilizable. Sin embargo, además de usar menos, también tenemos que producir menos y desechar menos. Esto implica no solo cambiar los comportamientos individuales, sino también los procesos industriales y las políticas gubernamentales de todo el mundo.
El impacto visual de la contaminación por plásticos y el gran interés público podrían ser fundamentales para algunas soluciones. En muchos países, las limpiezas locales de playas son habituales y están ganando popularidad rápidamente. También se ha sugerido que, pese a la concentración de plásticos en los giros oceánicos, muchos objetos grandes de plástico acabarán por llegar a las playas arrastrados por el mar, y que una parte considerable de los residuos plásticos que llegan al mar procede de comunidades costeras o ribereñas.
Pensar globalmente, actuar localmente
Esto da esperanzas de que se formen redes comunitarias capaces de combatir la contaminación por plásticos a escala local. Estas redes deben ir más allá de las limpiezas de playas o ríos e implicar y movilizar a distintos grupos y personas de la sociedad.
Entre las partes interesadas, unidas por su interés en unos océanos saludables, deberían figurar los comercios locales, que pueden ofrecer sistemas de devolución de envases y otros materiales reciclables e incluso reducir o eliminar la venta de productos como pajitas de plástico, vasos desechables para café, bolsas de plástico y recipientes para comida para llevar.
Los ayuntamientos podrían instalar contenedores de basura y puntos de reciclaje para quienes visitan las playas, y aplicar sanciones por tirar basura o depositar residuos ilegalmente cerca de playas y ríos.
Se ha demostrado que las comunidades que gestionan su entorno local son eficaces en las zonas costeras, pero siempre surgen dificultades al ampliar estos enfoques a escala nacional o internacional.
Es evidente que hacen falta políticas que respalden las iniciativas locales, en lugar de combatirlas. Por ejemplo, las políticas gubernamentales deberían exigir de inmediato la prohibición de los envases de plástico no esenciales, en vez de «trabajar con el objetivo de eliminar los residuos plásticos evitables para finales de 2042», como indica actualmente el plan ambiental británico de 25 años.
Es urgente que los envases no esenciales que queden sean reciclables, y que se pongan en marcha rápidamente incentivos al reciclaje, como el pago por reciclar, más allá de las iniciativas de los comercios locales.
Las soluciones tecnológicas pueden y deben formar parte de nuestro enfoque ante los problemas medioambientales, ya se trate de la contaminación por plásticos o del cambio climático. Sin embargo, solo pueden ser parte de una solución.
Los programas que cambian actitudes y empoderan a las comunidades a escala local pueden ser eficaces en todo el mundo, pero necesitan el respaldo de políticas nacionales e internacionales para lograr un cambio real. En la actualidad, la contaminación y los recursos naturales se consideran daños colaterales inevitables en la búsqueda del crecimiento económico.
Faltan políticas que respalden a las comunidades costeras y, hasta que las haya, ningún milagro de alta tecnología vendrá a salvarnos.




