Hay muchos artistas famosos que produjeron obras muy creativas mientras se sentían profundamente infelices o sufrían problemas de salud mental. En 1931, el poeta T.S. Eliot escribió una carta a un amigo en la que describía su “considerable agonía mental” y cómo se sentía “al borde de la locura”. Vincent Van Gogh acabó quitándose la vida, después de haber escrito sobre “terribles ataques de ansiedad” y “sentimientos de vacío y fatiga”.
Entonces, ¿cómo se relacionan la creatividad y la felicidad? ¿La felicidad nos hace más creativos o la creatividad nos hace felices?
La mayor parte de las investigaciones realizadas hasta ahora parecen indicar que un estado de ánimo positivo potencia la creatividad. Sin embargo, otros han cuestionado este argumento y sugieren una relación más compleja.
Por ejemplo, un amplio estudio realizado en Suecia reveló que los escritores tenían más probabilidades de sufrir trastornos psiquiátricos en comparación con personas de profesiones no creativas. Incluso en el mundo empresarial se ha sugerido que las emociones negativas pueden despertar la creatividad y que “la ansiedad puede centrar la mente”, lo que da lugar a una mejora en la producción creativa.
Por otro lado, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi llevó a cabo una amplia investigación sobre personas creativas de múltiples disciplinas, en la que encontró un rasgo común entre todas las personas entrevistadas: que amaban lo que hacían y que “diseñar o descubrir algo nuevo” era una de sus experiencias más agradables.
Describe el propósito como algo relacionado con “la realización, el sentido y el valor” y considera que somos más felices cuando existe un “equilibrio entre el placer y el propósito”.
Por tanto, si tu trabajo tiene sentido, es gratificante y valioso, contribuye a sostener tu felicidad. Además, tiene la ventaja añadida de hacer que quieras implicarte y prestar atención (en lugar de tener que hacerlo).
Unir propósito y creatividad proporciona la motivación intrínseca para emprender la creatividad, lo que se ha denominado la “energía para la acción”, y permite que la creatividad se mantenga en el tiempo.
Así pues, si quieres ser creativo a largo plazo, las preguntas clave que debes hacerte son si realizas un trabajo que te resulta interesante y agradable y si ese trabajo tiene valor para ti. O, como afirma la académica estadounidense Teresa Amabile, si “percibes tu trabajo como una aportación de valor a algo o alguien que importa”.
Ansiedad por el rendimiento
Otra pregunta que debes hacerte es: ¿ayudas a otros a obtener esa “energía para la acción”, ya seas directivo de una empresa o profesor en un colegio?
En situaciones en las que el trabajo creativo no se ha asociado con la felicidad, como en el caso de algunos artistas y autores destacados, bien podría ocurrir que su obra creativa siguiera impulsada por un sentido de propósito y que otros factores les hicieran infelices.
Otro elemento común que afecta a la felicidad de muchas personas creativas es la presión que se imponen para ser creativas, algo que a menudo he visto con mis propios estudiantes. Este tipo de presión y estrés puede dar lugar a bloqueos creativos y, en consecuencia, perpetuar el problema.
Así que quizá la solución en estas situaciones sea buscar el placer en lugar del propósito, ya que un estado de ánimo positivo sí parece potenciar la creatividad, o animar a las personas a ser más lúdicas. Para aquellas personas creativas que sufren problemas de salud mental, el panorama es mucho más complejo. Pero quizá el acto de emprender una actividad creativa pueda, al menos, ayudar en el proceso de curación.
