Por qué esta ciudad danesa se reconstruye con escombros reciclados

Ships are pictured at the famous landmark Nyhavn in Copenhagen, Denmark April 18, 2017. REUTERS/Fabian Bimmer - RC162838E890
Copenhagen is building a new skyline out of reclaimed bricks and wood.Image: REUTERS/Fabian Bimmer
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Tengo la suerte de vivir en una de las ciudades más verdes del planeta: Copenhague. La Capital Verde Europea de 2014 es una ciudad donde cuatro personas de cada diez se desplazan en bicicleta. Cuenta con más de 390 km de carriles bici y se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2025.personas de cada diez se desplazan en bicicleta. Cuenta con más de 390 km de carriles bici y se ha fijado el ambicioso objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2025.

Pero ahora la ciudad da un paso más en la transición ecológica y se pregunta: ¿y si fuera posible reciclar edificios enteros?

El estudio de arquitectura sostenible Lendager es un firme defensor de la economía circular. Su proyecto insignia, Resource Rows, comenzó con una pregunta: a medida que la población de Dinamarca se urbaniza a gran velocidad —se espera que la población de Copenhague crezca un 15 % en los próximos 10 años—, ¿por qué solo las personas se trasladan a las ciudades y no también sus edificios?

Resource Rows, en el distrito de Ørestad de CopenhagueImage: Lendager Group

Situado en el distrito de Ørestad de Copenhague —una zona de humedales recuperados que se ha convertido en escaparate de proyectos de diseño urbano—, Resource Rows incorpora en sus fachadas muros de viviendas rurales abandonadas. Esto reduce las emisiones de carbono un 70 %, además de dar al proyecto un aspecto desgastado que lo distingue de las construcciones nuevas habituales de la ciudad. Los edificios interactúan inteligentemente con la naturaleza: recogen agua de lluvia para las cisternas y el riego, mientras que los tejados verdes y los jardines verticales fomentan la biodiversidad y fortalecen la comunidad. Y eso no es todo: en Resource Rows, la empresa ha reciclado grandes cantidades de hormigón de desecho y kilómetros de madera sobrante de la ampliación del metro de Copenhague, materiales que de otro modo habrían acabado en la basura.

Como ciudadano de nuestra capital, me alegra que mi ciudad prospere y crezca, pero me preocupa lo que ocurre en el país en su conjunto. La migración masiva afecta a las zonas rurales de toda Dinamarca y, cuando la gente deja sus casas en el campo para vivir en la ciudad, la dificultad para venderlas hace que muchas queden abandonadas, lo que genera un paisaje salpicado de edificios en desuso.

Resource Rows utiliza muros de viviendas rurales abandonadasImage: Lendager Group

Por eso me alegra mucho que Lendager haya detectado esta oportunidad y haya empezado a aprovecharla. Aunque en un lugar estos edificios no sean más que residuos, imposibles de mantener y demasiado costosos de demoler, también contienen materiales de calidad comprobada, ya certificados y no tóxicos. Reciclarlos significa que Resource Rows es «la primera zona residencial de Dinamarca construida con materiales procedentes de viviendas abandonadas».

Pero quizá el mayor logro de Lendager sea su Centro de Reciclaje Local en el distrito portuario de Nordhavn. Con su ingenioso diseño —construido con un 90 % de materiales reutilizados—, transforma el típico centro municipal de reciclaje, anodino y gris, en un espacio divertido, didáctico y social, donde separar los residuos se convierte en un proceso intuitivo e interactivo.

Para depositar sus materiales reciclables, los visitantes entran en las distintas secciones del edificio, construidas con los objetos que desean entregar: en la sala del vidrio se recoge vidrio, en la del plástico, plástico, y así sucesivamente. En el centro de esta instalación circular hay una estantería de intercambio, donde se pueden dejar objetos que aún funcionan o solo necesitan pequeñas reparaciones, y un espacio para conferencias, talleres y mercadillos. El edificio muestra un verdadero intento de integrar el reciclaje en la cultura y el diálogo de la ciudad, y no solo en sus infraestructuras.

Renacer de los escombros

Lendager no es la única empresa danesa que ve oro donde otros quizá solo ven suciedad. La empresa de tecnologías limpias Gamle Mursten, cuyo nombre significa literalmente «ladrillos viejos», adopta un enfoque más práctico y selectivo para reciclar viviendas rurales abandonadas. Su equipo de ingenieros recupera ladrillos antiguos de casas construidas antes de 1960 (lamentablemente, los ladrillos de edificios posteriores a 1960 no se pueden reutilizar debido al uso de mortero y cemento) y luego los limpia a mano y con máquinas mediante una tecnología patentada para venderlos a empresas constructoras o utilizarlos en la construcción de viviendas, centros educativos y almacenes.

Un ejemplo famoso es la antigua fábrica de cerveza Carlsberg de Copenhague, de la que se recuperó la mayoría de los ladrillos para utilizarlos en nuevos edificios, dotándolos de historia y alma desde el principio.

Según la empresa, «cada vez que se sustituye un ladrillo nuevo por uno reutilizado, se ahorran 0,5 kg de CO2 para el medio ambiente». Pero ese no es el único beneficio: al demoler edificios en ruinas, estos expertos en residuos despejan el camino para el desarrollo rural, tan necesario.

Ladrillos recuperados de la antigua fábrica de cerveza Carlsberg, en CopenhagueImage: Rasmus Hjortshøj/COAST Studio’

Mientras tanto, pese al trabajo que requiere limpiar los ladrillos, los proyectos de Gamle Mursten suelen costar menos que si se construyeran desde cero. También devuelven la vida a la historia de la albañilería: los nuevos propietarios descubren información sobre los antiguos edificios que ahora forman parte de sus hogares.

Por último, Copenhague cuenta con un restaurante que comparte ese afán de cambio. Diseñado por Genbyg, proveedor danés de materiales de construcción reutilizados, Vaekst, de inspiración nórdica y situado en el antiguo barrio latino de la ciudad, se articula en torno a un extraordinario invernadero interior construido con materiales reutilizados: el lugar ideal para disfrutar de su menú a base de verduras.

Las estanterías del bar fueron cajoneras de archivo del Museo Nacional de Dinamarca; el mostrador está hecho con antiguas tablas de suelo de fábrica, y las lámparas del techo, con viejos envases de leche. Lo más interesante es que la caoba utilizada en todo el restaurante tuvo una vida anterior muy movida: formó parte de una tribuna en un estadio de atletismo de Lyngby.

Y ahí lo tienen: Copenhague, una ciudad con prácticas arquitectónicas que merecen celebrarse. Estamos convirtiéndola en un modelo de economía circular, con sus ciudadanos a la cabeza, porque tiene todo el sentido desde el punto de vista ambiental y económico, y para quienes viven allí.

Más información en nuestro nuevo informe:
La economía circular en las ciudades: desarrollar un modelo para una arquitectura urbana sostenible

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