Es hora de ponerse a la altura: 5 maneras de hacer más sostenible la industria de la moda 

Workers manufacturing clothes for export, in Wuhu, Anhui province, China.
Demand for textiles is set to expand by 84% between 2010 and 2030Image: REUTERS
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La ropa refleja nuestra identidad cultural y personal. Ha ayudado a los historiadores a seguir el progreso de la sociedad, y a los antropólogos a comprender las normas culturales y sociales.

Para las mujeres de Occidente, la evolución de los guardarropas durante los últimos 100 años ha ido de la mano de un cambio en la igualdad social; las feministas de finales de la década de 1960 quemaron sus sujetadores como símbolo de la represión que sufrían en la sociedad. Las culturas de todo el mundo expresan su tradición e identidad a través de la vestimenta, desde los hermosos kiras tejidos a mano de Bután hasta el dashiki de África occidental.

Pero si consideramos la ropa una expresión fundamental de nuestra identidad, debemos reflexionar seriamente sobre el hecho de que hoy su producción puede perjudicar gravemente a las personas y culturas que pretende representar.

Las tendencias son asombrosas. Se prevé que la demanda mundial de fibras textiles naturales y sintéticas aumente un 84% entre 2010 y 2030; según la Fundación Ellen MacArthur, la producción textil es responsable de 1.2 mil millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero al año, más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo juntos.

Las sustancias peligrosas utilizadas en la producción textil tienen graves consecuencias para la salud de los trabajadores del sector, y los vertidos tóxicos causan importantes daños ambientales. Desde el punto de vista económico, se pierden más de 500.000 millones de dólares de valor cada año debido al uso insuficiente de la ropa y a la falta de reciclaje.

Image: Fundación Ellen MacArthur

La semana pasada, el sector se reunió en la Cumbre de la Moda de Copenhague – con líderes, innovadores y diseñadores en busca de un futuro más sostenible. De todos los sectores, el de la moda se caracteriza por la creatividad y el ingenio, que, si se ponen al servicio del bien, pueden generar avances sustanciales. Estas son algunas ideas innovadoras que podrían ayudarnos a avanzar en la dirección correcta:

1. Centrarse en la moda

Cada vez más innovadores han cambiado su perspectiva sobre lo que realmente buscan los consumidores: acceso a la moda, no necesariamente ser propietarios de la ropa. Una nueva ola de empresas ofrece la ropa como servicio: desde YCloset, Mud Jeans, Rent the Runway, HurrCollective y, para niños, Vigga. Estos modelos de negocio pueden impulsar la calidad de los productos para garantizar su durabilidad, facilitar las compras y ofrecer un canal para la devolución, la reutilización o el reciclaje. Estos modelos no serán pertinentes para todos los segmentos del mercado ni satisfarán todas las preferencias de los consumidores, pero sin duda pueden formar parte de la solución.

2. La función por encima de la forma

Desde el cuero cultivado en laboratorio hasta los materiales sostenibles a base de celulosa, innovaciones impresionantes están poniendo en entredicho las ideas tradicionales sobre cómo se producen los materiales de alto rendimiento. Por ejemplo, Lenzing ha desarrollado Tencel, un tejido sostenible a base de celulosa que promete calidad, rendimiento y sostenibilidad. La empresa social Modern Meadow está llevando la moda al laboratorio y creando materiales «biofabricados»; el primer cuero bioingenierizado se lanzó el año pasado. Esto es solo la punta del iceberg de las innovaciones que se pueden explorar para replantear la producción de materiales.

3. Crear una economía de recuperación

Hoy, menos del 1% del material utilizado para producir ropa se recicla para fabricar prendas nuevas, y solo el 13% del total de los materiales se recicla de algún modo tras el uso de la ropa. Aunque muchos consumidores creen que hacen el bien al donar prendas, el enorme volumen de donaciones hace que muchas acaben en vertederos. Los incentivos económicos para fomentar el reciclaje de ropa son escasos y falta innovación tecnológica. Están surgiendo algunas plataformas digitales para la devolución de prendas que incentivan a los consumidores, como Yellow Octopus, pero hará falta un firme impulso gubernamental para reequilibrar el actual sistema de mercado disfuncional de recuperación y reciclaje. En países como Francia y el Reino Unido han empezado a tomar forma opciones normativas como la responsabilidad ampliada del productor y la regulación directa para, por ejemplo, prohibir la quema de artículos de moda sin vender.

4. Segura y circular

Como ha dicho muchas veces el arquitecto y diseñador William McDonough , la economía circular solo aporta algo positivo si hacemos circular los bienes, no los «males». Es fundamental garantizar que los materiales se produzcan de manera que se evite el uso y, por tanto, la recirculación de sustancias químicas tóxicas y subproductos. ZDHC, una organización de múltiples partes interesadas que trabaja para lograr el vertido cero de sustancias químicas peligrosas en la industria textil, está a la vanguardia y se centra en impulsar la eliminación de sustancias químicas peligrosas de las cadenas de suministro, con efectos de gran alcance en todo el mundo.

5. Acción colectiva

Los jóvenes desempeñan un papel fundamental al reclamar un sector de la moda más sostenible: más de 30 centros Global Shapers del Foro Económico Mundial lideran la iniciativa Shaping Fashion mediante la acción colectiva desde la base. Aunque no debe recaer en los consumidores la responsabilidad de resolver el impacto, su participación tanto en la demanda de un futuro más sostenible como en una economía circular de la moda es esencial para transformar el sistema.

Aunque unas pocas empresas ejemplares están tomando medidas decididas, no pueden transformar por sí solas todo un sistema de la moda, con cadenas de suministro muy dispersas y una competencia extremadamente intensa. Será esencial contar con el liderazgo mundial de los sectores público y privado, respaldado por acciones a gran escala. Ya están apareciendo señales positivas: el organismo convocante Global Fashion Agenda promueve un compromiso de circularidad para 2020 que cuenta con el respaldo de más del 10% del sector; Francia está aprovechando su liderazgo en el G7 para impulsar una iniciativa normativa y ha pedido a François-Henri Pinault, director ejecutivo de Kering, que movilice al sector empresarial. La Comisión Europea también ha señalado los textiles como la próxima prioridad normativa, y cada vez más países estudian medidas nacionales en materia de políticas y regulación.

Si estos esfuerzos pueden apoyarse en el extraordinario trabajo que ya han impulsado organizaciones como la Coalición para la Ropa Sostenible y otras, cobrar impulso rápidamente e incluir el liderazgo de los directores ejecutivos de toda la cadena de producción, podría vislumbrarse una industria de la moda más segura y circular.

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