El camino hacia un futuro más verde comienza en nuestras ciudades

Cities are the biggest contributors to climate change – and our best opportunity for tackling it
Cities are the biggest contributors to climate change – and our best opportunity for tackling itImage: Carlos Alfonso / Unsplash
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  • Las ciudades generan más del 60 % de las emisiones mundiales de CO2.

  • Hacer que el entorno construido sea más sostenible es fundamental si queremos hacer frente al cambio climático.

  • Las tecnologías digitales vinculadas a sistemas eléctricos más eficientes y respetuosos con el carbono pueden impulsar el cambio que necesitamos.

Los datos no mienten, y lo que nos dicen es que las ciudades consumen el 78 % de la energía primaria mundial y generan más del 60 % de todas las emisiones de carbono, siendo los mayores contribuyentes los edificios, la producción de energía y el transporte. Se ha sugerido que los cambios en el comportamiento individual y corporativo provocados por la pandemia de COVID-19, como el aumento del teletrabajo y la reducción de los viajes internacionales, podrían impulsar los esfuerzos para combatir el cambio climático. Sería una noticia bienvenida, pero estudios recientes indican que el impacto neto de la COVID-19 en el calentamiento global será insignificante a menos que se adopten medidas mucho más contundentes, de mayor alcance y sostenidas en el tiempo. Esto implica no solo revisar a fondo nuestras rutinas diarias y prácticas empresariales, sino también repensar y transformar los espacios físicos en los que vivimos y trabajamos, poniendo en el centro la experiencia de las personas, la salud pública y los objetivos de sostenibilidad.

Según la Alianza Mundial para Edificios y Construcción, el 28 % de las emisiones mundiales de CO2 procede del funcionamiento de los edificios. Si se añaden los materiales de construcción y la edificación, esta cifra asciende al 38 %, lo que convierte a los edificios en la mayor fuente individual de emisiones de CO2. Estas cifras son muy preocupantes y, sin embargo, solo cuentan una parte de la historia.

Para 2050, se espera que la población mundial alcance casi los 10 000 millones de personas, y la gran mayoría de este crecimiento se producirá en nuestras ciudades. Para satisfacer esta demanda, se prevé que el parque edificado mundial se duplique en las próximas décadas. Gran parte de este crecimiento se producirá en países donde los códigos obligatorios de eficiencia energética de los edificios son limitados o inexistentes. Aun así, sabemos que los edificios deben modernizarse. Debemos romper el círculo vicioso en el que las emisiones urbanas aumentan la imprevisibilidad del clima y, a medida que persisten las olas de frío y calor, se consume más energía para calefacción y aire acondicionado.

Unir fuerzas

La tarea que tenemos por delante es enorme. El Consejo Mundial de Edificios Verdes calcula que, para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, todos los edificios del planeta deben ser de «cero emisiones netas de carbono» para 2050; sin embargo, actualmente menos del 1 % del parque edificado mundial cumple esta norma. La transformación de la forma en que diseñamos, construimos y operamos los edificios no puede dejarse en manos de una sola industria. Por el contrario, debemos actuar ya para unir fuerzas entre industrias y entre los sectores público y privado. Hoy en día, podemos reacondicionar de forma sostenible los edificios existentes con la ayuda de soluciones digitales interoperables basadas en normas. No necesariamente necesitamos construir estructuras completamente nuevas. Los edificios existentes pueden transformarse en edificios resilientes y autosuficientes del futuro, capaces de generar y gestionar sus propias necesidades energéticas, apoyar la transición hacia flotas de vehículos eléctricos y ofrecer mejores experiencias a las personas que los utilizan.

Esto no es ciencia ficción. La convergencia de la electrificación y la digitalización en los edificios, aunque solo sea una pieza de este complejo rompecabezas, representa un punto de partida importante y tiene el potencial de generar mejoras rápidas y significativas. La separación de las envolventes exterior e interior del edificio permite que la envolvente interior se habilite digitalmente mediante datos y análisis, lo que convierte inmediatamente todo el edificio en un edificio inteligente, con mejoras de software y de diseño de distribución disponibles bajo demanda.

Si las herramientas digitales representan el sistema nervioso de un edificio, la electricidad es su torrente sanguíneo, con sinergias que se generan en todos los ámbitos. Los sistemas de calefacción que utilizan bombas de calor eléctricas, por ejemplo, son en promedio entre tres y cuatro veces más eficientes que las calderas tradicionales de combustibles fósiles. Si se añaden sistemas inteligentes de gestión de la energía y de los edificios, estos beneficios se multiplican, reduciendo las facturas de electricidad entre un 20 y un 30 %. Además, las microrredes permiten integrar las energías renovables a cualquier escala y más cerca de su punto de uso, lo que ofrece otra capa de beneficios al reducir las pérdidas en la transmisión, ayudando a los propietarios e inquilinos de edificios de todo el mundo a lograr una mayor resiliencia y acceso a la energía, y a trazar un camino hacia la sostenibilidad.

Crear conexiones

Hasta la fecha, los esfuerzos por reducir las emisiones de los edificios se han centrado en gran medida en edificios individuales, principalmente por la falta de una estrategia integrada a nivel de todo el sistema. Sin embargo, para impulsar un progreso más rápido y una mayor eficiencia, los edificios deberían interactuar entre sí, con la red eléctrica y con otros sectores. Esto podría transformar barrios e incluso ciudades enteras, paso a paso.

En la ciudad de Grenoble, a los pies de los Alpes franceses, un nuevo complejo empresarial llamado IntenCity muestra cómo los sectores público y privado pueden unir fuerzas para construir comunidades más limpias, saludables y dinámicas. El parque de oficinas inteligente de 26 000 metros cuadrados alberga a 5000 empleados de Schneider Electric, y aspira a consumir solo 37 kWh/m² al año, es decir, casi diez veces menos energía que el edificio europeo medio. Los paneles solares en las cubiertas, dos aerogeneradores in situ y soluciones tecnológicas inteligentes permiten que el complejo sea 100 % autónomo energéticamente, al tiempo que comparte y coordina la energía con la comunidad circundante a través de una alianza única de microrredes.

El mes pasado, en la Agenda de Davos del Foro Económico Mundial, nueve ciudades y más de 70 organizaciones de 10 sectores diferentes presentaron un nuevo marco para acelerar el avance hacia edificios y ciudades de cero emisiones netas de carbono mediante un enfoque energético más integrado. Paralelamente, los máximos ejecutivos de las principales empresas inmobiliarias del mundo están definiendo una nueva estrategia para lograr edificios y ciudades más habitables, asequibles, resilientes y sostenibles.

Estas nuevas iniciativas son muy prometedoras, pero por sí solas no pueden lograr el cambio necesario. En todas las industrias, sectores y regiones, es momento de asumir la responsabilidad de los espacios en los que vivimos y trabajamos. Esto implica exigir que los nuevos edificios y construcciones se diseñen para cumplir las normas de cero emisiones netas de carbono, realizar las inversiones a largo plazo necesarias para modernizar nuestros edificios e infraestructuras existentes, y adoptar un enfoque más holístico sobre cómo planificamos y gestionamos nuestras comunidades. Solo entonces nuestras ciudades, y nuestro planeta, podrán recuperar el control y, en última instancia, ganar la batalla contra el cambio climático.

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