Necesitamos cambiar el modelo de la moda rápida. Así se puede hacer

Customers shop at a Primark store on Oxford Street in London June 20, 2014. Discount fashion chain Primark has made its mark in Europe by offering fast-changing fashion at rock-bottom prices. The secret of its success: placing huge orders for top-selling items like socks, tops and jeans and passing on the savings to shoppers. That is the formula it hopes will help it crack the $200 billion U.S. market next year. With an initial capital investment of under 200 million pounds ($340 million) Primark plans to open a store in downtown Boston toward the end of 2015, have 10 stores in the north east of the country by Easter 2016 and build out from there. Picture taken June 20, 2014
The fast fashion business model is wasteful and hurting the environment. It's time to get changed.Image: REUTERS/Luke MacGregor
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Casi la mitad de la población mundial vive ahora en hogares con suficiente renta discrecional para considerarse de ’clase media’. Impulsada en gran medida por la explosión de este sector de la sociedad en India y China, y que ahora se extiende al sudeste asiático, esta tendencia quizá haya pasado desapercibida para algunos.

Pero lo que sí ha pasado desapercibido es el resultado neto de este cambio titánico en la forma en que miles de millones de personas viven sus vidas.

Opciones

Los supermercados son templos de la variedad. Nuestros pasillos están llenos de innumerables tipos de pan, carne y productos frescos, y eso es solo lo que comemos.

La revolución digital también ha ampliado y consolidado la disponibilidad de múltiples opciones. Donde antes dominaban las cadenas de televisión, los estudios de cine y las discográficas, mi generación consume contenidos digitales a través de opciones ilimitadas que ofrecen proveedores de suscripción como Netflix y Spotify, sin contar una serie de plataformas gratuitas de streaming musical en línea.

Pero una pregunta importante que debemos plantearnos es si esta abundancia de opciones genera una utilidad adicional en nuestras vidas. A un nivel más humano, ¿nos hace más felices tener acceso inmediato a más opciones?

Moda: rápida y lineal

El fenómeno moderno de la moda rápida surgió por nuestro deseo de tener las últimas tendencias más rápido y a un precio más bajo. Esto ha provocado plazos comprimidos para los productores, los transportistas y también los minoristas. Las prendas se fabrican en masa a una velocidad vertiginosa y después se envían a los minoristas, que disponen de un margen limitado para venderlas antes de que llegue el siguiente envío. ¿El resultado? Toneladas y toneladas de ropa sin vender.

Según la Fundación Ellen McArthur, un camión de basura lleno de textiles (unas 12 a 14 toneladas) se desperdicia cada segundo. En julio de 2018, la marca de moda Burberry provocó una indignación mundial cuando se reveló que habían quemado casi 40 millones de dólares en prendas sin vender así como otros artículos de lujo, en un intento por evitar que las existencias no deseadas se vendieran a precios más bajos.

Las prendas sin vender son solo la punta del iceberg. Aunque los volúmenes de producción han aumentado, la utilización de la ropa (el número de veces que se usan las prendas antes de desecharlas) está disminuyendo. Mientras que la media mundial en 2016 era de unos 120 usos por prenda (frente a los 200 usos de 2002), en China se ha registrado un descenso drástico a 62 usos, mientras que en Estados Unidos la media siempre ha sido de 40 usos. La realidad es que las prendas desechadas no supondrían un problema tan grave si el sector contara con una infraestructura consolidada para reciclar la ropa usada. Se estima que solo el 13 % del total de materiales empleados para producir prendas nuevas procede de materiales reciclados tras su uso.

Por último, el proceso de producción de prendas suele considerarse intensivo en recursos, derrochador y generador de residuos. Según el informe citado anteriormente, si no cambia nada, las emisiones de carbono del sector seguirán aumentando y absorberán más de una cuarta parte del presupuesto de carbono para un escenario de 2˚C.

La solución: rediseñar la moda

Según el informe Pulse of the Fashion Industry - publicado en 2017 por Global Fashion Agenda y Boston Consulting Group - sostiene que, si se recurriera a fuentes más renovables, se innovara en los procesos de fabricación y se abordaran diversos problemas sociales, como las prácticas laborales en las cadenas de suministro, se podrían generar 192.000 millones de dólares para la economía mundial en 2030. La oportunidad es enorme.

Pero resolver el problema no será fácil. Intervienen factores tanto prácticos como emocionales en cualquier intento de cambiar el comportamiento. Con miles de millones de personas en economías en desarrollo que acceden por primera vez a la clase media, con la plena intención de comprar tanto lo que necesitan como lo que desean, es poco probable que logremos cambiar el comportamiento de los consumidores a la escala y al ritmo que se requieren.

El sector también emplea a unos 300 millones de personas en toda la cadena de valor. Cualquier solución propuesta debe tener en cuenta la necesidad y el derecho de las personas a desarrollar y mejorar sus vidas y a formar parte de las transacciones globales. ¿Cuáles son, entonces, las vías disponibles para resolver el problema?

En primer lugar, debemos resolver el problema desde el lado de la oferta de la moda. Más del 63 % de las cadenas de suministro de fibras textiles existentes corresponde a sintéticos como el poliéster y el acrílico. Aunque son más baratos que los materiales orgánicos, los sintéticos son de origen fósil, no biodegradables y difíciles de reciclar. Una industria con un fuerte peso de los sintéticos también generará microfibras de plástico que acaban en nuestros océanos.

Debemos avanzar, en cambio, hacia fibras circulares, biodegradables y naturales, producidas y obtenidas de forma responsable.

Como productoras de viscosa, Sateri y Asia Pacific Rayon (APR) fabrican un producto elaborado con un 100 % de celulosa de madera. Nuestro objetivo es ofrecer una fibra biodegradable y natural a una escala que nos permita alejarnos gradualmente de los sintéticos de origen fósil. Compuesta por polímeros naturales de origen vegetal, la viscosa es biodegradable y se descompone de forma natural. Además, procede de plantaciones de árboles gestionadas de forma sostenible, un recurso renovable que suele cosecharse en ciclos de cinco a siete años. El proceso de producción también consume menos agua que el algodón.

En segundo lugar, debemos encontrar la forma de hacer que el sector sea más circular y animar a los consumidores a sustituir la cultura actual del usar y tirar por una que valore el reciclaje y el uso prolongado. Hay que incentivar a las cadenas de suministro para que produzcan mezclas de prendas más puras que faciliten el reciclaje, lo que significa que la construcción y el desmontaje de las prendas deben integrarse en el proceso de diseño, y no ser una ocurrencia posterior.

En tercer lugar, no debemos cometer el mismo error que otros sectores en los que los fabricantes reducen la calidad de los productos al reciclarlos. En el futuro, los consumidores no deben considerar inferiores las prendas fabricadas con fibra reciclada, ni venderse, por tanto, a un precio reducido. Para que la fibra textil reciclada crezca a escala, debemos impulsar la tendencia fomentando la reutilización creativa (upcycling). En este escenario, las fuerzas del mercado determinarían una prima para la fibra textil reciclada que acabe en las prendas que usamos.

Comprender las opciones para el cambio

Antes he preguntado: ¿somos realmente más felices cuando tenemos acceso a más opciones?

La moda aporta utilidad y expresión a nuestra vida cotidiana. Comprender las opciones que existen dentro del sector de las fibras naturales es, en efecto, importante, ya que cada una tiene sus propias fortalezas y debilidades. Pero lo que ya no podemos seguir debatiendo es que ha llegado el momento de avanzar hacia un sistema textil que pueda incorporar e integrar cambios que aporten mejores resultados sociales y ambientales, en beneficio tanto de mi generación como de las que vendrán.

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