La circularidad no es solo una cuestión de responsabilidad ambiental; es una estrategia empresarial competitiva.
La acción individual de las empresas es importante, pero la verdadera transformación ocurre a nivel de mercado.
Los líderes más eficaces combinan iniciativas internas de circularidad con acciones colectivas de promoción externa.
No tenemos tiempo para cambios graduales. Además de sus devastadores efectos en el planeta, el sistema lineal de «extraer, producir, desperdiciar» no ofrece la estabilidad y la resiliencia a largo plazo que nuestra economía necesita para generar prosperidad.
El argumento empresarial a favor del cambio nunca había sido tan sólido: las dificultades económicas, las interrupciones de las cadenas de suministro, la desconfianza de los consumidores y los conflictos geopolíticos están transformando el panorama. En tiempos de disrupción, se cuestionan los sistemas arraigados, lo que abre la puerta a la innovación y a nuevos líderes del mercado.
Los líderes tienen dos opciones: actuar con urgencia para acelerar el cambio o adaptarse a mercados que cambiarán a su alrededor.

Los sectores expertos en gestionar riesgos dan la voz de alarma
Los líderes empresariales coinciden cada vez más en que encontrar maneras de prosperar comercialmente respetando los límites planetarios es un imperativo empresarial clave. Basta con preguntárselo a cualquiera del sector de los seguros, los máximos árbitros del riesgo.
Los líderes del sector de los seguros llevan advirtiendo de forma constante de que los efectos del cambio climático harán inviables las primas de los seguros, lo que podría socavar todo el sistema financiero y poner el capital en riesgo. En el sector alimentario, los fabricantes ven que, si no actúan para ayudar a la naturaleza a prosperar, sus cadenas de suministro se secarán literalmente.
Los líderes empresariales más visionarios miran más allá de sus propias operaciones para transformar las condiciones en las que compiten.
El liderazgo innovador puede dar forma al futuro de los mercados, pero requiere un cambio de mentalidad.
La economía circular no es una opción de sostenibilidad deseable pero prescindible; es una estrategia competitiva para generar valor a largo plazo, reducir el riesgo para el capital y desarrollar resiliencia, equilibrando los intereses comerciales con las necesidades del planeta.
Mediante el diseño, podemos eliminar los residuos y la contaminación, mantener los productos y materiales en circulación con el máximo valor y regenerar la naturaleza, creando una economía que beneficie a las personas, las empresas y el mundo natural.
Está firmemente en la agenda de los líderes. Hoy, el 75 % de las empresas reconoce que la circularidad es importante, frente al 40 % de hace apenas tres años. La inversión de capital en iniciativas circulares ha crecido más del 70 % durante el mismo período. El cambio es real y está ocurriendo ahora.
La escala, por encima de la acción individual, libera el potencial
Esto es lo que hemos aprendido: la transformación individual de una empresa es el punto de partida, pero la transformación del mercado es la que da resultados. Cuantas más empresas prioricen las iniciativas de reutilización, más fácil será para todo el mercado.
Los líderes empresariales más visionarios miran más allá de sus propias operaciones para transformar las condiciones en las que compiten. Mientras los mercados sigan externalizando los costos ambientales y asignando un valor insuficiente a las inversiones cruciales para la transición, incluso las empresas más comprometidas se toparán con barreras sistémicas.
Esto exige algo más que acordar una visión: requiere un nuevo tipo de liderazgo. Las empresas deben colaborar y cooperar de nuevas maneras para derribar las barreras que comparten.
La acción individual de las empresas en pos de una visión compartida es crucial para identificar barreras sistémicas y puede acelerar el desarrollo de soluciones. Sin embargo, es hora de dar el siguiente paso: aprovechar todo lo que hemos aprendido sobre los obstáculos al cambio y crear vías compartidas para superarlos.
La colaboración comercial cambia las reglas del juego
La colaboración comercial, acompañada de acciones colectivas de promoción, puede abrir camino a soluciones circulares a gran escala. Cuando las empresas se ponen de acuerdo sobre las barreras sistémicas, podemos presentar una voz unificada a los responsables de formular políticas, que necesitan pruebas claras de la voluntad positiva de las empresas para crear políticas de apoyo.
Sin embargo, las políticas por sí solas no avanzarán lo bastante rápido; las empresas pueden ir más allá. Al trabajar juntas, pueden invertir en soluciones, crear empresas conjuntas, compartir infraestructuras o desarrollar conjuntamente productos y servicios que generen nuevo valor circular.
La economía circular es un imperativo estratégico para las empresas.
Tomemos los minerales críticos. Las empresas tecnológicas y energéticas, así como los gobiernos, buscan salvaguardar el acceso a minerales críticos como el cobre, el níquel y el litio, ante el aumento previsto de cinco veces en la demanda para 2040.
Una economía circular para estos materiales podría mantenerlos en circulación con el máximo valor y cerrar la brecha entre la oferta y la demanda a la vez que protege a las empresas de las interrupciones del suministro y la volatilidad de los precios. Los beneficios ambientales son considerables, pero el argumento empresarial es lo que impulsa la acción.
La colaboración, catalizadora de la circularidad a gran escala
La colaboración comercial puede acelerar la innovación, crear nuevos mercados, desarrollar infraestructuras clave e impulsar la adopción por parte de los clientes de forma mucho más eficiente y eficaz que si las empresas se centran únicamente en transformarse. Y aun así pueden competir con firmeza en el mercado.
Con la gobernanza, las salvaguardias y la ambición adecuadas, la colaboración comercial puede acelerar el cambio sistémico sin rebasar los límites establecidos por las leyes de competencia.
Tenemos que rediseñar las «reglas» y la manera en que las empresas operan dentro de ellas. Para lograr una economía circular próspera, necesitamos políticas que apoyen la innovación e innovación que respalde las infraestructuras.
La industria del plástico está trabajando para lograrlo ahora mismo. Más de 280 empresas, incluidos líderes del mercado como PepsiCo y Unilever, se han unido a la Coalición Empresarial para un Tratado sobre los Plásticos con el fin de defender, con una voz común, cambios normativos globales que abarquen a todas las empresas que utilizan plástico.
Al mismo tiempo, estas empresas siguen trabajando para reducir su propio uso de plástico virgen. Las acciones de promoción respaldan la acción empresarial y esta refuerza aquellas, mientras ambas aceleran los resultados.
Hacia la transformación del mercado
Esta estrategia doble, que combina el trabajo para lograr cambios a nivel de mercado con inversiones paralelas dentro de las empresas, puede liberar a los mercados de las limitaciones del modelo lineal. Requiere capacidad de negociación y nuevas ideas, pero la colaboración y la cooperación de próxima generación generan un impulso imparable.
La economía circular es un imperativo estratégico para las empresas. El mundo necesita una acción audaz e integrada de líderes empresariales que aspiren a transformar el mercado. Líderes que entiendan que transformar su mercado transforma sus resultados.



