Imaginemos un futuro en el que la prosperidad humana no implique sacrificar la naturaleza.
Un mundo sin residuos ni contaminación, donde los animales y las plantas de la tierra y los océanos prosperen gracias a la existencia de los seres humanos tanto como nosotros gracias a la biología y la geofísica de la Tierra.
¿Es imposible? ¿O debe la vida en la Tierra ser un juego de suma cero entre la humanidad y las demás especies?
Siempre me sorprende cuánta gente adopta esta visión negativa. Imaginan el futuro como un escenario sombrío en el que la humanidad se descontrola en un mundo por lo demás desprovisto de vida, o como uno en el que hay que reducir drásticamente la población humana y el consumo, incluso a costa de la mayor parte de la dignidad humana. Ya han visto esas películas…
Suponer que esas son nuestras únicas opciones es un fracaso fundamental de la imaginación. Hay otra manera mejor: se llama economía circular.
Un nuevo informe del Foro Económico Mundial presenta numerosos modelos emergentes para hacer que la economía sea más circular —especialmente en las ciudades— y señala el camino para transformar los sistemas económicos actuales en una lógica integral de sostenibilidad.
El problema de la economía circular es que hoy no existe: hay que inventarla y desarrollarla. Rápido; en las próximas décadas.
La clave es desvincular el crecimiento económico y el desarrollo humano de la extracción de recursos y la generación de residuos.

«Reorientar» la economía, desde su actual secuencia lineal de extracción de recursos –> producción –> consumo –> eliminación de residuos hasta convertirla en circular y sostenible, exige un enfoque mucho más integral de los sistemas de bienes y servicios, una reconceptualización del diseño y la producción, y el desarrollo de tecnologías y procesos que permitan convertir los productos terminados usados de nuevo en insumos para la producción.
Estas transformaciones sitúan claramente el nacimiento de la economía circular en los lugares donde más se superponen nuestros sistemas de producción y consumo, donde la innovación compleja se concentra y avanza con mayor rapidez, donde los recursos son más limitados y donde las consecuencias de los residuos y la contaminación son más graves.
Esos lugares son las ciudades, especialmente las grandes ciudades.
Imaginar un futuro más sostenible
La buena noticia es que gran parte de ese futuro ya está tomando forma.
El informe presenta varios ejemplos inspiradores de ciudades de todo el mundo en los ámbitos del agua, la energía, los plásticos y la gestión de residuos. También expone conceptos novedosos emergentes en materia de adquisiciones, financiación y diseño, que muestran cómo está tomando forma y creciendo la transición hacia un sistema económico más circular.
Por ejemplo, ciudades de todo el mundo ya están aumentando sus tasas y objetivos de reciclaje y encontrando nuevos usos para los residuos procedentes tanto del entorno construido como del consumo. Al formalizar sus objetivos de sostenibilidad, muchas ciudades también están internalizando cada vez más parte de sus flujos de recursos, especialmente en el agua y la producción de alimentos de alto valor añadido, y eliminando consecuencias perniciosas asociadas a otras necesidades, como las emisiones de carbono y la contaminación derivadas del consumo de energía.
Pero aún existen muchos obstáculos para que la economía sea plenamente circular.
Algunos son fundamentales y se derivan de las leyes de la física. Otros son flexibles y dependen por completo de nuestras inversiones en diseño, prácticas empresariales y de nuestra capacidad de innovación tecnológica, así como de nuestras preferencias de consumo.
Las leyes de la física nos dicen que operar cualquier sistema complejo, incluidas nuestras ciudades y la economía en su conjunto, siempre tiene un coste energético termodinámico. Esta limitación fundamental significa que es probable que el desarrollo humano y la urbanización en todo el mundo vayan asociados a un mayor consumo de energía, no a uno menor.
Sin embargo, ya se están logrando importantes mejoras de eficiencia: por ejemplo, la economía de EE. UU. no ha aumentado su consumo de electricidad en los últimos 10 años, pese al considerable crecimiento de la población y la economía.
Pero, sobre todo, ahora es posible cubrir la mayor parte de las necesidades energéticas con fuentes renovables a menor coste, sin generar contaminación ni emisiones de gases de efecto invernadero. También en este ámbito, las ciudades están marcando el camino.
Muchos procesos de reciclaje y reutilización resultan hoy prohibitivos, principalmente por los costes energéticos. Por ejemplo, reciclar aluminio es rentable por su elevada energía incorporada, mientras que normalmente no ocurre lo mismo con los plásticos. Por ello, señala el informe, «solo se recoge para reciclar el 14 % de los envases de plástico» (Fundación Ellen MacArthur, 2017), mientras que «las bajas tasas de recogida, reutilización y reciclaje cuestan a la economía mundial entre 80.000 y 120.000 millones de dólares».
La era de reciclarlo todo
Sin embargo, en un mundo con energía renovable casi gratuita, reciclar prácticamente todo se vuelve posible. Este cambio está llegando y es necesario para impulsar la expansión de la revolución de la energía limpia a nuevos sectores de la economía que hasta ahora estaban vedados.
Pero es en el ámbito del cambio tecnológico, el diseño y las prácticas empresariales donde más se necesita innovación y donde las oportunidades son aún más extraordinarias.
La transición es de carácter sistémico: ningún actor puede lograrla por sí solo. Por eso, se necesitan colaboraciones entre los gobiernos, el sector sin fines de lucro, las empresas y la ciudadanía para crear un entorno propicio que fomente la innovación, alineada tanto con prácticas circulares más sostenibles como con un crecimiento económico estable y equitativo.

Sin duda, se producirán enormes trastornos. Habrá que internalizar muchos costes ambientales «gratuitos» en la producción y el consumo, y las funciones de las organizaciones públicas y privadas deberán cambiar sustancialmente. La línea que separa los bienes de los servicios se difuminará por completo. Los modelos actuales de servicios públicos relacionados con la energía, el agua y la gestión de residuos estarán más descentralizados y se integrarán en redes complejas más dinámicas.
Por consiguiente, la transición a una economía circular debe desarrollarse gradualmente, prestando mucha atención a los efectos de red, la cooperación entre numerosas partes interesadas y la mitigación de consecuencias imprevistas, especialmente las relacionadas con la desigualdad socioeconómica y el freno a la innovación.
Las ciudades están especialmente bien posicionadas para liderar el camino.
A medida que se acelera la urbanización mundial y contemplamos la posibilidad de un armagedón ambiental, solo el dinamismo creativo de las personas y organizaciones que trabajan juntas en las ciudades puede impulsarnos lo suficiente para trazar una nueva trayectoria económica, en la que la prosperidad y la inventiva humanas garanticen también la vitalidad de toda forma de vida en la Tierra.
Lea más en nuestro nuevo informe:
La economía circular en las ciudades: evolución de un modelo para una arquitectura urbana sostenible


