La economía mundial es circular solo en un 9 %. Debemos ser más audaces a la hora de ahorrar recursos

A tyre recycling workshop in Sanaa, Yemen.
Upcycling used tyres at a workshop in Yemen.Image: REUTERS/Mohamed al-Sayaghi
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El inmenso progreso del desarrollo humano durante el último siglo ha brindado oportunidades increíbles a muchas personas, pero se ha sustentado en gran medida en una dependencia rápida y cada vez mayor de los recursos naturales; la extracción y el procesamiento de estos recursos son responsables de alrededor del 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Como se volvió a destacar durante la reciente Cumbre de Acción Climática de la ONU, este enfoque ya no es viable. António Guterres, secretario general de la ONU, advirtió: «Si no cambiamos urgentemente nuestra forma de vida, ponemos en peligro la vida misma».

La ciencia es clara, la urgencia es palpable y hay soluciones disponibles. La economía circular —que propone diseñar, fabricar, usar y reutilizar productos y servicios para que permanezcan en la economía el mayor tiempo posible y, al mismo tiempo, reducir al mínimo el daño ambiental— ofrece un potencial extraordinario y está ganando terreno.

Algunas personas promueven equivocadamente la idea de que aumentar las tasas de reciclaje o gestionar los residuos nos acercará al tipo de circularidad que resolverá nuestros desafíos climáticos y ambientales. Aunque esto es necesario, dista mucho de ser suficiente.

Solo una circularidad integral, que implique «desvincular» el consumo de recursos naturales de los beneficios económicos, permitirá a las empresas y los gobiernos aprovechar su oportunidad potencial de generar billones de dólares en beneficios económicos y ofrecer los resultados ambientales prometidos. Para lograrlo, se necesitarán acciones y compromisos mucho más audaces que transformen los modelos empresariales y los marcos de mercado. He aquí algunas razones por las que esto es fundamental:

Reducir al mínimo el uso de recursos

La extracción y el procesamiento de los recursos naturales por sí solos causan el 90 % de la pérdida mundial de biodiversidad y del estrés hídrico, así como más de la mitad de los impactos del cambio climático mundial. Alrededor del 20 % de las emisiones de gases de efecto invernadero se deben a la extracción y el procesamiento de metales y minerales no metálicos. Las soluciones tecnológicas energéticas solo pueden reducir parcialmente estas emisiones, así como las de otros materiales, como los plásticos.

Sin cambios en los modelos empresariales y de políticas, el uso de recursos aumentará a más del doble de los niveles actuales, hasta alcanzar los 190 000 millones de toneladas para 2060, y superará ampliamente nuestros límites planetarios. Será fundamental desvincular el progreso humano de la dependencia del uso de los recursos naturales.

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Crear nuevos modelos empresariales

El uso inteligente de los recursos y los modelos empresariales que no dependen de la extracción de recursos naturales constituyen un enorme campo de innovación aún sin explotar para un nuevo modelo de crecimiento. El Panel Internacional de Recursos calcula un aumento del 8 % del crecimiento mundial por encima de un «escenario de tendencias históricas de 2030 a 2060, gracias únicamente a medidas de eficiencia en la construcción y la manufactura». Adoptar plenamente la transición hacia la desvinculación, es decir, aplicarla como principio general de innovación en todos los sectores, podría generar beneficios mucho mayores. Aunque muchas industrias, como la construcción, siempre tendrán un uso intensivo de materiales, existen oportunidades para desarrollar modelos empresariales que vinculen los ingresos con la calidad de vida que ofrecen, en lugar de basarse exclusivamente en la venta de activos físicos.

Muchas empresas y gobiernos innovadores ya están avanzando hacia la innovación en el uso de recursos mediante el enfoque de la economía circular. Reducir el desperdicio en la producción, adoptar modelos empresariales basados en servicios, como el alquiler de productos, hacer circular módulos y materiales mediante la refabricación y el reciclaje, y minimizar las externalidades ambientales —por ejemplo, evitando las fugas de sustancias químicas perjudiciales para la salud— son medidas esenciales para desvincular la actividad económica del uso de recursos. Estos principios pueden generar innovación mediante el desarrollo de nuevos productos y servicios que podrían reactivar el progreso en segmentos de mercado estancados o de crecimiento lento.

Sin embargo, pese al progreso y al impulso creciente de la economía circular, estamos lejos de alcanzar nuestros objetivos: el mundo es circular solo en un 9 %. Existe un riesgo real de que el discurso positivo sobre el potencial de la economía circular se vea socavado por la falta de efectos concretos en cuanto a su capacidad para reducir de verdad el uso de recursos naturales y sus impactos, a menos que se adopten compromisos y medidas más audaces.

Los Países Bajos están a la vanguardia: han fijado objetivos firmes para reducir en un 50 % el consumo de recursos naturales de su economía para 2030, mientras que el objetivo del país para 2050 es alcanzar una economía plenamente circular. En el ámbito empresarial, IKEA está dando ejemplo con el audaz compromiso de convertirse en una empresa circular para 2030.

El Consejo Europeo también ha reconocido esta oportunidad y, en su resolución de octubre, pidió avanzar en «posibles objetivos de eficiencia en el uso de los recursos para […] la biodiversidad, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y la promoción de un cambio en los patrones de consumo y producción». También alienta a la Comisión Europea, «junto con las partes interesadas, a preparar estrategias de este tipo que abarquen objetivos, políticas, instrumentos, indicadores y seguimiento de resultados en estos sectores clave».

Hacia objetivos sobre los recursos naturales

Aunque estas señales positivas dejan entrever una ambición en la dirección correcta, se necesita mucho más. Nuestro documento técnico publicado recientemente ofrece reflexiones iniciales sobre la necesidad y la oportunidad de reforzar las métricas y los objetivos para acelerar la innovación y hacer un seguimiento más eficaz de los avances hacia una economía circular.

Sin restar importancia a la complejidad de esta tarea, el objetivo es suscitar un debate entre el mundo académico, los gobiernos y las empresas sobre la escala y el alcance de las medidas necesarias para lograr una economía plenamente circular que nos permita operar dentro de los límites planetarios.

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