¿Cuál es la mejor manera de construir sociedades tolerantes y multiculturales? Puede parecer paradójico sugerir que deberíamos proclamar lo que tenemos en común, en lugar de comprender nuestras diferencias. Sin embargo, según Brendan Cox, director de More in Common y esposo de la diputada británica Jo Cox, asesinada, el callejón sin salida al que han llegado los liberales de Occidente consiste en celebrar la diferencia y olvidar celebrar lo que nos une como seres humanos. El reto es hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Una encuesta reciente de Pew Research en 10 países europeos reveló que un tercio de los encuestados tiene una actitud negativa hacia la diversidad: cree que hace de su país un lugar peor para vivir. Es completamente comprensible que muchas personas corrientes de Europa sintieran miedo tras la crisis financiera, los atentados terroristas y la enorme afluencia de migrantes procedentes de Oriente Medio y llegados a través del Mediterráneo. Temían por sus empleos, su seguridad y sus familias. El mayor error que han cometido los políticos europeos en la última década ha sido ignorar esa ansiedad, sostiene Alex de Croo, viceprimer ministro de Bélgica.
Falta de empatía
¿Cómo pueden los líderes de la sociedad calmar estos temores y construir comunidades integradas? La empatía es una respuesta. «Respondemos a los miedos y preocupaciones de la gente con datos, cuando lo que necesitamos es conectar con sus sentimientos», dijo Cox. Basta con aumentar las oportunidades para que se reúnan personas de distintos grupos. Los datos indican que interactuar con alguien de otro grupo social puede cambiar la actitud hacia ese grupo. La intolerancia es mayor en las sociedades menos diversas.
En Canadá, el Gobierno ha animado a las comunidades a apadrinar a refugiados individualmente y acogerlos en sus familias. Los beneficios para los refugiados quizá sean evidentes, pero el impacto positivo en quien los recibe también es enorme. Algunas personas sienten que, en el proceso, han ganado un hijo o una nieta. En Estados Unidos, Airbnb publicó un mensaje durante las fiestas de Acción de Gracias en el que pedía a las familias que acogieran a una familia recién llegada para cenar ese día. La respuesta fue extraordinaria.
Sin embargo, el populismo tiene un lado oscuro. Elif Shafak, novelista turca, dijo: «A los populistas no les gustan la pluralidad ni la complejidad: quieren reducirnos a una sola tribu». Si la política se define sobre la base de identidades mutuamente excluyentes, habrá conflicto. Europa tiene un historial de xenofobia que todos debemos esforzarnos por no repetir. «La uniformidad no trae seguridad», dijo Shafak, y añadió que «la diversidad es valiosa y ha llegado el momento de defenderla».
Redefinir el patriotismo
En la mayoría de los países de Europa occidental, cerca de una cuarta parte de la población es liberal y apoya la diversidad, otra cuarta parte se opone firmemente a la idea y aproximadamente la mitad se mantiene indecisa. El problema es que los populistas están mejor organizados que los liberales. Y cuanto más dominan el debate las voces contrarias a la diversidad, mejor conectan con el 50 % que aún no se ha decidido. Los liberales tienen que contraatacar.
Como dijo Cox: «Tenemos que mejorar nuestra manera de hablar del patriotismo y reivindicarlo como propio. Hemos dejado que la derecha lo defina y domine. Tenemos que definir el patriotismo de una manera más inclusiva».
