Combatir el cambio climático exigirá trabajar en pos de objetivos comunes, como desarrollar soluciones para ampliar la captura de carbono o descarbonizar las infraestructuras.
Para alcanzar objetivos climáticos comunes, el sector privado deberá centrarse en ampliar tecnologías probadas y movilizar el capital necesario.
Para combatir el cambio climático de manera eficaz, las empresas deben redefinir el éxito y adoptar objetivos comunes que impulsen cambios positivos a largo plazo para el planeta.
Hoy, la mayoría de los países reconoce tanto la importancia como la urgencia de la lucha contra el calentamiento global, pero aún existen diferencias significativas sobre cuál es la mejor manera de alcanzar las emisiones netas cero de gases de efecto invernadero y cómo repartir el costo de hacerlo. En el mundo polarizado en el que, lamentablemente, vivimos, esto genera mucho espacio para el conflicto: entre culturas, regiones e incluso generaciones. Esto, a su vez, erosiona la confianza, lo que no solo ralentiza nuestros avances en la lucha contra el cambio climático, sino que también repercute en otros asuntos sociales y políticos.
El sector empresarial tiene un papel fundamental en el avance de los objetivos climáticos y, en última instancia, en ayudar a generar confianza. Las empresas son más ágiles que los gobiernos y pueden movilizar más recursos que las comunidades por sí solas. Sin embargo, deben redefinir el éxito y adoptar objetivos comunes para impulsar cambios positivos a largo plazo para el planeta. Este cambio de mentalidad y enfoque puede generar la confianza y el apoyo que necesitaremos para desarrollar estrategias y colaboraciones que nos permitan alcanzar los objetivos climáticos.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?
El desafío climático que tenemos por delante
Más de 130 países se han comprometido a alcanzar las emisiones netas cero para 2050 o incluso antes. Sin embargo, pocos han presentado hojas de ruta detalladas para lograrlo. Incluso con todos los nuevos compromisos asumidos en la cumbre COP26 celebrada en Glasgow en noviembre pasado, la temperatura mundial aumentará al menos 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales para 2050. Si no cumplimos esas promesas, las temperaturas subirán entre 2 y 3 °C, con consecuencias potencialmente desastrosas para nuestro planeta.

Se necesitan muchos cambios, y con rapidez, para crear sistemas y soluciones sostenibles. Algunas prioridades establecidas por la AIE y otros grupos incluyen:
Descarbonizar las infraestructuras existentes, por ejemplo, ayudar a las empresas de servicios públicos a dejar el carbón y el petróleo para pasar al gas natural, que es más limpio, y, con el tiempo, a combustibles sin carbono, como el amoníaco y el hidrógeno;
Ampliar las tecnologías de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) y crear una cadena de valor del CO2 que abarque su captura, transporte, almacenamiento y utilización en la industria;
Crear un ecosistema similar para el hidrógeno que también abarque su producción, transporte, almacenamiento y múltiples aplicaciones en la energía, la industria y el transporte de larga distancia.
Abordar objetivos como ampliar la captura de carbono o descarbonizar las infraestructuras requerirá que el sector privado se centre en ampliar tecnologías probadas y movilizar el capital necesario. También exigirá pasar de los objetivos individuales a los objetivos comunes.

Estrategias para acelerar la acción climática
Ninguna organización puede alcanzar por sí sola los objetivos comunes. Para ello, se necesitan colaboración y nuevas estrategias de trabajo con otros, a fin de aprovechar al máximo capacidades diversas que ninguna empresa podría ofrecer por sí sola. Entre estas estrategias se incluyen:
Colaborar con la competencia. Esta colaboración exige trabajar estrechamente con quienes el sector privado no habría considerado como socios en otros contextos, para aprovechar su experiencia especializada y todas las capacidades del sector. En nuestro caso, esto ha significado trabajar con empresas que antes habríamos considerado únicamente competidoras, así como con empresas emergentes, organizaciones del sector e instituciones académicas.
Compartir datos. Muchas soluciones y modelos de negocio nuevos dependerán de datos compartidos entre sectores. Estos datos pueden ofrecer una imagen fiel y normalizada del impacto ambiental, y ayudar a los líderes a medir los avances y acelerar la acción para alcanzar los objetivos climáticos.
Un nuevo enfoque de la competencia. La naturaleza de la competencia está cambiando. Para crear soluciones resilientes y sostenibles, nuevas alianzas deberán desarrollar modelos de negocio que aprovechen al máximo las capacidades de muchos socios. Aunque, como empresa, necesitamos mantener en secreto parte de nuestra propiedad intelectual para obtener un rendimiento comercial, cada vez compartimos más nuestra tecnología.
Un buen ejemplo es la reciente prueba pública de nuestro nuevo disolvente de CO₂ patentado, en una instalación de terceros en Noruega. Hemos logrado capturar entre el 95 % y el 98 % de todo el CO₂ de los gases de combustión con este nuevo disolvente, muy por encima de las normas actuales del sector. Al compartir tecnologías como esta, esperamos crear una red de socios, establecer el estándar del sector y abrir oportunidades comerciales mucho mayores.
Un nuevo enfoque para generar confianza compartida
Para que estas alianzas y estrategias den resultados, la transparencia y la confianza son fundamentales. Esa confianza nace de reconocer que las empresas están profundamente arraigadas en la sociedad y tienen responsabilidades que van más allá de sus propios balances. Creo que las empresas tienen esta responsabilidad y deben trabajar por el bienestar y el progreso de toda la sociedad, de forma consciente y explícita, en lugar de perseguir beneficios a ciegas.
Esta es una gran responsabilidad y el verdadero significado de lo que suele denominarse «ESG» o «sostenibilidad». Para generar esta confianza, será necesario coincidir en lo que prefiero llamar «capitalismo humanista». Este enfoque no se limita a celebrar el crecimiento de un país o una empresa. Valora impulsar una prosperidad compartida y sostenible entre generaciones. Una mentalidad así puede ayudarnos a imaginar formas nuevas y diferentes de éxito para el futuro, a escala mundial.
Las empresas no solo deben escuchar las opiniones de sus diversos grupos de interés; también deben comprender que pueden influir —y de hecho influyen— en el comportamiento de clientes, proveedores, empleados, inversores y la comunidad en general, para bien o para mal. Es una relación bidireccional.
No es una idea nueva, pero ha perdido popularidad en las últimas décadas en algunas economías desarrolladas. Esta nueva forma de pensar e invertir dará importantes frutos, y no solo para la naturaleza y el planeta. En particular, puede ayudarnos a atender las necesidades de los jóvenes, cuya preocupación natural por el estado del mundo ha llevado a muchos a sentirse desencantados o simplemente desconectados. Podemos crear sistemas que permitan a estas nuevas generaciones gozar de buena salud y tener un futuro sostenible.
El «capitalismo humanista» puede ayudarnos a imaginar formas nuevas y diferentes de éxito para el futuro, a escala mundial.
No debemos pensar solo en nosotros mismos y en el presente. Al fin y al cabo, los seres humanos somos mortales, pero la sociedad es inmortal. Esto nos obliga a pensar más allá del corto plazo, más allá de los datos que ofrecen instantáneas trimestrales o anuales. Tendremos que medir el éxito con nuevas métricas que protejan a las personas y al planeta a largo plazo.
Como líderes, debemos comunicarnos mejor. Tenemos que informar a todos los grupos de interés sobre lo que ya hemos hecho, nuestros planes para el futuro y cómo les afectarán. No debemos eludir las preguntas difíciles; debemos aceptar las críticas razonables y adaptarnos. Una mayor transparencia restaurará la confianza y permitirá avanzar más rápido hacia nuestros objetivos comunes. El resultado será un círculo virtuoso sencillo. Todos los participantes deben cumplir su papel como ciudadanos responsables para crear un mundo mejor.



