¿Cómo podemos mitigar los riesgos de inundación en los sistemas de metro?

a subway service notice explains to travellers that the service is suspended due to flooding
Subway stations in New York were recently inundated with water following heavy rain.Image: REUTERS/Jonathan Oatis
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  • Las estaciones de metro de Nueva York se inundaron recientemente con agua tras intensas lluvias.

  • Otras grandes ciudades han sufrido escenarios similares este año, entre ellas Londres y Zhengzhou, en China.

  • Klaus Hans Jacob, geofísico y experto en inundaciones, explica el riesgo de inundación de los sistemas de transporte subterráneo costeros y qué pueden hacer los urbanistas.

Las estaciones de metro de Nueva York han quedado inundadas por el agua tras las fuertes lluvias del 1 de septiembre de 2021. Pero la Gran Manzana no es la única: en el último año hemos visto imágenes similares en otras grandes ciudades, como Londres y Zhengzhou, en China.

Hablamos con Klaus Hans Jacob, geofísico y experto en inundaciones, que analizó el sistema de metro de Nueva York antes y después del huracán Sandy de 2012, sobre el riesgo continuo y creciente de inundación de los sistemas de transporte subterráneo costeros y sobre lo que pueden hacer los urbanistas para prepararse y protegerse.

¿Aumentan los casos de grandes inundaciones en el metro? Y si es así, ¿por qué?

En Nueva York, en el último mes aproximadamente hemos tenido tres inundaciones en el metro: primero debido a un fuerte aguacero, después por la tormenta tropical Henri y ahora el huracán Ida. Mientras tanto, hemos visto inundaciones similares en ciudades de todo Estados Unidos y en el mundo.

Creo que el mensaje debería estar bastante claro a estas alturas: el cambio climático no es una cuestión del futuro; sus efectos ya están ocurriendo. Los océanos más cálidos implican más humedad en la atmósfera, y cuando esa humedad se encuentra con el aire frío, cae sobre las ciudades a cántaros, como dice el refrán.

No es necesariamente un problema solo de las ciudades costeras. Ida, por ejemplo, causó estragos en todo el interior del este de Estados Unidos. Pero, por supuesto, muchas grandes áreas metropolitanas – desde Londres hasta Ámsterdam, Marsella o Nueva York – se construyeron junto a grandes ríos o en la costa. Esto las hace vulnerables al exceso de agua por la subida de las mareas o las lluvias intensas. En el caso más reciente de Nueva York, el agua llegó desde arriba, pero las inundaciones provocadas por Sandy fueron consecuencia de una marejada costera.

¿Cómo influye la antigüedad de algunos de estos sistemas de metro en el riesgo de inundación?

Cuando el metro se construyó por primera vez en Nueva York a partir de 1904, nadie pensaba en la subida del nivel del mar ni en las lluvias torrenciales. Por eso, el diseño básico del sistema subterráneo no tuvo en cuenta esos fenómenos.

Hoy lo sabemos mejor. Desde hace 20 años está claro que las tormentas más severas son un resultado inevitable del cambio climático de origen humano.

Pero, pese a haber tenido un par de décadas para actuar al respecto, seguimos en una actitud reactiva en lugar de proactiva. En esencia, los responsables municipales limpian el desastre después de la tormenta, en lugar de adoptar medidas como reubicar o proteger las infraestructuras.

Entonces, ¿qué pueden hacer las ciudades para proteger mejor los sistemas de metro envejecidos?

En el caso de los sistemas de metro más antiguos, no podemos esperar razonablemente que se reubiquen en las próximas décadas. En cambio, debemos repararlos.

Por extraño que parezca, el agua en sí no es el problema. Más bien, lo es el desajuste entre la cantidad de lluvia que estamos registrando y la ubicación de las aberturas de nuestros sistemas de metro: no solo los accesos por donde entra y sale la gente, sino también las rejillas de ventilación por donde entra y sale el aire y los puntos por donde entran los cables eléctricos en el sistema. Todas estas aberturas permiten que el agua de las calles se filtre hacia el metro.

Son problemas de ingeniería conocidos que pueden solucionarse. En Nueva York, la Autoridad Metropolitana de Transporte solucionó gran parte del problema causado por las marejadas costeras mediante la instalación de elementos como compuertas y barreras, algunas instaladas de forma permanente y otras que deben colocarse antes de que llegue el agua. Estas evitan que el agua entre en el sistema de metro. Si funcionan como fueron diseñadas, pueden suponer una reducción del 98 % del riesgo de inundación costera, según mis cálculos.

Pero estas medidas funcionan para las inundaciones costeras. El problema que vimos el 1 de septiembre de 2021 fue consecuencia del agua de escorrentía de las calles que entra en el sistema. Con las marejadas costeras, el agua entra en el sistema de metro solo a un nivel bajo, quizá en accesos situados a unos pocos pies sobre el nivel del mar. Con la lluvia, incluso en zonas elevadas de una ciudad, los metros pueden inundarse.

¿Cómo se aborda este problema del agua de escorrentía de las calles?

Hay que abordarlo de dos maneras: evitar primero las inundaciones en las calles y proteger los accesos al metro.

Para evitar las inundaciones en las calles se puede aumentar la capacidad de los sumideros y del sistema de alcantarillado para recoger el agua de escorrentía. Esto puede lograrse ampliando o añadiendo nuevos sumideros, pero también instalando tuberías de alcantarillado de mayor diámetro bajo las calzadas.

Y después se puede hacer que el suelo sea más absorbente plantando más árboles en las calles y colocando superficies permeables. Por ejemplo, en lugar de aparcamientos de hormigón, se puede poner grava, que es una superficie permeable que permite al suelo absorber el agua.

Los propietarios particulares pueden, si tienen un tejado plano o casi plano, instalar jardines en los tejados en lugar de canalones. Las cubiertas verdes pueden absorber el agua que cae del cielo, y los sumideros de captación (dispositivos que recogen el agua de tormenta) pueden liberar después esa agua lentamente durante días, en cada vivienda; así pueden ayudar a que los sistemas de alcantarillado no se saturen. Estas medidas funcionan mejor en zonas con muchas viviendas unifamiliares.

La basura en las calles puede agravar el problema al obstruir los desagües, pero no es el problema sistémico. Solo empeora una situación ya mala.

En cuanto a la protección de los accesos existentes al metro, se pueden construir motas (pequeños diques o terraplenes elevados) de varios pies en cada acceso. Eso dificulta el acceso a las personas con discapacidad, por lo que también hay que adaptar los ascensores para que puedan bajar.

Solo se necesita una buena ingeniería, no hay ningún misterio. Bueno, es ingeniería, y también voluntad política y dinero.

¿Vemos esta ingeniería en los sistemas de metro más recientes?

Estos no son problemas nuevos: que el agua fluya cuesta abajo se sabe desde el inicio de la humanidad. Pero los sistemas subterráneos más recientes lo gestionan mejor. Tokio hace frente a las inundaciones, Taipéi también. Han tenido problemas en el pasado, pero se adaptan más rápido. Por ejemplo, los responsables del transporte de Tokio instalaron puertas correderas en los pasos subterráneos que son capaces de resistir la presión de inundaciones provocadas por tormentas con una profundidad de 15 metros.

Los sistemas de metro más recientes también suelen tener accesos situados en puntos elevados en comparación con su entorno. La clave es no dejar que el agua se acumule cerca de los accesos desde el principio, así que no sitúe los accesos del metro cerca de los puntos bajos de una calle.

Ha mencionado la voluntad política y el dinero…

No es barato. Para proteger eficazmente de las inundaciones el sistema de metro de una ciudad se necesitan decenas de miles de millones de dólares. Pero es más barato solucionar el problema antes de que se produzcan fenómenos extremos que hacerlo después de que se hayan causado los daños.

Por desgracia, el proyecto de ley de infraestructuras de un billón de dólares que se tramita en el Congreso tiene una cantidad totalmente insuficiente para el metro – mucho más, unos US$110.000 millones se destinan a puentes y carreteras que a los modos de transporte público, a los que se prevé destinar unos 39.000 millones de dólares.

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