Desde Vincent Van Gogh hasta Kanye West, la figura del artista melancólico y atormentado ocupa un lugar destacado en la imaginación popular. Pero las investigaciones sugieren que la clave de la creatividad tiene poco que ver con la angustia. Al investigar mi libro The Happiness Track, descubrí que las ideas más revolucionarias suelen surgir de la relajación.
La historia muestra que muchos inventores famosos concibieron ideas novedosas mientras dejaban vagar la mente. En 1881, por ejemplo, el célebre inventor Nikola Tesla enfermó gravemente durante un viaje a Budapest. Allí, un amigo de la universidad, Anthony Szigeti, lo llevaba a pasear para ayudarlo a recuperarse. Mientras contemplaban el atardecer en uno de esos paseos, Tesla tuvo de pronto una intuición sobre los campos magnéticos giratorios, que a su vez conduciría al desarrollo del mecanismo eléctrico de corriente alterna moderno.
De manera similar, Friedrich August Kekulé, uno de los químicos orgánicos más célebres de la Europa del siglo XIX, descubrió la estructura en forma de anillo del compuesto químico orgánico benceno mientras fantaseaba con el famoso símbolo circular de una serpiente que se muerde la cola. Y es bien sabido que Albert Einstein recurría a la música —en particular, a Mozart— cuando se enfrentaba a problemas complejos y necesitaba inspiración.
En pocas palabras, la creatividad surge cuando la mente está distraída, divagando o en reposo. (Por eso tenemos tantos momentos de «¡ajá!» en la ducha.) Las investigaciones del profesor de Psicología de la Universidad de California en Santa Bárbara Jonathan Schooler y sus colegas, por ejemplo, concluyen que las personas son más creativas después de fantasear o dejar vagar la mente. Y en un artículo publicado en Annual Review of Psychology, Schooler y el profesor de Psicología Jonathan Smallwood descubrieron que, cuando las personas aprenden una tarea difícil, obtienen mejores resultados si primero trabajan en una tarea sencilla que favorezca la divagación mental y luego vuelven a la más difícil. La idea es equilibrar el pensamiento lineal —que requiere una concentración intensa— con el pensamiento creativo, que nace del ocio. Alternar entre ambos modos parece ser la manera óptima de hacer un buen trabajo inventivo.
Cómo la vida moderna obstaculiza la creatividad
El problema es que muchos podemos pasar días enteros sin dejar la mente en reposo. En el trabajo, analizamos problemas intensamente, organizamos datos, escribimos: todas actividades que requieren concentración. En los ratos libres, nos sumergimos en el teléfono mientras esperamos en la fila de una tienda o nos enganchamos a Netflix al terminar el día.
Tenemos que encontrar maneras de darle un respiro al cerebro. Si la mente procesa información constantemente, nunca tenemos la oportunidad de dejar que los pensamientos vaguen y la imaginación divague. Por suerte, hay varios cambios respaldados por investigaciones que puedes hacer para impulsar tu creatividad.
En primer lugar, imita a genios creativos como Charles Dickens y J. R. R. Tolkien e incorpora a tu rutina diaria un paseo largo, sin el teléfono. Un estudio de 2014 (PDF), publicado en Journal of Experimental Psychology, descubrió que las personas que daban paseos a diario obtenían mejores puntuaciones en una prueba de pensamiento creativo que quienes no lo hacían, y que quienes paseaban al aire libre proponían analogías más novedosas e imaginativas que quienes caminaban en cintas de correr.
En segundo lugar, sal de tu zona de confort. En vez de concentrarte intensamente y en exclusiva en tu campo, aprende una nueva habilidad o toma una clase. Viaja a lugares nuevos y relaciónate con personas ajenas a tu sector. Las investigaciones muestran que diversificar tus experiencias ampliará tu forma de pensar y te ayudará a encontrar soluciones innovadoras.
En tercer lugar, dedica más tiempo a divertirte y jugar. Stuart Brown señala en su libro Play que los seres humanos somos los únicos mamíferos que dejamos de jugar al llegar a la edad adulta. Es una lástima, porque las investigaciones de la psicóloga Barbara Fredrickson, autora de Positivity, muestran que jugar, al mejorar el estado de ánimo, nos hace sentir más felices y también más ingeniosos. Así que juega un rato a buscar la pelota con tu perro, únete a los niños para jugar a Twister o apúntate a un grupo de improvisación o a un club de fútbol.
Por último, alterna el trabajo que requiere concentración con actividades menos exigentes desde el punto de vista intelectual. Adam Grant, profesor de Gestión de la Wharton School y autor de Give & Take, sugiere que organizar el día de este modo puede darle al cerebro un descanso muy necesario y dejar espacio para tu próxima gran idea.
