Este artículo se publicó originalmente en Circular Online.
Cada año se producen más de 460 millones de toneladas de plástico, de las cuales 19 millones de toneladas se filtran al medio ambiente; y esta cifra podría triplicarse para 2060.
La contaminación por plásticos representa una oportunidad económica perdida de 4,5 billones de dólares, impulsada por la pérdida de valor de los materiales y por las ineficiencias a lo largo de todo el ciclo de vida del material.
Desde Nigeria hasta Filipinas, los países ya están demostrando que es posible lograr avances significativos hacia una economía circular del plástico.
Más de 460 millones de toneladas de plástico se producen cada año, y alrededor de 19 millones de toneladas se filtran al medio ambiente, lo que contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero, daña la biodiversidad y afecta a los medios de vida y a la salud pública. Si las tendencias actuales se mantienen, el uso mundial de plástico podría triplicarse para 2060.
La transición hacia una economía circular del plástico se está convirtiendo, por tanto, en un imperativo económico, ambiental y estratégico. Desde la reciente reunión celebrada en la Semana de Acción Climática de Londres hasta la próxima conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en Turquía y la siguiente fase de las negociaciones del Tratado Mundial sobre Plásticos, crece el reconocimiento de que construir una economía circular del plástico exigirá una transformación, y no solo cambios incrementales.
No se trata solo de un problema de residuos. La contaminación por plásticos es un fallo sistémico, impulsado por ineficiencias a lo largo de todo el ciclo de vida del material, desde la producción y el diseño hasta el uso y la recuperación. Considerar el plástico únicamente como residuo pasa por alto su dimensión económica más amplia: la pérdida de valor de los materiales, el aumento de los costes del sistema y la creciente presión sobre los recursos naturales. En conjunto, estos desafíos representan una oportunidad económica perdida de 4,5 billones de dólares.
Replantear el desafío
No cabe duda de que la contaminación por plásticos representa un desafío significativo. La ambición internacional ha desempeñado un papel importante al situar este asunto en la agenda mundial. El siguiente reto consiste en traducir esa ambición en acción coordinada, inversión y cambios sistémicos.
Esto implica ir más allá de la gestión al final de la vida útil y replantear los modelos de consumo modernos, el diseño de productos, los marcos normativos y los sistemas de retención de valor que pueden contribuir a crear una economía circular autosostenible.
Aunque las negociaciones del Tratado Mundial sobre Plásticos no concluyeron en 2025, su continuación brinda la oportunidad de analizar lo que ya funciona en la práctica. Muchos países están demostrando que es posible lograr avances significativos en la actualidad, incluso mientras las negociaciones continúan. Estas experiencias ofrecen lecciones valiosas para la siguiente fase del proceso del tratado y muestran cómo los esfuerzos nacionales pueden contribuir a orientar la acción mundial.
La innovación ya no es el cuello de botella
Las soluciones probadas ya se están aplicando. En todos los países y cadenas de valor, los gobiernos, las empresas y las comunidades están reforzando los sistemas de recogida, mejorando la infraestructura de reciclaje y rediseñando productos para la circularidad.
En África, por ejemplo, la ausencia de normas regionales armonizadas para plásticos reciclados aptos para uso alimentario ha ralentizado la inversión y la innovación. La colaboración entre la Organización Africana de Normalización (ARSO), la Alianza Africana para la Economía Circular (ACEA), la Unión Africana, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y Circularium Africa Advisory dio lugar a la creación de la Norma Africana para el Tereftalato de Polietileno reciclado (rPET) para contacto con alimentos. La norma establece requisitos comunes de ensayo y seguridad, lo que contribuye a desbloquear la inversión, respaldar el comercio regional y acelerar la circularidad.
En Filipinas, que genera 163 millones de sobres flexibles de plástico cada día y pierde un valor estimado de 890 millones de dólares en materiales reciclables al año, un nuevo grupo de trabajo sobre reciclaje de plásticos reúne a gobierno, empresas, sociedad civil y socios para el desarrollo. La iniciativa respalda tecnologías de reciclaje innovadoras, refuerza los sistemas de recogida y promueve un enfoque integral de la cadena de valor, que incluye el reciclaje apto para uso alimentario.
En el marco de la red de la Global Plastic Action Partnership del Foro Económico Mundial, 25 países están elaborando Hojas de Ruta Nacionales de Acción frente al Plástico adaptadas a sus contextos nacionales. Aunque los países aportan perspectivas diferentes a las negociaciones del tratado, muchos convergen en prioridades prácticas: mejorar los sistemas de gestión de residuos y el diseño de productos, fortalecer los mercados de materiales reciclados, atraer inversión, crear empleo y reducir la contaminación. Esto demuestra que ya existe una alineación significativa en muchas de las acciones necesarias para acelerar la transición hacia una economía circular del plástico.
La hoja de ruta de Nigeria, por ejemplo, muestra que un conjunto de medidas de economía circular podría aumentar la circularidad del plástico hasta el 58 %, reducir la contaminación por plásticos en un 67 %, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 39 % y crear cerca de 97 000 empleos para 2040, en comparación con el escenario habitual.
Una ventana para la acción
Lo que une estos ejemplos no es solo la innovación, sino la coordinación entre gobiernos, empresas e instituciones financieras. Los países y organizaciones que logran los mayores avances están alineando las políticas, las finanzas y la acción industrial de formas que generan valor duradero. La innovación no es el cuello de botella: lo que desbloquea el progreso son los modelos coordinados y multilaterales, porque incluso los líderes más ambiciosos se enfrentan a barreras sistémicas que ninguna entidad puede superar por sí sola.
La acción coordinada es el eslabón fundamental, ya que permite avanzar en las políticas en todas las regiones y facilita un mayor acceso a la financiación tan necesaria, lo que a su vez envía señales de mercado claras y coherentes que pueden impulsar la replicación de iniciativas exitosas con rapidez y a gran escala.
El proceso del tratado ha generado una atención y un impulso mundiales sin precedentes en torno a la contaminación por plásticos. La siguiente fase ofrece la oportunidad de aprovechar ese impulso aprendiendo de las acciones que ya se llevan a cabo en países y regiones.
Los enfoques fragmentados y aislados siguen siendo insuficientes para abordar el desafío de la contaminación por plásticos a la escala necesaria. El progreso futuro dependerá de marcos que fortalezcan la colaboración, construyan economías resilientes, protejan los ecosistemas y desbloqueen un crecimiento sostenible.
A medida que se reanuda el proceso del tratado, los líderes deben construir sobre lo que ya funciona, utilizando métodos probados como base para una escala mundial. La contaminación por plásticos es un problema sistémico y debe tratarse como tal: ningún otro enfoque facilitará el cambio que necesitamos con urgencia y del que dependen nuestro medio ambiente, nuestras economías, nuestra salud y nuestro bienestar.


