Los niños pequeños interactúan más con los libros impresos que con los libros electrónicos, según investigadores del desarrollo

A new study has found that toddlers interact more with print books than ebooks.Image: Big Think
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Se conocen bien los beneficios de la lectura temprana para el desarrollo neurológico, el éxito educativo y la aptitud social. Un nuevo estudio concluye que los libros impresos ofrecen mejores oportunidades de comunicación y de fortalecer el vínculo entre padres e hijos pequeños. Aunque más estadounidenses leen libros impresos que libros electrónicos, siguen sin dar prioridad a la lectura fuera del trabajo y la escuela.

Eche un vistazo a la habitación de cualquier niño pequeño. Algunas están decoradas con banderines del equipo local y artículos deportivos; otras, con dinosaurios y mapas de estrellas. Lo que se ve es menos una extensión de la personalidad incipiente del niño y más un altar a los sueños de los padres para el futuro de su hijo. Pero, si hay algo que toda habitación infantil necesita, es una estantería repleta de lomos coloridos, personajes de ojos grandes y rimas melodiosas.

Los beneficios de la lectura temprana son bien conocidos. Leer favorece el desarrollo neurológico. Transmite el amor por el aprendizaje y promueve el éxito académico temprano (sentando las bases para el éxito académico posterior). Ayuda a madurar rasgos psicológicos positivos como la creatividad, la confianza y la empatía.

Los padres expertos en tecnología que buscan reducir el desorden y convertir esa estantería en una tableta quizá quieran reconsiderarlo. Un estudio publicado recientemente en Pediatrics concluye que los niños pequeños interactúan más con los libros impresos que con los libros electrónicos, y esos libros impresos necesitarán un lugar donde guardarse.

Analizar el arte de la lectura

El objetivo del estudio era averiguar si los padres y los niños pequeños interactuaban de forma diferente al leer libros en distintos formatos. Reunieron a 37 parejas de padres e hijos pequeños y pidieron a los padres que leyeran cuentos de la serie Little Critter en sesiones consecutivas, con un límite de 5 minutos para cada una.

Utilizaron un formato distinto en cada sesión: un libro impreso, un libro electrónico básico y uno mejorado (con música, efectos de sonido y personajes animados). Los investigadores grabaron las sesiones para observar las interacciones entre padres e hijos pequeños. Estas podían incluir hablar sobre el cuento, hacer preguntas, leer juntos, dar indicaciones positivas y dar indicaciones negativas.

El antiguo patrón de oro

Los resultados indican que los niños pequeños están más atentos cuando leen un libro impreso. Hicieron más comentarios verbales relacionados con el libro y participaron más en la lectura. Lo mismo ocurrió con los padres. Los adultos entablaron más diálogos, hicieron más preguntas y mostraron más señales de conexión y de compartir la experiencia con sus hijos.

«El libro impreso es realmente el patrón de oro para suscitar interacciones positivas entre padres e hijos», declaró a ABC News la Dra. Tiffany Munzer, primera autora del estudio y becaria de pediatría conductual del desarrollo en el Hospital Infantil C.S. Mott de la Universidad de Michigan. «Los padres conocen bien a sus hijos y tienen que darle vida al cuento para crear esa magia para ellos».

Estas interacciones positivas eran menos frecuentes con los libros electrónicos. Sin embargo, con estos se observó más colaboración en torno a instrucciones específicas del formato, como «Tienes que deslizar el dedo así» o «No, no toques ese botón». En otras palabras, el dispositivo en sí se convirtió en un obstáculo para desarrollar un ritmo natural de aprendizaje y relación.

Perri Klass, pediatra que coescribió el comentario que acompañaba el estudio, señala que investigaciones anteriores apuntaban a que las mejoras de los libros electrónicos son perjudiciales para los niños pequeños. Pueden reducir la participación en la historia y dificultar la comprensión del texto. Este nuevo estudio sugiere que incluso los libros electrónicos básicos pueden ser problemáticos si los padres están demasiado ocupados interactuando con el dispositivo y no con sus hijos.

Esta conclusión puede ser útil para los padres que se sienten asediados por nuevas tecnologías que prometen dar a sus hijos una ventaja en el desarrollo y que no tienen dinero para probar cada nuevo aparato que aparece en un mercado ya abarrotado.

«No hace falta un montón de adornos y funciones para apoyar el desarrollo de su hijo», declaró al el New York Times la Dra. Suzy Tomopoulos, profesora adjunta del departamento de pediatría de la Facultad de Medicina de NYU. «Dedicar atención al niño y hablar con él contribuye enormemente al desarrollo infantil temprano».

Hábitos de lectura en Estados Unidos

Los estadounidenses parecen coincidir con la Dra. Munzer en que los libros impresos son realmente el patrón de oro.

El Pew Research Center lleva desde 2011 siguiendo los hábitos y las preferencias de lectura de los estadounidenses. Ha constatado que estos prefieren abrumadoramente los libros impresos a otros formatos. Según su encuesta de 2018, el 67 % de los estadounidenses afirma haber leído un libro impreso durante el último año, frente al 26 % que dice haber leído un libro electrónico. En total, «tres cuartas partes de los estadounidenses (el 74 %) han leído un libro en cualquier formato durante los últimos 12 meses, una cifra que apenas ha cambiado desde 2012».

Image: Pew Research Center

Pero esa cifra resulta menos alentadora si se tiene en cuenta que una cuarta parte de los estadounidenses admite no haber leído ni un solo libro. En ningún formato. Durante 12 meses enteros. Vaya. Y aunque tres cuartas partes han leído al menos un libro, el estadounidense típico apenas llega a cuatro libros al año.

No es de extrañar que no leamos muchos libros: no dedicamos tiempo a hacerlo. Según una encuesta de la Oficina de Estadísticas Laborales, en 2017 los estadounidenses dedicaban apenas 17 minutos al día (sí, la cifra está redondeada al alza) a leer con fines distintos del trabajo o los estudios. Esa cifra representa un mínimo histórico y equivale aproximadamente a una décima parte del tiempo que los estadounidenses pasan viendo televisión.

Y los niños han seguido la misma tendencia. El informe de Scholastic Kids and Family Reading Report indica que cada vez hay más niños que leen con poca frecuencia, es decir, menos de un día a la semana. En 2010, se consideraba que el 21 % de los niños leía con poca frecuencia. En 2018, la cifra era del 28 %. La lectura frecuente —la de los niños que leen casi todos los días— cayó aproximadamente en la misma medida, del 37 % al 31 %.

Si los padres realmente quieren enseñar a sus hijos a amar la lectura y a leer bien, los libros impresos son un excelente comienzo. Pero dedicar tiempo a leerles y mostrarles el propio amor por la lectura es igual de necesario.

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