A menudo se convence a los terroristas de que podrían ser héroes, así que Suleiman Bakhit ideó una forma creativa de combatir este mito.
El emprendedor social jordano y autor de cómics ha creado una serie de historias para jóvenes musulmanes árabes que ofrecen una narrativa alternativa a las ideologías extremistas.
Sus personajes de cómic, entre ellos héroes como Princess Heart y Element Zero, tuvieron tanto éxito que ahora se distribuyen como libros de texto entre escolares jordanos.
«La principal razón por la que los terroristas se unen a una causa es para ser héroes en su vida. Quieren que su vida importe, quieren formar parte de algo más grande que ellos mismos», afirma Bakhit.
«La única forma de contrarrestarlo es con historias protagonizadas por héroes basados en la esperanza, la tolerancia, la igualdad de género y la aceptación».
Y añade: «Las historias de héroes nos dan un sentido de propósito que, a su vez, impulsa nuestras acciones. Lo mismo ocurre con la ideología extremista».
Los héroes
La historia detrás de sus cómics comienza poco después del 11-S, cuando, mientras cursaba un máster en la Universidad de Minnesota, Bakhit fue atacado por un grupo de hombres «por la sencilla razón de que era árabe».
Pero, en vez de combatir el odio con odio, acudió a escuelas locales para transmitir a niños de seis y siete años el mensaje de que «no todos los árabes son terroristas».
Un día, una niña de seis años le preguntó si había una Barbie árabe. Luego, los niños de la clase quisieron saber si había un Batman árabe. Lo que siguió fue una especie de revelación para Bakhit: en el lugar de donde venía, no había héroes de ficción que los niños pequeños pudieran admirar.
El mensaje cobró aún más fuerza cuando, de vuelta en Jordania, preguntó a los niños de la zona quiénes eran sus héroes. Sus respuestas lo dejaron atónito: «O me miraban sin comprender, o decían que habían oído hablar mucho de alguien llamado bin Laden y de alguien llamado Zarqawi, que luchaban contra Occidente para salvarnos».
Así que Bakhit se puso a crear héroes como Princess Heart, «una mezcla de Alicia en el país de las maravillas y Las mil y una noches», y Element Zero, «una historia de fuerzas especiales árabes, una especie de James Bond de los primeros tiempos». Su primer cómic, Hawker Hunter, que tuvo un éxito arrollador, cuenta la historia de un piloto de combate jordano.
«Son modelos positivos de la vida real que superan grandes desafíos. Los niños pueden seguir su ejemplo y admirarlos», afirma.
Transmitir el mensaje desde una edad temprana
Es fundamental dirigirse a niños de entre ocho y 11 años porque «esa es la edad en que muchos jóvenes empiezan a buscar modelos sociales de conducta».
«Si se les presentan a los niños ejemplos de héroes reales desde tan temprano, se puede fortalecer su resistencia frente a la ideología extremista violenta».
Bakhit cuestiona la idea de que los terroristas procedan de entornos pobres y tengan pocas otras aspiraciones. El problema es más complejo, afirma, citando una estadística de la UNESCO según la cual más de dos tercios de los niños de Jordania sufren maltrato verbal, mientras que la mitad sufre maltrato físico.
«¿Qué les enseñamos sobre la autoridad y la violencia, sobre lo que ocurre cuando cuestionan el poder, sobre el pensamiento crítico y la imaginación? Lo estamos destruyendo. Estamos creando odio y un espacio para que arraigue la ideología extremista».
En sus cómics no hay capas ni superpoderes. En cambio, los personajes afrontan desafíos de la vida real, como el acoso escolar.
Además de contrarrestar los relatos terroristas, Bakhit también combate la misoginia creando heroínas. El cómic Section 9 cuenta la historia de la primera unidad antiterrorista integrada exclusivamente por mujeres del mundo árabe. «Quiero mostrar a los jóvenes de Jordania cómo es una heroína árabe», afirma.
«El propósito de todas estas historias es inculcar un heroísmo positivo en los jóvenes y darles herramientas para que sean los héroes que quieren ser».
Cambiar la mentalidad de los jóvenes
Hasta la fecha se han publicado 1,7 millones de ejemplares, pero Bakhit cree que sus libros han llegado a muchos más jóvenes. Calcula que cada ejemplar se comparte al menos dos veces.
Bakhit reconoce que su organización, Hero Factor, no dispone de fondos para invertir en pruebas empíricas rigurosas que permitan determinar la eficacia de sus libros, pero tiene muchas anécdotas. Por ejemplo, la de un empresario que lo llamó para darle las gracias: tras oír historias de niños radicalizados y temer que su propio hijo cayera víctima de esa ideología, se alegraba de que Hawker Hunter se hubiera convertido en el héroe de su hijo. O la de los niños jordanos a quienes había repartido ejemplares de sus libros: cuando volvió a verlos, los «héroes» extremistas de los que habían hablado habían sido sustituidos por los de los cómics.
Para gran orgullo suyo, los cómics también han dado lugar a una nueva generación de narradores. Bakhit menciona a un grupo de alumnas que han empezado a escribir sus propias historias: «Ya no se trata de mi trabajo, sino de que yo facilite el suyo», afirma.
El año pasado, gracias a una alianza con la Corte Real y la Oficina del Rey, así como con el Ministerio de Educación, sus cómics se convirtieron en libros de texto oficiales. Se distribuirán cada año a todos los alumnos de cuarto y quinto grado (de 10 y 11 años).
«El propósito es incorporar una narrativa alternativa al sistema educativo», afirma Bakhit. «Tú también puedes ser un héroe y descubrir qué tipo de héroe quieres ser. Puedes ser un héroe contra la pobreza o contra la violencia. La idea es que, en vez de morir por algo, ¿por qué no vivir por algo?»
