A principios de este año, 40 estudiantes, profesores y personal administrativo de la Universidad de Chicago se reunieron en la escuela de negocios para un taller de liderazgo poco habitual. En lugar de una conferencia o de ejercicios en grupos pequeños, el profesor de gestión Harry Davis logró que todos se pusieran en pie y formó un coro.
“Una de mis motivaciones es animar a la gente a probar cosas nuevas”, afirma Davis, que dirige un centro de liderazgo de la Escuela de Negocios Booth de la universidad.
Antiguo miembro del club de canto (glee club) de Dartmouth, Davis incorpora a menudo las humanidades en sus planes de estudio para que los estudiantes orientados a los negocios amplíen sus perspectivas. “Al observar las artes escénicas, hay un enorme valor que puede extraerse en términos de experimentación y de apertura a otros mundos que pueden contener material útil que podría aplicarse a nuestro propio mundo”, afirma.

La mayoría de los participantes tenían muy poca experiencia cantando, salvo alguna que otra noche de karaoke. Pero el objetivo, según Davis, no era formar cantantes profesionales. Más bien, quería que el grupo utilizara el canto como experiencia de aprendizaje. ”Para bien o para mal, el mundo se ha vuelto más especializado”, reflexiona Davis. “Necesitamos especialización, pero también amplitud de miras.”
Existen argumentos similares a favor de utilizar el dibujo como herramienta de aprendizaje. Como explica el historiador del diseño D.B. Dowd, de la Universidad de Washington en St. Louis, en su libro Stick Figures: Drawing as a Human Practice, coger un lápiz y ponerlo sobre el papel no tiene tanto que ver con el rendimiento como con el proceso.
¿Qué tipo de charla motivadora ofreció Davis a quienes se horrorizaban ante la idea de cantar en público? “Lo que ocurre en la vida es que, cuando nos dicen que no sabemos cantar, esa idea se nos queda grabada, pero, en realidad, muchos de nosotros sí podemos cantar”, afirma. “A veces somos realmente prisioneros de muchas historias que llevamos con nosotros.”
Lecciones de liderazgo de los ensayos del coro
Resulta que cantar en un coro ofrece infinidad de lecciones (y metáforas) para los directivos. Trata de vulnerabilidad, agilidad, confianza, coaching, trabajo en equipo, fracaso y generosidad. Pero quizá el aspecto más vital sea el relativo a la escucha.
“Enseñamos música para ser mejores personas y para aprender a escucharnos unos a otros”, explica Mollie Stone, directora de coro y profesora del departamento de música de la Universidad de Chicago, que ayudó a Davis a dar forma al taller.
En un coro no se trata de imponerse a otra voz, sino de ajustar el propio tono para crear armonía, afirma Patty Cuyler, codirectora de Village Harmony, una organización que reúne coros comunitarios en Chicago y que también ayudó a facilitar la clase de la U of C. “Es la suma de las partes, y los individuos no cuentan tanto como lo que se hace para que todos suenen bien”, explicó. “Si eso no es un gran modelo para trabajar en una empresa, no sé cuál puede serlo.”
Stone eligió deliberadamente un repertorio ecléctico, empezando por una melodiosa oda zulú. Aprender una canción en otro idioma enseña a prestar más atención a los matices culturales: cómo se pronuncian las palabras o cómo se enrolla la lengua para producir un sonido concreto, explica Stone. “Lo mágico de aprender a aprender la música de otra cultura es que aparta la atención de uno mismo”, afirma. “Estás ocupado escuchando detalles tan intrincados.”
Tras tres horas de ensayo, el grupo actuó conjuntamente ante un público y recibió sus aplausos.
Cantar en la oficina
La idea de cantar en un entorno empresarial no es exclusiva de la Escuela Booth. De hecho, muchas empresas danesas, como la startup de medios Zetland, empiezan el día cantando una canción folclórica tradicional. Los daneses creen que el canto colectivo fomenta un sentido de camaradería e identidad común entre los empleados. El sitio web de turismo de Dinamarca incluso ensalza las ventajas de los cantos corporativos en grupo:
Cantar no es una reliquia de las escuelas primarias, los centros comunitarios o las iglesias. Cantar es en realidad relevante y beneficioso, porque es saludable: cuando la gente canta, respira más profundo y más despacio. La respiración profunda, lenta y tranquila aporta más oxígeno al cerebro y afecta positivamente a la actividad cardíaca. Además, los participantes empezarán a respirar a un ritmo similar y sus corazones comenzarán a latir al unísono. Cantar conecta socialmente a las personas y crea un vínculo invisible, que lleva a los participantes a pasar de una “perspectiva del yo” a una “perspectiva del nosotros”.
Recientemente viví esta excelente tradición danesa en TechFest en Copenhague. Al comienzo de un taller exigente, el facilitador invitó a todos a sacar sus teléfonos y buscar la letra de la canción folk de Bob Dylan Blowing in the Wind. Parecía una forma extraña de iniciar un encuentro internacional, pero mi cinismo neoyorquino, tan bien cultivado, no pudo competir con el hermoso coro de voces humanas.
UC Booth no tiene previsto celebrar otro taller de coro en breve, pero se dedica a explorar las conexiones entre las artes escénicas y el liderazgo. En 2015, la escuela invitó a bailarines profesionales de ballet para enseñar a los estudiantes a afrontar el fracaso, y el próximo año se incorporará al programa un especialista en teatro.
Davis defiende la idea de formar coros de oficina en más entornos empresariales.
“Dedicamos mucho tiempo a enseñar a la gente a ser mejores líderes, pero no hacemos nada para que sean mejores seguidores”, afirma Davis en un breve vídeo sobre el taller. “Convertirse en seguidor es absolutamente necesario… Gran parte de lo que se escribe sobre liderazgo trata del solista, pero en esta experiencia todos éramos iguales.”
