El próximo partido de Kosovo contra Islandia es mucho más que fútbol

Match referee Jon Moss uses vanishing spray to mark the boundary of the ball during a free kick in the English Premier League soccer match between Arsenal and Crystal Palace at the Emirates stadium in London August 16, 2014. REUTERS/Stefan Wermuth (BRITAIN - Tags: SPORT SOCCER) FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. NO USE WITH UNAUTHORIZED AUDIO, VIDEO, DATA, FIXTURE LISTS, CLUB/LEAGUE LOGOS OR "LIVE" SERVICES. ONLINE IN-MATCH USE LIMITED TO 45 IMAGES, NO VIDEO EMULATION. NO USE IN BETTING, GAMES OR SINGLE CLUB/LEAGUE/PLAYER PUBLICATIONS - RTR42NSG
Participation in the 2018 FIFA World Cup will help Kosovo to garner international recognitionImage: REUTERS/Stefan Wermuth
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La estrella australiana del fútbol Besart Berisha viajó recientemente en avión a Pristina, la capital de Kosovo, para jugar por el país donde nació. «Para mí es un momento muy emocionante y espero tener un gran partido», declaró a la prensa.

Previsto para el 25 de marzo, el partido —Kosovo contra Islandia— forma parte de la primera ronda de las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA 2018. Pero es mucho más que un simple partido de fútbol. La diplomacia deportiva ha sido la estrategia más exitosa que Kosovo ha puesto en práctica para obtener reconocimiento internacional.

Han pasado nueve años desde que Kosovo declaró su independencia de Serbia, después de que los albanokosovares buscaran la independencia durante las guerras yugoslavas. Las tensiones existentes entre albanokosovares y serbios llegaron a su punto álgido y culminaron en la guerra de Kosovo, entre 1998 y 1999, que requirió la intervención de la ONU.

El camino de Kosovo hacia el pleno reconocimiento internacional continúa: hasta ahora, 114 Estados miembros de la ONU han reconocido al país. La oposición de China y Rusia a reconocerlo impide que Kosovo se convierta en miembro de la ONU; recientemente, Rusia aseguró a Serbia que no cambiaría de postura.

La mayoría de los países que reconocieron a Kosovo lo hicieron en 2008-2009. Desde entonces, los países que lo apoyan han sido pocos y el número de reconocimientos lleva años estancado, salvo que Serbia finalmente decida reconocer oficialmente a Kosovo (algo que parece muy poco probable). Así pues, la estrategia de usar el deporte como herramienta de visibilidad y legitimidad permite a Kosovo reivindicar su existencia política.

Las estrategias de marca de Kosovo

Para superar este estancamiento, el país ha adoptado estrategias alternativas. Su intensa diplomacia digital propició que Facebook lo reconociera: ahora los usuarios pueden seleccionar «Kosovo» como país de origen, mientras que antes la opción predeterminada era Serbia. Una nominación al Óscar en 2016 por un cortometraje también generó interés.

El deporte también se utiliza activamente como herramienta diplomática. No fue casualidad que, durante su discurso de felicitación a Kosovo por su independencia, el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, mencionara la afiliación del país a la FIFA y el título olímpico conquistado por la campeona de judo Maljinda Kelmendi como grandes logros para el país. Participar en eventos deportivos internacionales es una forma simbólica de que un país demuestre su propia existencia.

¿Quién podría negar que Kosovo existía cuando Kelmendi ganó el título olímpico de judo en Río 2016 ante los ojos del mundo? ¿Quién puede negar que el país existe cuando su selección nacional de fútbol participa en las eliminatorias para la Copa Mundial de 2018?

Participar en un evento deportivo internacional permite a un Estado —especialmente si es joven o pequeño— aparecer en el mapa y acostumbrar al mundo a ver su bandera y escuchar su himno nacional. En este sentido, el deporte es una herramienta de poder blando y una forma asequible de obtener reconocimiento simbólico internacional.

Croacia, Qatar y Jamaica, por mencionar algunos, conocen bien este proceso; el atletismo les ha dado una visibilidad muy superior a su peso político en el mundo.

Para Kosovo, la decisión crucial llegó a finales de 2014, cuando el Comité Olímpico Internacional decidió por unanimidad admitir al país como miembro oficial, allanando el camino para que otras federaciones deportivas internacionales hicieran lo mismo. La FIFA y la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) siguieron sus pasos en 2016.

De hecho, el camino de Kosovo hacia la afiliación a la FIFA comenzó poco después de la independencia, en 2008, gracias a Fadil Vokrri, exjugador del Partizan de Belgrado que había representado a la selección nacional yugoslava en la década de 1980. Se convirtió en presidente de la federación de fútbol de Kosovo en 2008 y, consciente de que su país no obtendría la afiliación hasta que la mayoría de los países lo reconocieran políticamente, defendió un enfoque paso a paso: desde incorporar a Kosovo al sistema internacional de transferencias hasta permitir que sus equipos jugaran partidos amistosos, algo que la FIFA autorizó en 2013.

Diplomacia futbolística

El caso de Kosovo muestra hasta qué punto el fútbol puede ser político. En primer lugar, mientras que figuras destacadas de la FIFA estaban dispuestas a aceptar a Kosovo, el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini, se oponía a la medida, y calificaba el caso de político.

En segundo lugar, dado que Serbia y otros países, como Rusia, Grecia y España, se oponían a que la FIFA permitiera siquiera a Kosovo jugar partidos amistosos, la federación tuvo que negociar tanto con la UEFA como con Serbia para encontrar un compromiso.

Por eso la FIFA no permitió que Kosovo disputara partidos amistosos antes de 2013, aunque técnicamente era posible. El entonces presidente de la FIFA, Sepp Blatter, insistió en negociar un acuerdo con la federación serbia en lugar de tomar una decisión unilateral.

El punto de inflexión parece haber sido un acuerdo político de 2013 entre Belgrado y Pristina, alcanzado de manera extraoficial y firmado bajo la supervisión de la UE. En él, Serbia se comprometió a dejar de obstaculizar el camino de Kosovo hacia las organizaciones deportivas internacionales.

Aun así, Serbia sigue trabajando contra el reconocimiento de Kosovo en otras organizaciones internacionales, como la UNESCO. Cuando Kosovo solicitó recientemente convertirse en miembro, 50 países rechazaron su solicitud.

Vokrri espera que algún día la selección nacional de Kosovo sea un símbolo de la identidad cívica del país, que incluya a todos sus ciudadanos, sin importar su nacionalidad: albanesa, serbia o romaní. Podría ser, me dijo en una entrevista, muy parecida a la selección nacional de Bosnia, que hoy es multiétnica.

Para los investigadores que buscan aprender sobre las dinámicas de identidad y la inclusión en Kosovo, parece que no hay mejor herramienta que el fútbol.

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