La verdad detrás de los cuentos de hadas de los Grimm

The statue of German fairy tales writers Jacob and Wilhelm Grimm is seen on the market place of their hometown Hanau near Frankfurt, Germany, March 18, 2016. REUTERS/Kai Pfaffenbach
The Brothers Grimm have recently released a new story due to AI.Image: REUTERS/Kai Pfaffenbach
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Los hermanos Grimm llevan muertos más de 150 años, pero hace poco publicaron una nueva historia con un poco de ayuda de la inteligencia artificial.

La princesa y el zorro surgió cuando un grupo de escritores, artistas y desarrolladores utilizó un programa inspirado en el texto predictivo de los teléfonos para analizar los cuentos recopilados de los hermanos Grimm y sugerir palabras y expresiones similares. Después, los escritores humanos tomaron el relevo para dar forma a las sugerencias algorítmicas de la IA y convertirlas en el más reciente cuento de los Grimm.

Escritores han unido fuerzas con la IA para escribir un nuevo cuento de los Grimm.Image: Calm

El nuevo cuento narra la historia de un zorro parlante que ayuda al humilde hijo de un molinero a rescatar a una hermosa princesa del destino de tener que casarse con un príncipe horrible al que no ama.

Pero aquí está el asunto: los hermanos Grimm no escribieron realmente sus cuentos de hadas. Los recopilaron de amigos, sirvientes, trabajadores y familiares. Por supuesto, los cuentos de hadas siempre se han vuelto a contar. Cobran vida al narrarlos, ya sea cuando un niño escucha un audiolibro en el coche, ve Blancanieves y el cazador en DVD o canta al ritmo de Shrek, el musical en el teatro.

Los cuentos de los Grimm se publicaron por primera vez en 1812 y nunca han dejado de editarse. Los hermanos Grimm participaron en la lucha por la independencia alemana. Como parte de la defensa de la formación de una nación, querían demostrar que los alemanes, como pueblo diferenciado, tenían su propio folclore. También fueron activistas políticos y formaron parte de los Siete de Gotinga que se negaron a jurar lealtad al nuevo rey de Hannover cuando este rechazó una constitución más liberal. Como consecuencia, perdieron sus empleos y Jakob Grimm —como muchos personajes de los cuentos de hadas— tuvo que exiliarse.

Desde entonces, los cuentos de los Grimm se han traducido a cien idiomas y se han vuelto a contar una y otra vez. Han inspirado miles de obras, desde La cámara sangrienta, de Angela Carter hasta La casita del terror de Los Simpson.

Jakob Grimm no fue solo un recopilador de cuentos populares. También fue filólogo (alguien que estudia el lenguaje) y lexicógrafo, y su trabajo sigue siendo influyente hoy en día. Además de ser un maestro narrador, las ideas que desarrolló todavía se investigan en las universidades. La ley de Grimm, llamada así en honor a Jakob Grimm, estudia cómo cambian los sonidos al pasar de un idioma a otro: la «P» tiende a convertirse en «F», mientras que la «G» se convierte en «W», entre otros cambios.

Y vivieron felices para siempre

Los cuentos de los Grimm todavía se transmiten de generación en generación. Y aunque el elenco de princesas y porquerizos parezca muy alejado del mundo en el que vivimos la mayoría, estas historias siguen siendo una parte fundamental de nuestro patrimonio cultural. Los relatos que los hermanos encontraron en el norte de Alemania a principios del siglo XIX ahora pertenecen a todo el mundo.

Cuando era niño y crecía en Oxford, mi padre —refugiado de Alemania y, como Jakob, filólogo— solía contarme el cuento de los Grimm de El príncipe rana durante nuestros paseos dominicales por los terrenos del palacio de Blenheim.

En la versión del cuento de mi padre, la princesa conoció por primera vez a la rana junto al lago —en realidad construido por Capability Brown para el primer duque de Marlborough— cuando se le cayó al agua su juguete favorito, una pelota de oro. Cuando vivieron felices para siempre, la pareja conmemoró su encuentro colocando bolas de oro en lo alto del palacio de Blenheim. Ahora, cuando pienso en el cuento, pienso en el palacio de Blenheim y oigo el chapoteo de la rana en el lago, igual que creí oírlo hace mucho tiempo, cuando era niño.

Eso es precisamente lo que pueden hacer los cuentos: entrelazan a todos sus narradores y lugares, y ahí reside su misterio y su magia. Una vez que existe una historia, cambia nuestra forma de experimentar el mundo. Y esa será la única prueba del «nuevo cuento de los Grimm», La princesa y el zorro: si volverá a contarse y cobrará vida al narrarse.

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