Debemos eliminar los artículos desechables de forma definitiva. Estas son 5 formas de hacerlo

Two boys sort out plastic recyclables as they work in a yard in Peshawar, Pakistan November 19, 2018. REUTERS/Fayaz Aziz - RC17776866B0
Plastic in and of itself isn’t the problem. It's the way we use it.Image: REUTERS/Fayaz Aziz
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Los productos y envases de un solo uso son cómodos y asequibles, pero están provocando una creciente crisis de residuos. Los científicos se han alarmado al descubrir fragmentos de plástico en lugares muy alejados de las poblaciones humanas, como el Ártico y las islas remotas. A principios de este año se encontró una bolsa de plástico entera, completamente intacta, en el fondo de la Fosa de las Marianas, el punto más profundo del océano; un ejemplo escalofriante de la omnipresencia del plástico en el medio natural.

Los fabricantes introducen en el mundo productos y envases que ni siquiera los sistemas de eliminación mejor gestionados, como el vertido y la incineración (por no hablar del reciclaje), logran captar, y que terminan convertidos en basura. Al llegar a los entornos marinos, nunca se degradan por completo: liberan sustancias químicas, emiten gases de efecto invernadero y se descomponen en microplásticos, que los animales confunden con alimento y que, de este modo, penetran en la cadena alimentaria humana y en los suministros de agua.

Son hoy los consumidores, y no los productores, quienes soportan el peso de estos residuos. Las economías en desarrollo están aún más inundadas de basura. Que en 2050 pueda haber más plástico que peces en el océano ya no es noticia, a la luz del reciente informe de la ONU que afirma que solo tenemos 12 años para desviar nuestro rumbo de la catástrofe climática.

El plástico en sí mismo no es el problema. Lo que ocurre es que los artículos de plástico están diseñados para ser desechables: se usan una vez y luego se tiran. Cada paso que se aleja de materiales duraderos y reutilizables, como el vidrio y el metal, para avanzar hacia los plásticos y las bolsas y películas multicompuestas (en otras palabras, hacer los envases más ligeros y baratos) reduce efectivamente a la mitad la reciclabilidad del envase.

Image: TerraCycle

Este modelo económico lineal de tomar, fabricar y desechar ha generado beneficios, creado empleo y satisfecho el deseo de los consumidores de productos accesibles, innovadores y cómodos, al tiempo que ha reducido los costes para los productores. Pero esto no es sostenible.

La globalización ofrece esperanza de cambio en el futuro de la producción y el consumo, al apoyar el crecimiento económico a través del poder transformador de la colaboración. Pero para alejarse de una cultura desechable y avanzar hacia una economía circular —una que favorezca la reducción de la cantidad de materias primas utilizadas en la fabricación, la reutilización de materiales y la recuperación de recursos—, los agentes influyentes deben empezar a integrarse en lugar de seguir en sus silos actuales.

Las empresas que buscan generar un cambio y poner fin a la dependencia de la sociedad respecto de lo desechable deben demostrar beneficios claros para los consumidores, las empresas, los gobiernos y el medio ambiente. Al principio será un reto. Pero los agentes de cambio pueden desarrollar sus propias iniciativas y desplegarlas en todos los sectores para blindarse frente a nuestro creciente problema de residuos.

Invertir en reciclaje

El reciclaje es una respuesta al problema sistémico de los artículos de un solo uso, el consumo excesivo y la desechabilidad. Pero los sistemas integrales de reciclaje y los programas de recogida por parte de los fabricantes son esenciales no solo para cambiar la forma en que valoramos los artículos de un solo uso, sino también para recuperar materiales destinados a nueva producción y desviarlos de los vertederos y la basura.

Los fabricantes que asumen de forma voluntaria la responsabilidad del productor mediante programas de recogida para los consumidores y las operaciones previas al consumo pueden demostrar su valor para sus grupos de interés. Apoyar el mercado de materiales secundarios incentiva entonces a los gobiernos y municipios a aplicar mejor el reciclaje con más recursos.

Dejar de producir, usar y comprar artículos de un solo uso sin sistemas de recuperación

Esto es sencillo, pero difícil. Como consumidores, implica estar atentos a los cubiertos de plástico, llevar tazas reutilizables para sustituir los vasos de café, reducir las compras en línea (o comprar únicamente a empresas que utilicen envases reutilizables para el comercio electrónico, como RePack), y comprar bienes de segunda mano. Solo podemos comprar lo que tenemos a nuestro alcance, así que, aunque corresponde a los consumidores exigir un cambio alejado de lo desechable, los fabricantes, las marcas y los gobiernos deben crear nuevos modelos de consumo.

Los minoristas, como restaurantes y tiendas de productos básicos, deben favorecer los bienes reutilizables, y los fabricantes que los producen deben encontrar nuevas formas de ofrecer las ventajas de productos como las maquinillas desechables, los pañales y los productos de higiene femenina, al tiempo que se pasan a equivalentes duraderos, para que los consumidores estén dispuestos a dar el paso. Este tipo de creación de valor requiere que estos mercados se apoyen mutuamente mediante la colaboración.

Rediseñar la forma en que se fabrican, distribuyen y poseen los productos para crear valor para los fabricantes y los consumidores ayudará a avanzar hacia una nueva forma de pensar sobre el diseño de productos y su propiedad.

Centrarse en el rediseño de productos y envases como estrategia de crecimiento

Diseñar para la reciclabilidad con la infraestructura actual, y para la reutilizabilidad hoy y en el futuro. Con la creciente popularidad de los alimentos y bebidas premium envasados en vidrio y plásticos duraderos, vemos que los consumidores están dispuestos a pagar más por un producto presentado en envases de alta calidad. Ya está en marcha un avance hacia envases más fáciles de reciclar y, mejor aún, envases que se reutilicen una y otra vez.

Crear un recipiente duradero o reutilizable consume más energía y recursos que crear un recipiente desechable (o de un solo uso). Sin embargo, con el tiempo el recipiente reutilizable tiene un coste ambiental y económico menor, ya que no necesita volver a fabricarse en cada uso; en cambio, solo necesita transportarse y limpiarse, lo que conlleva costes ambientales y económicos mucho menores.

Innovar para el futuro del consumo mirando al pasado

Durante la mayor parte del siglo XX, los distribuidores de bienes de consumo y perecederos proporcionaban recipientes reutilizables que los clientes podían vaciar y luego dejar en sus puertas, como, por ejemplo, las botellas de leche de vidrio. Estos envases circulaban por un sistema en el que el productor era responsable de ellos y los poseía como un activo. Esto contrasta con la actualidad, en la que consumidores y gobiernos son responsables de los productos y envases desde el momento en que los poseen, pagando su eliminación mediante impuestos.

En los modelos basados en servicios de antaño, los productores ofrecían no solo la entrega, sino también la limpieza, el almacenamiento y el transporte de sus envases, que eran duraderos y reutilizables. Ya invitamos a los productores a nuestras puertas a través de los modelos de comercio electrónico con entrega y de suscripción. ¿Y si los bienes de consumo y los bienes duraderos incluyeran el valor añadido de servicios de limpieza y reparación?

Impulsar un movimiento de economía circular centrado en la abundancia y la prosperidad

Sustituir el modelo de un solo uso y de un único sentido exige una demostración muy clara de un valor comparable o superior al de los productos y envases desechables, que son cómodos, económicos y fáciles de usar. La mayor parte de la innovación aquí consiste en garantizar que los conceptos de envases reutilizables sean fáciles de entender y accesibles para quienes tienen ingresos medios.

La conservación y la austeridad no son conceptos que las empresas, las ONG, los grupos de defensa, los académicos y las personas adopten con mucho efecto. El movimiento que se aleja de lo desechable hacia una economía circular debe ser irresistible, no solo «lo correcto». Los consumidores y las partes interesadas recompensarán a las empresas que lo hagan con eficacia.

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