Un nuevo estudio en Australia analiza las experiencias de mujeres refugiadas y migrantes que compartieron arte creativo en exposiciones comunitarias.
Examinó los beneficios de las sesiones, que incluyen ayudarlas a socializar y compartir sus historias.
Las mujeres se apoyaron mutuamente, conocieron las culturas de las demás y se enseñaron nuevas habilidades, incluidas técnicas de costura únicas.
Mujeres de Afganistán, Myanmar, Siria, Irak y otros países se están asentando en comunidades regionales de Australia. Adaptarse a la vida en un nuevo hogar implica afrontar muchos desafíos, pero encontrar un sentido de pertenencia puede facilitar el proceso de asentamiento.
Para las personas que han vivido traumas, incluidas las mujeres de origen refugiado, las artes creativas pueden mejorar el bienestar, fortalecer las conexiones sociales y promover el sentido de pertenencia. Conectar a través de la creatividad también tiende puentes, al abordar los temores de los recién llegados y de las comunidades en torno al asentamiento de personas refugiadas.
En nuestro reciente estudio, analizamos las experiencias de mujeres refugiadas y migrantes en las zonas rurales de Australia, que compartieron su obra en exposiciones de arte comunitarias. Queríamos conocer los distintos beneficios que las artes creativas pueden aportar a los recién llegados mientras afrontan su nueva vida.
La colaboración en materia de investigación con el programa Three Es to Freedom de Anglicare Northcoast se centró en fomentar las conexiones comunitarias para mejorar la inclusión social y alcanzar objetivos personales. Creado en 2016, el programa ha apoyado a 142 mujeres de 36 países. En la vertiente creativa del programa, las mujeres participaron en talleres con artistas comunitarios locales, aprovechando habilidades existentes y desarrollando otras nuevas.
En las exposiciones de Coffs Harbour y Lismore, en el norte de Nueva Gales del Sur, y en Gold Coast, las mujeres exhibieron historias, obras textiles e instalaciones junto con fotografías de ellas mismas.
Mejorar el bienestar y la confianza
El valor terapéutico de la práctica de las artes creativas, especialmente para las personas refugiadas, es bien conocido. El arte puede ser un medio de autoexpresión y defensa de causas, y favorecer buenas sensaciones, especialmente en quienes han vivido traumas.
Las mujeres reflejaron estas experiencias positivas al considerar lo que el dibujo, la pintura y la costura les aportaban. Una mujer nos dijo que la creatividad “me sacó de mi depresión, me ha dado amor”.
Las mujeres crearon elaboradas obras textiles circulares que narraban historias de su infancia. Elaboraron una “tela de historias” colectiva en la que pintaron símbolos que representaban sus trayectorias personales. También realizaron una gran instalación con plumas, con palabras inspiradoras como “fuerte” y “libre”, para mostrar su resiliencia.
No se trata solo del proceso creativo en sí. El disfrute de las mujeres se vio potenciado al reunirse como grupo con experiencias compartidas. Una participante afirmó:
“A veces, si no estás contenta, te ayuda. Vienes al grupo, te vas a casa y te has librado de las cosas negativas que sentías, y eso te hace feliz”.
Las mujeres se apoyaron mutuamente, conocieron las culturas de las demás y se enseñaron nuevas habilidades, incluidas técnicas especiales de costura propias de sus culturas.
Partiendo de habilidades existentes, aprendiendo nuevas destrezas y ganando confianza, las mujeres se animaron a vender sus obras en diversos mercados locales y tiendas emergentes. Una mujer llegó a ser conocida en la comunidad en general por sus excelentes habilidades de confección y creó su propio negocio. Estas nuevas iniciativas abrieron un camino para mujeres a las que antes se había negado el acceso al empleo.
Paralelamente a la creación de sus propias obras, las mujeres fueron fotografiadas por fotógrafos profesionales. Las mujeres vistieron trajes tradicionales, posaron para retratos formales o fueron fotografiadas disfrutando en el huerto comunitario. Como nos dijo una mujer:
“Sí, fueron preciosas. Me veo un poco tímida, pero cuando las miro me alegra ver que todas las señoras salieron bien en las fotos”.
Sentirse escuchada
Otro aspecto importante de este proyecto fue la exposición abierta al público. Saber que la gente se interesaba por conocer sus vidas y su cultura aumentó el sentimiento de empoderamiento de las mujeres y las animó a perseguir sus objetivos.
Una mujer nos dijo:
“Me alegró mucho ver llegar a tanta gente. Estoy muy contenta de que mi historia esté expuesta allí, mi historia sobre mi infancia, recuerdos inolvidables […] Puedo mostrar a la gente en qué consiste mi tradición, para que conozcan mi país”.
Los asistentes escribieron mensajes para las mujeres en pájaros de papel y los colgaron en las paredes de la exposición.
Se encontraban con frecuencia las palabras “bienvenida” y “amistad”, así como dibujos de corazones y palomas de la paz. Esta conversación entre las artistas y los visitantes sirvió de puente entre las personas migrantes y su nueva comunidad. Una participante afirmó que los comentarios positivos “nos hicieron sentir que la comunidad estaba abierta a nosotras”.
Percepciones negativas hacia las personas solicitantes de asilo y refugiadas persisten en Australia. Exposiciones como esta pueden crear encuentros personales significativos con personas de otras culturas, promover la empatía y motivar la acción social. Las comunidades australianas pueden usar el arte para acoger a los recién llegados, invirtiendo en tender puentes entre comunidades y facilitando un asentamiento exitoso.
Como escribió una visitante de las exposiciones Stories of Freedom: “[Gracias por] compartir vuestras historias […] y aportar vuestra hermosa alma a Australia”.



