La serie de libros de ciencia ficción Dune, de Frank Herbert, transcurre en el planeta ficticio y futurista de Arrakis.
Gracias a la habilidad de Herbert como escritor, Arrakis resulta increíblemente realista.
A continuación exploramos cómo sería vivir en Arrakis si existiera, con modelos climáticos visuales incluidos.
Dune, la épica serie de libros de ciencia ficción de Frank Herbert, llevada ahora al cine en una película del mismo nombre, transcurre en un futuro lejano en el planeta desértico Arrakis. Herbert describió un mundo lleno de detalles que, a primera vista, parece tan real que podríamos imaginarnos en él.
Sin embargo, si un mundo así existiera, ¿cómo sería en realidad?
Somos científicos con conocimientos especializados en modelización climática, así que simulamos el clima de Arrakis para averiguarlo. Queríamos saber si la física y el entorno de un mundo así se corresponderían con los de un modelo climático real.
Aquí está la visualización de nuestro modelo climático de Arrakis:
En nuestro sitio web puedes acercarte a características concretas y destacar aspectos como la temperatura o la velocidad del viento: Climate Archive.
Cuando terminamos, nos alegró mucho descubrir que Herbert había imaginado un entorno que, en su mayor parte, cumple las expectativas. Puede que a veces tengamos que suspender la incredulidad, pero buena parte de Arrakis sería habitable, aunque inhóspita.
¿Cómo se construye un mundo de fantasía como Arrakis?
Empezamos con un modelo climático que se utiliza habitualmente para predecir el tiempo y el clima aquí en la Tierra. Para usar este tipo de modelos, hay que decidir qué leyes físicas se aplican (bien conocidas en el caso del planeta Tierra) y luego introducir datos sobre todo tipo de aspectos, desde la forma de las montañas hasta la intensidad del Sol o la composición de la atmósfera. A continuación, el modelo puede simular el clima y decirte, a grandes rasgos, cómo podría ser el tiempo.
Decidimos mantener las mismas leyes físicas fundamentales que rigen el tiempo y el clima aquí en la Tierra. Si nuestro modelo mostrara algo completamente extraño y exótico, eso podría indicar que esas leyes eran distintas en Arrakis o que la fantástica visión que Frank Herbert tenía de Arrakis era, sencillamente, fantasía.
Después tuvimos que proporcionar al modelo climático ciertos datos sobre Arrakis, basados en la información detallada de las novelas principales y de la Enciclopedia de Dune. Entre ellos figuraban la topografía del planeta y su órbita, que era esencialmente circular, como la de la Tierra actual. La forma de una órbita puede influir mucho en el clima: basta pensar en los inviernos largos e irregulares de Juego de tronos.
Por último, indicamos al modelo de qué estaba compuesta la atmósfera. En su mayor parte es bastante parecida a la de la Tierra actual, aunque contiene menos dióxido de carbono (350 partes por millón frente a las 417 ppm de la nuestra). La mayor diferencia está en la concentración de ozono. En la Tierra hay muy poco ozono en las capas bajas de la atmósfera, apenas alrededor del 0,000001 %. En Arrakis es del 0,5 %. El ozono es importante porque, en un periodo de 20 años, es aproximadamente 65 veces más eficaz para calentar la atmósfera que el CO₂.
Una vez introducidos todos los datos necesarios, nos sentamos a esperar. Los modelos complejos como este tardan en ejecutarse; en este caso, más de tres semanas. Necesitábamos un superordenador enorme para procesar los cientos de miles de cálculos necesarios para simular Arrakis. Sin embargo, lo que descubrimos mereció la espera.
El clima de Arrakis es básicamente plausible
Los libros y la película describen un planeta con un sol implacable y desolados páramos de arena y roca. Sin embargo, al acercarse a las regiones polares y a las ciudades de Arrakeen y Carthag, el clima del libro empieza a cambiar y parece volverse más acogedor.
Sin embargo, nuestro modelo cuenta una historia distinta. En nuestro modelo de Arrakis, los meses más cálidos de los trópicos rondan los 45 °C, mientras que en los meses más fríos la temperatura no baja de los 15 °C. Algo parecido ocurre en la Tierra. En realidad, las temperaturas más extremas se darían en las latitudes medias y las regiones polares. Allí, en verano, la arena puede alcanzar los 70 °C (como también se sugiere en el libro). Los inviernos son igual de extremos: hasta -40 °C en las latitudes medias y hasta -75 °C en los polos.
Esto resulta contraintuitivo, ya que la región ecuatorial recibe más energía del Sol. Sin embargo, según el modelo, las regiones polares de Arrakis tienen mucha más humedad atmosférica y una mayor cobertura de nubes altas, lo que contribuye a calentar el clima, ya que el vapor de agua es un gas de efecto invernadero.
El libro dice que en Arrakis no llueve. Sin embargo, nuestro modelo sí indica que habría precipitaciones muy escasas, limitadas a las latitudes más altas durante el verano y el otoño, y solo en montañas y mesetas. También habría algunas nubes en los trópicos y en las latitudes polares, con variaciones según la estación.
El libro también menciona que existen casquetes polares, al menos en el hemisferio norte, y que llevan mucho tiempo allí. Pero quizá es aquí donde los libros más difieren de nuestro modelo, que indica que las temperaturas estivales derretirían cualquier hielo polar y que en invierno no nevaría lo suficiente para reponer los casquetes.
Caluroso, pero habitable
¿Podrían sobrevivir los seres humanos en un planeta desértico así? Primero, debemos suponer que las personas de aspecto humano de los libros y la película tienen una tolerancia térmica similar a la de los seres humanos actuales. Si es así, y a diferencia de lo que cuentan el libro y la película, parece que los trópicos serían la zona más habitable. Allí hay tan poca humedad que nunca se superan las temperaturas de bulbo húmedocompatibles con la supervivencia, una medida de la «habitabilidad» que combina temperatura y humedad.
Las latitudes medias, donde vive la mayoría de la gente de Arrakis, son en realidad las zonas más peligrosas por el calor. En las tierras bajas, las temperaturas medias mensuales suelen superar los 50-60 °C, y las máximas diarias son aún más altas. Esas temperaturas son mortales para los seres humanos.
Sí sabemos que todos los seres humanoides de Arrakis que viven fuera de las zonas habitables deben llevar «destiltrajes», diseñados para mantener fresco a quien los viste y recuperar la humedad corporal del sudor, la orina y la respiración para proporcionar agua potable. Esto es importante, pues el libro afirma que en Arrakis no hay precipitaciones, ni masas de agua abierta estancada, y que hay poca humedad atmosférica que se pueda recuperar.
Fuera de los trópicos, el planeta también es muy frío, y las temperaturas invernales harían que esas zonas fueran inhabitables sin tecnología. Ciudades como Arrakeen y Carthag sufrirían tanto estrés térmico por calor como por frío, como una versión más extrema de algunas zonas de Siberia, en la Tierra, donde los veranos pueden ser incómodamente calurosos y los inviernos, brutalmente fríos.
Es importante recordar que Herbert escribió la primera novela de Dune allá por 1965. Fue dos años antes de que Syukuro Manabe, reciente ganador del Nobel, publicara su trascendental primer modelo climático, y Herbert no contó con la ventaja de los superordenadores modernos ni, de hecho, de ningún ordenador. Teniendo esto en cuenta, el mundo que creó sigue pareciendo sorprendentemente coherente seis décadas después.

