Según el dicho, el Taj Mahal es rosado por la mañana, blanco lechoso por la tarde y dorado cuando brilla la luna. Aunque esto pudo ser cierto en otro tiempo para el famoso monumento de mármol de una pureza proverbial, una combinación de contaminación y mala gestión ha cargado ahora al Taj con una capa amarillenta y marrón durante las 24 horas. Al condenar el “letargo” de los esfuerzos de restauración, la Corte Suprema de India instó recientemente al gobierno a restaurar el Taj o demolerlo.
Situado en Agra, en el norte del estado indio de Uttar Pradesh, el Taj Mahal es uno de los edificios más emblemáticamente bellos del mundo. Construido por el emperador mogol Shah Jahan como testimonio de su dolor tras la muerte de su primera esposa, Mumtaz Mahal, Rabindranath Tagore lo describió como “una lágrima que resbala por la mejilla del tiempo”.
El Taj se construyó con mármol blanco translúcido, traído a Agra desde la región noroccidental de Rajastán, en India. Después se incrustó con piedras semipreciosas, entre ellas jaspe, jade, turquesa, lapislázuli, zafiro y cornalina. Todo el complejo ribereño, incluidos los jardines y los muros de arenisca que lo rodean, se terminó en 1653.
Un mausoleo que necesita una nueva vida
Durante los últimos cuatro siglos, el Taj ha envejecido y oscurecido como consecuencia de procesos naturales de oxidación –el equivalente en mármol del óxido–, pero su entorno hostil no le ha ayudado en nada. Ha sido empapado por la lluvia ácida, cubierto de hollín procedente de chimeneas industriales y domésticas, y erosionado por contaminantes atmosféricos.

La contaminación del aire en las ciudades indias es legendaria, y Agra no es una excepción. Como en muchas ciudades asiáticas, el aumento del número de automóviles ha provocado un fuerte incremento del tráfico, mientras que el aire sucio se filtra desde las chimeneas de la refinería de petróleo y de las curtidurías de Agra. Estos contaminantes –dióxido de azufre, gases NOx, y sobre todo partículas de carbono–, han erosionado y desgastado de forma constante la brillante fachada blanca del Taj, dándole un brillo amarillento. Pese al establecimiento de una zona protectora de 4.000 millas cuadradas alrededor del emplazamiento (la Zona de Trapecio del Taj), dentro de la cual las emisiones supuestamente están estrictamente controladas, las fotografías muestran un marcado deterioro del estado del Taj en los últimos años.
Los límites legales de emisiones llevan mucho tiempo siendo impugnados por los promotores y se ignoran ampliamente. Con regularidad se encienden piras fúnebres humeantes y se queman montones de basura muy cerca de los edificios. La contaminación procedente del río Yamuna supone un desafío adicional. Las aguas residuales sin tratar y los residuos industriales vierten desde la ciudad, generando aguas ricas en nutrientes. Estos nutrientes son arrastrados después por el viento y depositados en la mampostería cada vez más porosa del Taj, lo que permite que microorganismos de origen fluvial prosperen en sus superficies y las tiñan de verde.
Según se afirma, los excrementos de los numerosos insectos que prosperan en el agua contaminada del río han acelerado el daño, pero su efecto es sin duda insignificante en comparación con el del dióxido de azufre y el dióxido de nitrógeno derivados de los combustibles fósiles.
Desde 1998, diversos institutos de investigación indios han estudiado métodos de restauración, y se han gastado millones intentando revertir la decoloración. Un intento consistió en cubrir el Taj con cataplasmas húmedas de arcilla, similares a las mascarillas faciales. Se esperaba que extrajeran de las capas superficiales del mármol los ácidos dañinos, pero, en el mejor de los casos, parece que empeoraron la situación.
Una plantilla para la renovación
En Londres, unos 50 años después de la finalización del Taj Mahal, sir Christopher Wren diseñó una estructura de ambición comparable. La catedral de San Pablo se terminó hacia 1711, lugar de descanso de los grandes y buenos de la nación, y se construyó con la roca calcárea de tono claro Portland Stone.
San Pablo ha sufrido muchos de los mismos problemas que el Taj Mahal –lluvia ácida, hollín, contaminantes atmosféricos y oscurecimiento con la edad–. Pero tras 40 años de seguimiento por equipos de geógrafos universitarios, que emplearon técnicas científicas como la observación repetida con microerosímetros, el alcance de la meteorización se conoce mucho mejor
Los lectores británicos de más edad podrán recordar el tristemente célebres smogs que envolvieron las ciudades británicas en los años cuarenta y cincuenta. Cuatrocientos años de calefacción doméstica alimentada con carbón, y más recientemente los humos procedentes de vehículos y centrales eléctricas de carbón, permitieron que el dióxido de azufre y las partículas finas de carbono alcanzaran niveles tóxicos en el aire de Londres.
En las frías y calmadas tardes de otoño, el denso smog químico puede dañar tanto la piedra calcárea o caliza como los pulmones de las personas. Combinado con la lluvia, crea un ácido sulfúrico o nítrico, que a lo largo de siglos puede erosionar la piedra calcárea. Cuando San Pablo fue examinada de cerca en los años ochenta, algunos de los pretiles y tallas se habían desmoronado por completo, dejando superficies de piedra sujetas por costras negras de hollín, que ocultaban los huecos situados debajo.
Los peores excesos de hollín y dióxido de azufre se han frenado gracias a la legislación medioambiental, aunque el nitrógeno atmosférico producido por el tráfico, en particular por los vehículos diésel, sigue causando problemas. Al igual que Agra, Londres supera con regularidad los límites de la Organización Mundial de la Salud en materia de contaminación del aire.
Sin embargo, el ritmo de meteorización de San Pablo parece haberse reducido a la mitad con la disminución del dióxido de azufre atmosférico. Persiste la preocupación por la microflora que crece en las superficies de piedra, pero una limpieza delicada y la ocasional sustitución de piedras han protegido en gran medida el legado de Wren. Aún está por ver si el Taj puede restaurarse de forma similar.
El Taj Mahal es una maravilla del mundo moderno, pero este tesoro nacional e internacional necesita una actuación rápida y decidida si no quiere perder su legendario esplendor.
