Los muchos aspectos positivos de las ciudades pueden ocultar a veces las enormes desigualdades sanitarias que existen en su seno.
Ciudades de todo el mundo están experimentando con nuevos enfoques para afrontar estos retos.
Las soluciones que van surgiendo incluyen: reconfigurar el entorno construido, descentralizar el poder, forjar alianzas intersectoriales, recurrir a la información procedente de las comunidades urbanas, nuevas tecnologías y abordar los problemas sistémicos de segregación racial y económica.
Nuestra salud puede verse moldeada por el lugar donde crecemos, vivimos y trabajamos. Para la mayoría de nosotros, ese lugar son ahora las ciudades y otras zonas urbanas.
Como centros neurálgicos de la vida moderna, las ciudades son motores de progreso e innovación. Sin embargo, no todos sus habitantes disfrutan de estos beneficios ni pueden acceder a ellos por igual. Los muchos aspectos positivos de las ciudades y su impulso de avance pueden ocultar a veces las enormes desigualdades sanitarias que existen en su seno.
Estas desigualdades guardan una estrecha relación con los ingresos, la raza y el género. Y aunque la pandemia puede haberlas agravado, no son ni mucho menos nuevas. Lo que ha hecho la pandemia es adelantar el reloj de patrones que ya estaban ahí desde el principio.
Como centros neurálgicos de la vida moderna, las ciudades son motores de progreso e innovación. Sin embargo, no todos los habitantes de las ciudades disfrutan de estos beneficios ni pueden acceder a ellos por igual.
Kieron Boyle, director ejecutivo, Impact on Urban Health
Ciudades que abordan la desigualdad sanitaria
Afortunadamente, las ciudades de todo el mundo están experimentando con nuevos enfoques para afrontar estos retos. Los hemos estudiado en Impact on Urban Health, donde identificamos soluciones reales aplicadas por ciudades que ofrecen un acceso justo e igualitario a las oportunidades, al tiempo que protegen de los efectos nocivos para la salud a sus comunidades más desfavorecidas.
Londres
Londres está desarrollando un modelo de investigación comunitaria para abordar las desigualdades inherentes a la investigación sanitaria tradicional. Al aprovechar el conocimiento, la sensibilización y las relaciones de la comunidad, la investigación aporta una visión matizada que sería inaccesible por otros métodos.
Melbourne
El enfoque de Melbourne para mejorar el entorno construido ha introducido cambios en la infraestructura, desde la vivienda hasta el transporte y el paisajismo público, para integrar los resultados en salud en el desarrollo de las ciudades. La ciudad está experimentando con ideas como la «ciudad de 20 minutos» para fomentar los desplazamientos activos y unos servicios sanitarios más accesibles.
Ciudad de México
Y en la Ciudad de México, un enfoque multidisciplinar ha reunido a expertos para idear soluciones creativas a los retos sanitarios de la ciudad. Laboratorio para la Ciudad ha combinado a geógrafos urbanos, politólogos, expertos en IA y sociólogos con escritores, historiadores, filósofos, artistas, cineastas y arquitectos para abordar cuestiones como la seguridad vial y la salud de las comunidades indígenas.
Nueva York
En Nueva York, organizaciones como Queens Community House y Harlem Children’s Zone se centran en las causas profundas de las desigualdades sanitarias. Por ejemplo, tras constatar que la falta de acceso a productos frescos contribuía a que la comunidad dependiera en exceso de la comida rápida, Queens Community House trabajó junto con los residentes para poner en marcha un mercado de agricultores asequible.
París
La infraestructura urbana suele carecer de la aportación de las personas sobre lo que necesitan para estar sanas. Para abordarlo, París permite a los residentes tomar decisiones sobre el destino del dinero público que se invierte para mejorar la salud urbana. Entre 2014 y 2020, la ciudad destinó 500 millones de euros de fondos públicos (alrededor del 5 % de su fondo de capital) a proyectos elegidos por sus residentes.
Shanghái
En Shanghái, la ciudad ha explorado cómo los paradigmas culturales y las normas tácitas afectan a la forma en que las personas interactúan con los espacios y los servicios. Al comprender los estigmas asociados a enfermedades como la diabetes, la ciudad ha adaptado los servicios comunitarios para animar a las personas a acudir y hablar de su salud antes y con más franqueza.
Toronto
En Toronto, por ejemplo, la ciudad está explorando cómo puede utilizarse las redes sociales para identificar y construir una imagen precisa de la salud mental. MAP Centre for Urban Health Solutions está analizando datos anonimizados de publicaciones para identificar zonas de estrés en los barrios locales. Estos datos se utilizarán después para indicar a la ciudad dónde dar prioridad al apoyo a las comunidades.
Cómo desbloquear el potencial de las ciudades para ser más saludables
Estos ejemplos, junto con otros resultados de la investigación, ponen de relieve casos de ciudades que reconfiguran el entorno construido, descentralizan el poder, forjan alianzas intersectoriales, dan voz a las comunidades urbanas, utilizan nuevas tecnologías y abordan los problemas sistémicos de segregación racial y económica. Gracias a ellos, podemos empezar a dibujar un panorama claro sobre cómo desbloquear el potencial de las ciudades para ser más saludables.
En primer lugar, las ciudades deben trabajar en amplias alianzas que aporten diversas perspectivas. Los problemas de salud complejos rara vez tienen una única causa. Configurar nuestras ciudades para mejorar la salud urbana exige un esfuerzo colectivo que va mucho más allá de las autoridades sanitarias y de salud pública, e incluye a urbanistas, instituciones cívicas, inversores, empleadores y, lo más importante, a las comunidades.
En segundo lugar, las ciudades deben garantizar que el proceso de construcción de la equidad en salud sea en sí mismo equitativo. Esto significa invertir tiempo, reequilibrar el poder y generar confianza para que quienes más sufren las desigualdades sanitarias tengan la capacidad, la voz y los medios para marcar la agenda del cambio. Sin ello, corremos el riesgo de reconstruir una sociedad con disparidades aún mayores que antes de la pandemia.
En tercer lugar, las ciudades deben aprender juntas y estar dispuestas a asumir algunos riesgos. Ninguna ciudad utiliza todos estos enfoques, pero cada una puede adaptarlos a su propia cultura y circunstancias. Eso requiere liderazgo y tiempo. En muchos de estos ejemplos, las ciudades han adoptado un enfoque experimental: empezar a pequeña escala, buscar soluciones locales y probar conceptos antes de aplicarlos a gran escala.
