Por qué necesitamos las humanidades más que nunca, por el presidente de Yale

Students walk on the campus of Yale University in New Haven, Connecticut, October 7, 2009. REUTERS/Shannon Stapleton (UNITED STATES) - RTXPEBX
The Yale campus: 'We develop our emotional intelligence through the humanities'Image: REUTERS/Shannon Stapleton
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En nuestro mundo complejo e interconectado, necesitamos líderes con imaginación, comprensión e inteligencia emocional: hombres y mujeres capaces de ir más allá de los debates polarizadores y afrontar los desafíos que tenemos por delante. Para formar a esos líderes, debemos valorar e invertir en las humanidades.

Me formé como psicólogo y estudio las emociones humanas. El arte, la literatura, la historia y otras ramas de las humanidades son esenciales para desarrollar nuestra inteligencia emocional, indispensable para comprendernos a nosotros mismos y a los demás. Nos ayudan a lidiar con la incertidumbre, comprender la complejidad y empatizar.

Pensemos en lo que ocurre cuando leemos una novela. Absorbidos por la narración, se nos invita a imaginar el mundo desde la perspectiva de un personaje. Reflexionamos sobre la interacción entre los deseos de una persona y sus acciones. Cuando escuchamos música, vamos al teatro o visitamos un museo, tenemos una respuesta emocional que nos conecta con otras personas y nuevas perspectivas.

Desarrollamos nuestra inteligencia emocional y aprendemos a empatizar, imaginar y comprender gracias a las humanidades. Si se cultivan, estas habilidades permiten a los líderes responder con éxito a los desafíos y las oportunidades de todos los sectores. Nuestros científicos hacen mejor su trabajo si leen literatura; nuestros diplomáticos y generales son más eficaces cuando comprenden idiomas; y nuestros científicos de datos pueden pensar más allá de los algoritmos cuando se acercan al arte y la música.

En todo el mundo podemos ver los beneficios de la globalización. Sin embargo, siguen los debates sobre cómo promover un crecimiento más inclusivo y equitativo, que abarque la diversidad de pueblos y culturas y respete el medioambiente.

Las humanidades deben formar parte de esta conversación. El liderazgo ante estos asuntos difíciles exige comprender algo más que los resultados económicos; requiere apreciar todo lo que da sentido y plenitud a la vida. Como dijo Lei Zhang, exitoso líder empresarial y exalumno de Yale: «Las humanidades son fundamentales para la razón. Separar los datos y la tecnología de las humanidades es como intentar nadar sin agua: puedes hacer todos los movimientos de Michael Phelps, pero aun así no llegarás a ninguna parte». Las humanidades aportan el contexto —la posibilidad de una comprensión real— para todo lo que promete el futuro.

Tender puentes entre divisiones

Para aprovechar el extraordinario poder de las humanidades, debemos garantizar que sean ampliamente accesibles. Instituciones como la mía, custodias de algunos de los mayores tesoros culturales del mundo, deben esforzarse por compartir con el público el gozo y el asombro que ofrecen las humanidades. De lo contrario, los futuros líderes potenciales perderán la oportunidad de aprender de ellas.

El año pasado, mi colega y amiga, la presidenta de Harvard Drew Gilpin Faust, escribiócon elocuencia sobre la importancia de la investigación académica y la educación para abordar la desigualdad. Las instituciones culturales y educativas también pueden hacer del mundo un lugar más igualitario e inclusivo gracias al poder transformador de las humanidades.

Hace poco tuve el privilegio de recorrer el nuevo Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana en Washington, D. C. Al caminar por este espacio extraordinario, pude ver, escuchar e imaginar la historia de los afroamericanos en Estados Unidos. Me atrajo especialmente una exposición sobre la influencia de los estadounidenses negros en la música. Mi pasatiempo y pasión es la música bluegrass, así que me fascinó el intercambio entre los músicos afroamericanos de blues y la música tradicional de los Apalaches interpretada por inmigrantes escoceses e irlandeses. Comprender esta influencia me hizo volver a escuchar con otros oídos música que conocía bien: oí cadencias y ritmos que nunca había percibido.

Los museos hacen posibles esos momentos de despertar emocional e intelectual. Hoy, la tecnología puede ayudarnos a compartirlos con muchas más personas. Por ejemplo, investigadores de Yale se han asociado con la Biblioteca del Congreso para lanzar Photogrammar, un sitio web que permite a personas de cualquier lugar del mundo explorar, buscar y visualizar 170.000 fotografías tomadas como parte del New Deal de Roosevelt. Estas imágenes emblemáticas capturan la cruda emoción de quienes vivieron la Gran Depresión. En otro proyecto, Transcribe@Yale, estamos recurriendo a la colaboración colectiva para transcribir documentos de la Colección Kilpatrick de Manuscritos Cherokee, conservada en la Biblioteca de Libros Raros y Manuscritos Beinecke de Yale, a fin de comprender y preservar aspectos de la cultura cheroqui de Oklahoma que, de otro modo, se perderían.

Photogrammar de Yale: fotografías de la FSA organizadas

Aunque la tecnología promete conectar a las personas, con demasiada frecuencia seguimos aislados en nuestros círculos estrechos. Combinar las humanidades con nuevas herramientas digitales puede ayudarnos a tender puentes entre divisiones —a través del tiempo y el espacio— y permitir que más personas exploren nuestros ricos recursos culturales.

«El patrimonio de la experiencia humana se empobrece»

Los problemas que afrontamos hoy son graves. La pobreza, las enfermedades, el cambio climático y las amenazas a la seguridad nacional y mundial ponen a prueba incluso a nuestros mejores líderes. En momentos así, puede parecer prudente olvidarse del arte, la música, la literatura y los idiomas.

Ya hemos pasado por esto. En 1939, mientras la guerra asolaba Europa y Asia, el presidente de Yale Charles Seymour temía que se descuidaran las artes liberales. Aunque el público no las consideraba «útiles», Seymour estaba convencido de que las humanidades eran indispensables. «Sin ellas —escribió con emoción—, el patrimonio de la experiencia humana se empobrece».

Ahora, como entonces, debemos valorar las humanidades incluso en medio del conflicto y la división. Solo mediante las humanidades podemos preparar líderes empáticos, imaginativos y comprensivos: líderes responsables y receptivos que acepten la complejidad y la diversidad. Nuestras instituciones también deben asumir un papel de liderazgo y poner ampliamente al alcance de todos los tesoros de las humanidades. Tenemos la responsabilidad de preparar a los líderes del mañana y de enaltecer y proteger «el patrimonio de la experiencia humana» que todos compartimos.

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