¿Por qué vivimos en el «siglo asiático»?

Devotees try to form a human pyramid to break a clay pot containing curd during the celebrations to mark the Hindu festival of Janmashtami in Mumbai August 10, 2012. Janmashtami, which marks the birthday of Hindu god Krishna, is being celebrated across the country today. REUTERS/Danish Siddiqui (INDIA - Tags: RELIGION SOCIETY TPX IMAGES OF THE DAY) - GM2E88A1BFZ01
The centre of the world.Image: REUTERS/Danish Siddiqui
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Este fragmento pertenece al libro de Parag Khanna «The future is Asian». El libro fue elegido como lectura del mes de febrero para el Club de Lectura del Foro Económico Mundial. Cada mes se seleccionará un nuevo libro, que se analizará en el grupo. Al final de mes, el autor se unirá a la conversación para responder algunas preguntas de nuestra audiencia.

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Si miramos hacia atrás desde 2100 en busca de la fecha en que se puso la primera piedra de un orden mundial liderado por Asia, será 2017. En mayo de ese año, sesenta y ocho países que representaban dos tercios de la población mundial y la mitad de su PIB se reunieron en Pekín para la primera cumbre de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés). Este encuentro de líderes asiáticos, europeos y africanos simbolizó el lanzamiento del mayor plan coordinado de inversión en infraestructuras de la historia de la humanidad. Colectivamente, los gobiernos reunidos se comprometieron a gastar billones de dólares en la próxima década para conectar los centros de población más grandes del mundo en una constelación de comercio e intercambio cultural: una nueva era de la Ruta de la Seda.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta es el proyecto diplomático más significativo del siglo XXI, equivalente a la fundación de las Naciones Unidas y del Banco Mundial a mediados del siglo XX, más el Plan Marshall, todo en uno. La diferencia crucial: la BRI se concibió en Asia, se lanzó en Asia y será dirigida por asiáticos. Esta es la historia de todo un lado del planeta, el lado asiático, y de su impacto en el mundo del siglo XXI.

The Future Is Asian: Commerce, Conflict, And Culture In The 21st CenturyImage: Simon & Schuster / Hachette, febrero de 2019

Los asiáticos vuelven a considerarse el centro del mundo y de su futuro. La zona económica asiática, desde la península arábiga y Turquía por el oeste hasta Japón y Nueva Zelanda por el este, y desde Rusia por el norte hasta Australia por el sur, representa ahora el 50 por ciento del PIB mundial y dos tercios del crecimiento económico mundial. De los aproximadamente 30 billones de dólares de crecimiento estimado del consumo de la clase media entre 2015 y 2030, se prevé que solo 1 billón proceda de las economías occidentales actuales. La mayor parte del resto provendrá de Asia.

The Future Is Asian: Commerce, Conflict, And Culture In The 21st CenturyImage: Simon & Schuster / Hachette, febrero de 2019

Asia produce y exporta, además de importar y consumir, más bienes que cualquier otra región, y los asiáticos comercian e invierten más entre sí que con Europa o Norteamérica. Asia cuenta con varias de las mayores economías del mundo, la mayor parte de las reservas de divisas mundiales, muchos de los bancos más grandes y de las mayores empresas industriales y tecnológicas, y la mayoría de los ejércitos más grandes del planeta. Asia también representa el 60 por ciento de la población mundial. Tiene diez veces más habitantes que Europa y doce veces más que Norteamérica. A medida que la población mundial se acerque a una meseta de unos 10 000 millones de personas, Asia seguirá siendo para siempre el hogar de más personas que el resto del mundo junto. Ahora hablan ellos. Prepárese para ver el mundo desde el punto de vista asiático.

Para ver el mundo desde el punto de vista asiático se requiere superar décadas de ignorancia acumulada, y cultivada deliberadamente, sobre Asia. Hasta el día de hoy, las perspectivas asiáticas a menudo se filtran a través de prismas occidentales; solo pueden teñir una narrativa occidental convencional e inquebrantable, pero nada más. Sin embargo, la presunción de que las tendencias occidentales actuales son globales se desmorona rápidamente. La «crisis financiera mundial» no fue global: las tasas de crecimiento asiáticas siguieron aumentando, y casi todas las economías de mayor crecimiento del mundo están en Asia. En 2018, las mayores tasas de crecimiento del mundo se registraron en India, China, Indonesia, Malasia y Uzbekistán. Aunque los programas de estímulo económico y los tipos de interés ultrabajos se han suspendido en Estados Unidos y Europa, continúan en Asia. De igual modo, la política populista occidental, desde el Brexit hasta Trump, no ha contagiado a Asia, donde los gobiernos pragmáticos se centran en el crecimiento inclusivo y la cohesión social. Los estadounidenses y los europeos ven cómo se levantan muros, pero en toda Asia se están derribando.

Lejos de mirar hacia atrás, de ensimismarse y de ser pesimistas, miles de millones de asiáticos miran hacia el futuro, están orientados al exterior y son optimistas.

Estos puntos ciegos son síntoma de un descuido relacionado que suele encontrarse en los análisis extranjeros sobre Asia: que, en realidad, giran en torno a Estados Unidos. Se presume que Asia (y, francamente, también cualquier otra región) es estratégicamente inerte e incapaz de tomar decisiones por sí misma; todo lo que espera es que el liderazgo estadounidense le diga qué hacer. Pero desde la perspectiva asiática, las dos últimas décadas se han caracterizado por la incompetencia del presidente George W. Bush, la tibieza del presidente Barack Obama y la imprevisibilidad del presidente Donald Trump.

La lista de amenazas percibidas por Estados Unidos, desde el ISIS e Irán hasta Corea del Norte y China, tiene su epicentro en Asia, pero Estados Unidos no ha desarrollado ninguna estrategia integral para abordarlas. En Washington está de moda promover una estrategia marítima «indopacífica» como antídoto contra la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, sin ver que, en realidad, las zonas terrestres y marítimas de Asia no pueden separarse con tanta nitidez. Pese a sus diferencias, los asiáticos han comprendido que su geografía compartida es una realidad mucho más permanente que las promesas poco fiables de Estados Unidos. La lección: Estados Unidos es una potencia del Pacífico con una presencia poderosa en la Asia marítima, pero no es una potencia asiática.

The Future Is Asian: Commerce, Conflict, And Culture In The 21st CenturyImage: Simon & Schuster / Hachette, febrero de 2019

El malentendido más trascendental que impregna el pensamiento occidental sobre Asia es el de estar excesivamente centrado en China. Del mismo modo que los analistas geopolíticos han estado buscando el «número uno», muchos han caído en la trampa de plantear un simplista «G2» formado por Estados Unidos y China, que compiten por liderar el mundo. Pero ni el mundo en su conjunto ni Asia como región se dirigen hacia untianxia, o sistema global armonioso guiado por los principios confucianos chinos. Aunque China ostenta actualmente más poder que sus vecinos, su población está estancada y se prevé que alcance su máximo en 2030. De los casi 5000 millones de habitantes de Asia, 3500 millones no son chinos.

Por tanto, el futuro de Asia es mucho más que lo que quiera China. China no ha sido históricamente una potencia colonial. A diferencia de Estados Unidos, es profundamente cautelosa con los compromisos exteriores. China quiere recursos y mercados extranjeros, no colonias extranjeras. Sus incursiones militares, desde el mar de China Meridional hasta Afganistán y África Oriental, responden a la necesidad de proteger sus extensas cadenas de suministro globales; pero su gran estrategia de construcción de infraestructuras globales busca reducir su dependencia de cualquier proveedor extranjero (al igual que sus sólidas inversiones en energías alternativas).

El lanzamiento por parte de China de la Iniciativa de la Franja y la Ruta no demuestra que vaya a gobernar Asia, pero sí nos recuerda que el futuro de China, al igual que su pasado, está profundamente arraigado en Asia. La BRI suele presentarse en Occidente como un diseño hegemónico chino, pero su paradoja es que acelera la modernización y el crecimiento de países de forma similar a como Estados Unidos hizo con sus socios europeos y asiáticos durante la Guerra Fría. La BRI servirá para demostrar a todos, incluida China, lo rápidamente que ha caducado la lógica colonial. Al unirse a la BRI, otros países asiáticos han reconocido tácitamente a China como potencia global, pero el listón de la hegemonía es muy alto. Al igual que con las intervenciones estadounidenses, no debemos apresurarnos a asumir que las ambiciones de China se impondrán sin obstáculos ni que otras potencias no se mostrarán lo bastante audaces para afirmarse también. Las potencias nucleares India y Rusia están en alerta máxima ante cualquier intromisión china en su soberanía e intereses, al igual que las potencias regionales Japón y Australia. A pesar de haber gastado 50 000 millones de dólares entre 2000 y 2016 en proyectos de infraestructura y humanitarios en toda la región, China apenas ha logrado una lealtad significativa. La expresión «Asia liderada por China» no es, por tanto, más aceptable para la mayoría de los asiáticos que la noción de un «Occidente liderado por Estados Unidos» lo es para los europeos.

China tiene una ventaja de pionera en lugares donde otros inversores asiáticos y occidentales han dudado en entrar. Pero, uno a uno, muchos países están reaccionando y renegociando proyectos y deudas chinos. Esto nos lleva a un escenario más probable: las incursiones de China en realidad moderniza y eleva a estos países, ayudándolos a ganar confianza para resistir futuras intromisiones. Además, las acciones de China han inspirado una «carrera armamentística» en infraestructuras, con India, Japón, Turquía, Corea del Sur y otros países también realizando grandes inversiones que permitirán a las naciones asiáticas más débiles conectarse mejor entre sí y contrarrestar las maniobras chinas. En última instancia, la posición de China no será la de hegemón asiático ni global, sino la de ancla oriental del megasistema asiático y euroasiático.

The Future Is Asian: Commerce, Conflict, And Culture In The 21st CenturyImage: Simon & Schuster / Hachette, febrero de 2019

Cuanto más lejos se mire hacia el futuro, más claramente se percibe que Asia es, como lo ha sido en la mayor parte de su historia, una región multipolar con numerosas civilizaciones seguras de sí mismas que evolucionan en gran medida al margen de las políticas occidentales, pero que coexisten de forma constructiva entre sí. Un renacimiento de la confianza y la vitalidad occidentales sería muy bienvenido, pero no frenaría el resurgimiento de Asia. El ascenso de Asia es estructural, no cíclico. Aún quedan focos de ignorancia altiva centrados en Londres y Washington que persisten en la creencia de que Asia se desmoronará a medida que la economía china se ralentice o que implosionará bajo la presión de las rivalidades nacionalistas. Estas opiniones sobre Asia son igualmente irrelevantes e inexactas. A medida que los países asiáticos imitan los éxitos de los demás, aprovechan su creciente riqueza y confianza para extender su influencia a todos los rincones del planeta. La asianización de Asia es solo el primer paso en la asianización del mundo.

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