En un mundo donde los avances tecnológicos parecen estar a la vanguardia de casi todo, a veces puede parecer que, si algo no tiene una pantalla o un teclado, no merece la pena interactuar con ello.
Sin embargo, pese a este contexto de continuos avances tecnológicos, una tradición japonesa de narración de cuentos con siglos de antigüedad está renaciendo para el público actual. Conozcamos el kamishibai —de kami, que significa papel, y shibai, que significa obra o teatro—, la antigua herramienta japonesa para contar historias que muchos bibliotecarios, residencias de ancianos y escuelas utilizan en varios países del mundo.
Pronunciado ka-mee-shee-bye, el kamishibai es un medio tan poderoso que Médecins sans Frontières (Médicos Sin Fronteras) lo adoptó en 2011 como parte de su campaña contra el sida: «Hazte amigo de Malik».
Más recientemente, una organización francesa que promueve el multilingüismo, DULALA —siglas de D'Une Langue A L'Autre, que se traduce como «de una lengua a otra»—, animó a las escuelas francesas a participar en su primer concurso nacional de kamishibai. Este año, DULALA lanzó su primer concurso internacional de «Kamishibai plurilingüe».
Este estilo callejero de narración recuerda a dos tradiciones japonesas: etoki, el arte de narrar con imágenes que se remonta al siglo XII y el benshi, los narradores de películas mudas de principios del siglo XX. Pero, a diferencia de un libro ilustrado, pensado para que lo disfrute una sola persona, el kamishibai es una actividad colectiva, una experiencia compartida. Quienes narran interactúan con el público y suscitan sus reacciones y respuestas.
Breve historia del kamishibai
Desde la década de 1920 hasta principios de la década de 1950, vendedores japoneses de dulces y narradores viajaban en bicicleta de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, y atraían a un numeroso público infantil. Los narradores de kamishibaifijaban su butai —una estructura de madera que era mitad marco para imágenes y mitad escenario teatral— a la parte trasera de la bicicleta, y usaban unas tablillas de madera (hyoshigi) para llamar a los jóvenes espectadores.
A los niños que le habían comprado dulces se les permitía sentarse delante. Una vez que todos estaban acomodados, el narrador de kamishibai comenzaba a contar una historia: sacaba por un lado cada lámina numerada y la colocaba al final de la pila, una tras otra.
En el anverso de las láminas había ilustraciones para que las disfrutara el público, mientras que en el reverso de la lámina anterior aparecía el pasaje correspondiente, que el narrador leía en voz alta.
Para asegurarse de que los clientes volvieran, el narrador de kamishibai se detenía en un momento de suspense. Los niños, deseosos de conocer el final de la historia, regresaban y compraban más dulces.
Teatro de papel
Las representaciones y los talleres de kamishibai son populares en Francia, Bélgica, Italia, España, Alemania, América del Sur y Estados Unidos.
Las láminas pueden acercar al público los cuentos populares de Japón, como Los sombreros para los Jizō. Para el público europeo, pueden centrarse en relatos más cercanos, como La leyenda del abeto de Alsacia, una región cultural e histórica del este de Francia.
«El gran error de la serpiente», una representación interactiva de kamishibai a cargo de Tara McGowan.
También abarcan una amplia variedad de temas, desde la amistad, hasta la vejez, Papá Noel, e incluso el autismo. Pueden ser muy informativos: algunos explican el ciclo del agua, mientras que otros se centran en Leonardo da Vinci o en los supervivientes de la bomba atómica de Nagasaki.
Narradores modernos
El kamishibai es una herramienta sumamente versátil y entretenida, lo que explica por qué las escuelas de muchos países la han incorporado al aula. Ofrece un enfoque integrado no solo para aprender o repasar, sino también para trabajar el teatro y las artes visuales. Por eso, no sorprende que cada vez haya más relatos de kamishibai disponibles en varios idiomas; algunos ofrecen hasta tres niveles de dificultad lectora por relato.
Tara McGowan, que ha publicado varios libros y artículos sobre el kamishibai, explica que esta herramienta ofrece un abanico de posibilidades: «desde un control vertical extremo» —cuando un docente lee un relato de kamishibai publicado a «un público tranquilo de niños bien portados»— hasta prácticas que dan al alumnado la oportunidad de dirigir.
Como resultado, las representaciones de kamishibai pueden adoptar diversas formas. A veces, el narrador lee un kamishibai publicado, pero en ocasiones improvisa e incorpora las perspectivas del público durante la narración. En otros casos, algunos espectadores pueden hacerse cargo de la lectura o la representación de relatos de kamishibai publicados. En última instancia, los participantes pueden crear y representar un kamishibai, individualmente o en grupo, escribiendo un relato original e ilustrando sus propias láminascon dibujos, pintura y collage.
Mi propio teatrillo de kamishibai, cuyas contraventanas azules deberían evocar el sur de Francia al público.
Puedes construir tu propio butai de cartón o de madera. Algunos butai tienen un aspecto bastante sencillo, mientras que otros son auténticas obras de arte; el público siente que se ha trasladado a otro mundo antes incluso de que empiece la historia.




