Migración, geografía y humanidad: Parag Khanna, autor de «MOVE», en el pódcast del Book Club

Parag Khanna, Senior Research Fellow, Lee Kuan Yew School of Public Policy, National University of Singapore, Singapore speaking during the Session "Strategic Geography: Connected Corridors" at the Annual Meeting 2018 of the World Economic Forum in Davos, January 23, 2018.Copyright by World Economic Forum / Sandra Blaser
Parag Khanna, author of MOVE: The Forces Uprooting UsImage: World Economic Forum
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  • El autor de este episodio, Parag Khanna, Joven Líder Global, respondió a preguntas de miembros del Book Club.

  • MOVE: The Forces Uprooting Us aborda uno de los mayores problemas de nuestro tiempo: la migración masiva. Explica por qué el cambio climático desplazará a miles de millones de personas y propone formas de gestionar esa situación en beneficio de los migrantes y de los países que los reciben.

  • Lee un extracto del libro aquí.

Parag Khanna

En el tercer episodio del pódcast del World Economic Forum Book Club Podcast, nos acompaña el geógrafo y Joven Líder Global Parag Khanna.

Parag participó por primera vez en el Book Club en 2019 con su libro The Future is Asian: Commerce, Conflict & Culture in the 21st Century. Es fundador y socio director de FutureMap, una empresa de asesoría estratégica basada en datos y escenarios.

Nos acompaña para hablar de su último libro, MOVE: The Forces Uprooting Us, centrado en la migración masiva y sus causas. También responde a preguntas planteadas por algunos de los 200 000 miembros de nuestro Book Club.

Primero le pregunté a Parag cuáles son las principales fuerzas que impulsan la migración masiva y cómo podemos adaptarnos para evitar los peores resultados. Y, por supuesto, ¿por qué migramos?

Parag Khanna:

Históricamente, el clima siempre ha sido un factor importante en la geografía humana. Si nos remontamos al retroceso de la última glaciación, hace más de diez mil años, empezamos a asentarnos en las latitudes que los científicos llaman el nicho climático: aproximadamente entre los 20 y los 30 grados de latitud. Así que, por supuesto, ahora que el cambio climático se acelera, ese nicho climático se desplaza hacia el norte. Es posible que una gran parte de la población humana también tenga que hacerlo.

Que lo haga es otra cuestión.

Beatrice: ¿Qué otras presiones afectan a la migración? ¿También hay que tenerlas en cuenta en el mundo actual?

Parag: Pensemos en los últimos miles de años, cuando el clima no era uno de los factores. Aun así, la gente migraba porque, por supuesto, la política era un factor importante: guerras civiles, conflictos internacionales, genocidios y demás. Y eso llega claramente hasta el presente. Basta con pensar en el colapso de Siria y ahora en Afganistán, entre otros casos.

También hay crisis económicas y motivos económicos. Durante la crisis financiera de hace más de una década, los europeos del sur se trasladaron al norte de Europa. Los estadounidenses del Rust Belt se trasladaron al Sun Belt, entre otros ejemplos.

La automatización del trabajo: cuando cierra tu fábrica, tienes que irte a otro lugar en busca de empleo, ¿verdad?

Desequilibrios demográficos: la simple brecha entre mayores y jóvenes. La escasez de mano de obra en países envejecidos ha sido un factor determinante, sobre todo en el siglo XX. Pensemos en los turcos en Europa, y en los latinoamericanos y asiáticos en Estados Unidos. Gran parte de ello se debió exclusivamente a desequilibrios demográficos.

En definitiva, todos estos factores están en su punto más intenso, ¿verdad? Todos ellos. Por eso, aunque cueste imaginarlo, no es una suposición descabellada que, con todos estos factores de movilidad y migración en pleno auge, al salir de la pandemia veamos una explosión de la migración masiva.

Lo que me propuse fue explorar los nuevos vectores, las nuevas direcciones y las nuevas geografías de origen y destino. Y, por supuesto, preguntarme si podemos hacer frente a ello. Creo que sí, e intento trazar una hoja de ruta para lograrlo.

Beatrice: En tu libro expones algunos escenarios probables que describen cómo podría hacer frente el mundo a estas distintas presiones. Mencionas las fortalezas regionales y la nueva Edad Media, entre otros. ¿Podrías explicárnoslos?

Parag: Empiezo explorando cuatro escenarios, que no son en absoluto ciencia ficción. Hay que crear escenarios que no sean completamente excluyentes entre sí, porque sus elementos deben poder darse a la vez. De lo contrario, el escenario no es realista y ni siquiera deberías construirlo. No resulta verosímil.

Intenté construir cuatro escenarios plausibles y ponerlos en contraste, pero mostrando cómo todos acabarán haciéndose realidad. Y ahora mismo todos se están haciendo realidad a la vez en este mundo, y así seguirá ocurriendo.

Se construyen en torno a dos ejes: el eje x representa más o menos migración, y el eje y, más o menos sostenibilidad. Uno de los escenarios es el de las fortalezas regionales. Es el que más se parece al presente. En él, grupos como Norteamérica, Europa y el noreste de Asia se aíslan y dicen: «Miren, vamos a invertir en sostenibilidad para nosotros y en autosuficiencia energética, entre otras cosas. Quizá proporcionemos tecnología para ayudar al resto del mundo a hacer frente al cambio climático. Pero desde luego no vamos a recibir a muchos migrantes». Por tanto, a escala mundial quizá no sea muy sostenible, y tampoco habría mucha migración.

El escenario de la nueva Edad Mediase parece más a una lucha de cazadores-recolectores, ¿verdad? Desde el punto de vista climático, se producen reacciones en cadena catastróficas y se interrumpen las cadenas de suministro. Dependemos de nuestros propios recursos locales y tenemos que buscar lo que necesitamos como ciudades y comunidades. También hay fragmentación política, algo muy parecido a la estructura medieval, sobre todo en la Europa de aquella época. Y, por supuesto, eso implica poca sostenibilidad y poca migración.

Bárbaros a las puertases el tercer escenario: poca sostenibilidad y mucha migración, debido a una catástrofe climática insoportable. La gente abandona zonas rojas insostenibles e intenta derribar muros y fronteras, entre otras cosas. Pero, evidentemente, tampoco se invierten grandes cantidades en resiliencia ecológica mundial.

Beatrice: ¡Vaya! Son perspectivas bastante sombrías, pero hay otro escenario al que llamas Luces del Norte, que contempla un enfoque más flexible de la migración: las poblaciones se desplazan según las condiciones locales y, algo fundamental, nuestras infraestructuras están preparadas para acogerlas. ¿Podrías hablarnos un poco más de ello?

Parag: Pues Luces del Nortesignifica, en realidad, que la gente se desplaza continuamente y que nos volvemos más nómadas en muchos sentidos. Por eso tenemos que construir nuestras infraestructuras y hábitats en consecuencia, para que sean más sostenibles y faciliten la movilidad.

No se parece a nada que hayamos tenido antes. Salvo que, durante la mayor parte de los últimos cien mil años, la especie humana fue nómada, aunque no en un sentido de alta tecnología. El escenario de las Luces del Norte representa un nomadismo muy tecnológico y sostenible. Eso fue lo realmente divertido del libro: no pensaba que acabaría entrando en el terreno de la ciencia ficción de Kim Stanley Robinson. Pero empecé a hacerlo, y fue muy gratificante, porque te hace ver la posibilidad de utilizar las herramientas tecnológicas que tenemos hoy a nuestra disposición a una escala universal y mucho más avanzada.

Beatrice: Entonces, ¿cómo son las infraestructuras de esas ciudades? ¿Todo el mundo tendrá que empezar a trasladarse a megaciudades de alta tecnología? ¿Cómo son esos lugares?

Parag: La cuestión no es realmente si podemos construir una megaciudad gigantesca, o varias, para alojar a la gente. La cuestión es si podemos lograr la producción de recursos necesaria para la sostenibilidad humana. No hay una solución milagrosa para responder a eso, ¿verdad? Pero, evidentemente, todo se reduce a lo básico. Tenemos que pensar en el agua, la alimentación y la energía.

Y, al pensar en el agua, lo primero es que los lugares azotados por megasequías no son donde querríamos utilizar las tecnologías más recientes, como la captación de agua atmosférica, una tecnología realmente increíble y prometedora. Ahora mismo puede llenar una piscina con agua dulce en un par de días. Pero eso no basta para abastecer a un pueblo, ¿verdad?

Así que debemos pensar en cómo reasentar a la gente en oasis climáticos, un término que uso mucho en el libro para designar zonas suficientemente fértiles, ¿verdad? ¿Cómo trasladamos allí a la gente sin arruinar esos lugares, de modo que no tenga que huir otra vez porque los hayamos arruinado?

Disponemos de un espacio limitado, sobre todo teniendo en cuenta los efectos climáticos que hemos provocado. Para mí, la misión consiste en aplicar las mejores prácticas para desarrollar hábitats sostenibles. Ampliarlas en estas zonas de oasis climáticos y acoger a la gente, pero con una huella mucho menor. Ese es el proceso de reflexión que debemos seguir.

Beatrice: Cuando hablas de ideas como el nomadismo y la adaptación continua, para ti la migración no es solo un desafío al que hay que hacer frente, sino también una forma clave de adaptarnos al desafío climático. ¿Qué pueden hacer los gobiernos y las empresas para aprovechar la migración como una forma de adaptarnos al desafío climático que todos afrontamos?

Parag: Entre las medidas de adaptación que podemos adoptar están los nuevos tipos de desarrollo urbano, asentamientos de viviendas y hábitats. Eso es adaptación. En el proceso de la COP26, ni en ningún otro ámbito, hablamos de la solución milagrosa, por así decirlo. Y esa solución es la movilidad, es la migración. No hablamos de ello: el clima está aquí y la migración, allá.

Eso es bastante evidente. ¿Por qué? Porque el ámbito de soberanía que sigue siendo sagrado para todos los gobiernos del mundo es el control de quién entra y sale de sus fronteras. Por eso tenemos que trabajar paso a paso, país por país y región por región, para incorporar la migración a la agenda de adaptación climática y darle mayor relevancia en la agenda mundial. Y, por supuesto, los gobiernos deben tomárselo en serio.

Las empresas también desempeñan un papel importante, porque son las que más sufren la escasez de mano de obra. Son las que notan esa presión. Muy pronto habrá cada vez más personas y más países que digan: «Necesitamos más gente». Es algo que defiendo firmemente. Sabemos que, desde el punto de vista ético, moral e incluso económico, en términos monetarios, las restricciones a la inmigración son una mala política económica.

Defiendo que la oferta y la demanda determinen nuestra política migratoria mucho más que la xenofobia y el populismo. Y, por supuesto, en toda la innovación en los ámbitos tecnológicos de los que hemos hablado, las empresas también van a la cabeza. Soy optimista por la increíble cantidad de innovación que se está produciendo en estos ámbitos y por la exitosa aplicación de algunas de estas tecnologías. Y, como sabes muy bien, todo se reduce a la escala, la escala y la voluntad política.

Beatrice: Creo que tienes razón. La voluntad política es el desafío aquí. Mucha gente miraría el mundo actual y diría que la migración está causando graves dificultades sociales. En muchos países crecen el nacionalismo o el nativismo. ¿Cómo encaja en ese panorama la migración masiva?

Parag: Sí, y esto es algo que hay que recordar a todo el mundo, tanto si está a favor como en contra de la inmigración. En los últimos 100 años, cientos de millones de personas —en realidad, más de mil millones— se han reasentado entre continentes y a través de océanos, casi siempre de forma pacífica, mutuamente beneficiosa y con estabilidad política, ¿verdad? Ya lo hemos hecho. No hay nada nuevo en esto, ¿verdad? Se nos da muy bien. Somos muy malos en la cooperación internacional en muchos ámbitos.

Esto es algo que la humanidad ha hecho increíblemente bien: acoger a personas que han sido víctimas de genocidios, conflictos internacionales y guerras civiles. Y no hemos hecho lo suficiente, ¿verdad? Por supuesto, se podría haber reasentado a muchos más refugiados que huían de todos los conflictos de las últimas décadas. Pero me refiero, en términos generales, a la gran y constante acogida de oleadas y oleadas de migrantes que cruzan continentes y océanos. Llevamos más de 200 años haciéndolo a gran escala mundial. No hay nada nuevo en esto. Debemos seguir haciéndolo y facilitarlo, y destinar muchos más recursos fiscales y políticos, no a debatir si la inmigración es buena o mala, sino a promover la asimilación. Se trata de integración.

Cuando miro a Europa, digo que, según las cifras, Europa no tiene un problema de inmigración. Tiene un problema de emigración. Tiene un problema de fertilidad. Por tanto, el verdadero desafío político es asimilar a más migrantes, y se pueden hacer muchos más esfuerzos positivos en ese sentido. Hay buenos casos de estudio. Pensemos en Alemania: ha acogido a más migrantes y, en el proceso, ha aumentado su población activa. Se pueden ver los esfuerzos de integración que hacen los migrantes y también que las fuerzas populistas están perdiendo terreno en el país. Así podría ser. Canadá es otro ejemplo. Incluso Japón: nunca ha habido tantos extranjeros en Japón como ahora mismo.

Beatrice: Entonces, ¿cómo planificamos esto? ¿Cómo nos preparamos y planificamos para este futuro migratorio?

Parag: Para mí, un concepto muy importante del libro es lo que llamo diseño anticipado, ¿verdad? Diseñar de antemano los hábitats capaces de acoger a poblaciones más numerosas y prepararlos para ello. Por ejemplo, el crecimiento impulsado por la oferta y conceptos similares. Y quiero terminar con esto.

Pensemos en la ironía. Las sociedades del mundo que están perdiendo población más rápidamente y tienen la mayor proporción de personas mayores son las más sostenibles y habitables de cara al futuro.

Rusia está perdiendo población. Europa está perdiendo población. Canadá perdería población sin inmigración. Por eso defiendo lo que llamo utilitarismo cosmopolita, ¿verdad? Es decir, fraternidad con nuestros semejantes. Pero también utilitarismo, en el sentido de procurar mejorar las condiciones de vida y el bienestar del mayor número posible de personas. Para ello habrá que permitir que la gente abandone zonas que, por nuestras propias acciones, se han vuelto inhabitables, y ayudarla a reasentarse en lugares que sean habitables.

Nos alegraremos de haberlo hecho, porque la población mundial se está estabilizando en torno a menos de 9 000 millones de personas, posiblemente. Nos interesa hacerlo, porque necesitamos preservar nuestra población como especie humana. Aquí es donde empieza el libro: hace veinte o veinticinco años, los demógrafos predijeron que la población mundial alcanzaría los 15 000 millones y que viviríamos una crisis maltusiana. Pero no estamos en una crisis así. De hecho, tenemos que preocuparnos por el colapso. Por eso debemos preservar nuestra población, y la forma más segura de hacerlo es adaptarnos; adaptarnos significa desplazarnos.

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