¿Cómo podemos abordar el flujo de residuos que más rápido crece en el planeta?

CD players for recycling are seen at a workshop in Guangdong, China.
E-waste makes up 70% of toxic waste in landfills – but manufacturers are realizing it could be a valuable source of materials.Image: Reuters/Tyrone Siu
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El regalo imprescindible de las pasadas fiestas fue un primate en miniatura de 15 dólares llamado Fingerling. Estos diminutos juguetes arrullan, aplauden, agarran cosas e incluso lanzan besos. Detrás de su adorable aspecto hay, como era de esperar, un sofisticado robot, impulsado por su propio microordenador.

Desde juguetes hasta cepillos de dientes, tostadoras, bombillas e incluso ropa, hoy en día los objetos más corrientes llevan un ordenador en su interior. Se prevé que, para 2020, el número de dispositivos conectados alcance los 31.000 millones.

Sin embargo, toda esta innovación tiene su lado negativo: a medida que los aparatos electrónicos invaden todos los ámbitos, los residuos electrónicos se acumulan a un ritmo sin precedentes. Los residuos electrónicos, que ya son el flujo de residuos que más rápido crece en el mundo, representan ahora hasta el 70 % de los residuos tóxicos de los vertederos de Estados Unidos.

Las medidas adoptadas hasta ahora, por bienintencionadas que fueran, no han respondido a la magnitud del problema. En Estados Unidos, la tasa de reciclaje de aparatos electrónicos sigue siendo obstinadamente baja. Los intentos de aprobar leyes sobre residuos electrónicos en el Congreso han fracasado. Las iniciativas para reducir los residuos, como los teléfonos de comercio justo con componentes fáciles de actualizar, parecen prometedoras, pero no se han extendido a gran escala.

Para lograr un cambio significativo, una nueva generación de innovadores ha optado por un enfoque muy distinto: transformar un flujo de residuos en una fuente de beneficios.

Convertir los residuos electrónicos en oro

Con nuevas tecnologías a su disposición, los emprendedores buscan formas de extraer valor real de los aparatos electrónicos desechados. Sus esfuerzos van más allá de recuperar cables y piezas: buscan rehacer por completo la cadena de suministro.

En el centro de sus esfuerzos hay un hecho sorprendente: los residuos electrónicos suelen ser ricos en minerales preciosos, como oro, plata, platino y cobre. Las cantidades individuales pueden ser pequeñas, pero el total aumenta rápidamente. Se calcula, por ejemplo, que el oro presente en los residuos electrónicos del mundo equivale hasta al 11 % de la cantidad total de este metal extraída cada año. Hoy, las empresas de electrónica gastan una fortuna en comprar y procesar minerales preciosos, solo para verlos acabar enterrados en vertederos.

Un hombre pasa junto a la pared de una tienda de electrónica, hecha con teléfonos viejos.Image: Reuters/Kim Kyung-Hoon

Las tecnologías para extraer estos metales de los residuos existen desde hace mucho tiempo (en algunos casos, desde hace milenios), pero son extraordinariamente ineficientes y costosas. A medida que disminuye la cantidad de metales preciosos que se usa en los aparatos electrónicos, a las plantas de procesamiento a gran escala, como las fundiciones, les resulta cada vez más difícil recuperar todo su valor. Por ejemplo, nunca se recupera una parte considerable del oro presente en los residuos electrónicos que se envían a las fundiciones. Y eso sin contar las decenas de elementos de tierras raras que contienen los teléfonos inteligentes actuales: metales extremadamente difíciles de encontrar, como el disprosio y el neodimio, cuyas reservas se limitan a unos pocos yacimientos en declive repartidos por el mundo. Las trazas de estos minerales presentes en un teléfono común son difíciles de recuperar y, a menudo, no justifican el coste de su extracción.

O, al menos, antes no lo justificaban. Nuevas empresas están abordando el problema desde distintos frentes. Las refinerías urbanas de residuos electrónicos están encontrando formas innovadoras de recoger aparatos electrónicos usados. Unos científicos han desarrollado una tecnología de nanotubos de carbono para filtrar concentraciones extremadamente bajas de elementos de tierras raras. Mi equipo ha desarrollado un proceso para recuperar los minerales utilizados en la fabricación de un iPhone mediante la aplicación de potentes ondas sonoras bajo el agua.

A medida que estas tecnologías se generalizan, bajan los costes de extracción. Lo que para las empresas era un gasto y una molestia se convierte en una fuente de ingresos viable. El reciclaje y la extracción de metales pasan de ser una carga a representar una nueva oportunidad de negocio. ¿Suena utópico? Pensemos en el biodiésel. En poco tiempo, la grasa de cocina usada pasó de ser un residuo a convertirse en un producto valioso, hasta el punto de que ahora los restaurantes contratan seguridad adicional para evitar que asalten sus trampas de grasa.

El futuro de los residuos electrónicos

A medida que se acelera la innovación, quizá no falte mucho para que los residuos electrónicos también pasen de la basura al dinero. ¿Cómo se producirá este cambio? Algunas tendencias que ya están en marcha apuntan el camino:

• El reciclaje de aparatos electrónicos en la acera se vuelve la norma. Para los consumidores, reciclar aparatos electrónicos suele ser ahora un proceso engorroso. Como mínimo, puede exigir desplazarse hasta un centro de recogida. (Si la organización es de confianza, a menudo cobrará una tarifa a cambio de desmontar y reciclar los aparatos electrónicos viejos.)

Pero, a medida que disminuye el coste de extraer metales de los residuos electrónicos, la economía subyacente empieza a cambiar. En vez de pagar a los recolectores para que reciclen nuestros aparatos viejos, empezaremos a ver empresas compitiendo por llevárselos. Cabe esperar que los contenedores para aparatos «electrónicos» se sumen a los omnipresentes contenedores de periódicos y botellas en nuestras aceras. (De hecho, en algunos municipios progresistas, esto ya está ocurriendo.) Cuando la recogida en la acera alcance una masa crítica, resultará más barato y eficiente reunir los residuos electrónicos para procesarlos. En lugar de guardar nuestros teléfonos viejos en un cajón del escritorio o, peor aún, tirarlos a la basura, podremos echarlos al contenedor cada semana para que los recojan correctamente.

• Los incentivos irresistibles de los fabricantes acaban con los productos desechables. A cambio de aparatos usados, Apple, Samsung, Best Buy y otros fabricantes ya ofrecen dinero en efectivo y otros incentivos a sus clientes. (Por ejemplo, si entregas un Mac, iPad o PC que funcione, Apple te dará una tarjeta regalo.) Por su parte, en ecoATM, puedes cambiar tus teléfonos viejos por dinero en efectivo con solo depositarlos en un quiosco. La empresa ya cuenta con más de 2.000 máquinas en todo Estados Unidos.

Imaginemos qué ocurriría si mejorara aún más la rentabilidad de recuperar metales preciosos de las placas de circuitos. Los generosos incentivos de los fabricantes de aparatos electrónicos, deseosos de acceder a materiales de segunda generación, reducirían drásticamente el flujo de residuos electrónicos hacia los vertederos. El efecto se notaría de inmediato, a diferencia de los efectos indirectos de otra ronda de regulaciones o cambios de política.

• Los fabricantes adoptan materias primas «no vírgenes». A medida que resulte más fácil recuperar metales (e incluso materiales no metálicos), cabe esperar que más fabricantes adopten procesos de circuito cerrado. En otras palabras, «extraerán» materiales de sus propios productos al final de su vida útil, en vez de extraerlos de la tierra. Ya es mucho más eficiente extraer una tonelada de oro de placas de circuitos viejas que del suelo. (¡Una tonelada métrica de placas de circuitos contiene hasta 800 veces más oro que una tonelada métrica de mineral!) Igual de importante, reutilizar los minerales permite a las empresas evitar los costes humanitarios y medioambientales de la minería en zonas de conflicto.

Apple es un admirable pionero en este ámbito. En abril, el gigante tecnológico se comprometió a fabricar todos sus productos con recursos renovables o materiales reciclados en el futuro. Para alcanzar este objetivo, la empresa está invirtiendo en más tecnologías de reciclaje, como Liam, su robot de 29 brazos capaz de desmontar un iPhone en 11 segundos. También trabaja para cerrar su cadena de suministro: ahora todo el aluminio que utiliza procede de productos antiguos de Apple.

En respuesta a la creciente presión de los consumidores, Intel, Samsung y Google también han tomado medidas para que sus propias operaciones sean más limpias. (Por su parte, Apple admitió que su decisión de adoptar prácticas ecológicas estuvo motivada, en parte, por la promesa de una mejor imagen pública.) Nunca hay que subestimar el poder de los beneficios y la opinión pública cuando actúan en conjunto.

Que no quepa duda: el problema de los residuos electrónicos es grave y va en aumento. Pero tiene solución. Los consumidores están presionando a los fabricantes y los emprendedores están encontrando un nuevo valor en nuestros aparatos desechados. No cuesta imaginar un futuro en el que las empresas de reciclaje compitan entre sí para recomprar aparatos electrónicos al final de su vida útil y los fabricantes prefieran metales y plásticos de segunda generación a materiales vírgenes; un futuro en el que a nadie se le ocurriría tirar un teléfono a la basura.

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