Este año, 2020, se cumple el 250.º aniversario del nacimiento de Beethoven y es una ocasión para reflexionar sobre un artista que sufrió y superó dificultades extraordinarias;
En su Sinfonía n.º 9, Beethoven expresó una amplia filosofía existencial que abarcaba su creencia en la unidad, la tolerancia, la paz y la alegría;
Culminando en Oda a la alegría, ofrece un mensaje de alegría, esperanza y optimismo muy necesario en este tiempo de crisis.
Este artículo forma parte de una serie de los Líderes Culturales del Foro Económico Mundial sobre cómo desarrollar resiliencia durante la pandemia.
Ingenuamente, pensé que 2020, al menos desde mi perspectiva como músico, sería un año trascendental que marcaría el 250.º aniversario del nacimiento de Beethoven. Nuestro concierto inaugural en la 50.ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial de este año fue un comienzo emocionante para un año de celebración de Beethoven.
Aunque 2020 está resultando ser un año que todos recordaremos, el aniversario de Beethoven quizá no sea su característica más distintiva o definitoria.
Como directora de orquesta, perder mi instrumento, la orquesta, a causa de la COVID-19 ha sido un golpe. La conexión humana es el corazón y el alma de la dirección orquestal; consiste en conectar con numerosos músicos para crear e interpretar obras para grandes grupos de oyentes en un momento compartido, singularmente único.

Dicho esto, es muy apropiado que Beethoven, un artista que sufrió y superó dificultades extraordinarias, esté tan estrechamente vinculado a este año de desafíos humanos sin precedentes.
Beethoven ha sido durante mucho tiempo un héroe para mí. ¿Puedes imaginar cómo habría sido saber, al comienzo de la veintena, que poco a poco perderías la audición, justo aquello que tanto te importaba y que necesitabas desesperadamente?
Por supuesto, esta revelación fue devastadora y, comprensiblemente, contempló quitarse la vida; pero su firme compromiso con su propósito artístico no solo lo mantuvo avanzando, sino que lo impulsó a superarse creativamente como nunca. En muchos sentidos, creo que su incapacidad para oír dio lugar a una creatividad interior que desafió la historia y le permitió trascender todos los límites.
Para Beethoven, la música era la vida: expresaba sus verdades más íntimas y servía de vehículo para su filosofía personal.
Beethoven compuso la Sinfonía n.º 9 tras una pausa de 10 años en la composición sinfónica y, para entonces, seguir las reglas le importaba aún menos. Es una sinfonía compuesta por un inconformista, un rebelde, un líder.
Al añadir el texto de Schiller, filósofo a quien admiraba profundamente, e incorporar el sonido y la inflexión de la voz humana, Beethoven expresó una amplia filosofía existencial que abarcaba su creencia en la unidad, la tolerancia, la paz y la alegría.
En diciembre, emprendí un proyecto de un año en colaboración con Carnegie Hall llamado La oda global a la alegría con actuaciones previstas en seis continentes junto a 12 orquestas diferentes, que incluirían nueve textos de nueva creación para nuestros oyentes del siglo XXI.
Mi idea era celebrar la esencia de Beethoven, genio musical y ciudadano del mundo, de una manera que lo revitalizara para el público actual. A la luz de la situación mundial que vivimos, este proyecto se ha convertido en una metáfora del camino que todos recorremos: estamos juntos en esto, unidos, al menos por ahora, por el miedo y la incertidumbre.
Ya vemos destellos de la bondad y la amabilidad de la humanidad: personas que se ayudan entre sí, cuidan de los ancianos y las personas vulnerables, y dedican sus esfuerzos a producir bienes que se necesitan desesperadamente. Espero que estos sean solo los primeros indicios de la bondad en la que Beethoven creía de todo corazón.
La Novena de Beethoven es un viaje que culmina en la Oda a la alegría, pues la alegría es la emoción más poderosa para unirnos y galvanizarnos que compartimos como seres humanos.
Mi aspiración —poner en primer plano la Sinfonía n.º 9 de Beethoven para el siglo XXI— ha evolucionado necesariamente a medida que nuestras circunstancias han cambiado drásticamente. Para mí, ya no es una mera aspiración: es una misión. Está clarísimo que necesitamos la Novena de Beethoven, con su mensaje de alegría, esperanza, optimismo, bondad y unidad.
Aprovechen bien este tiempo: dediquen un rato a hablar con sus seres queridos sobre aquello que les da alegría a cada uno. Juntos resistiremos, superaremos esta situación y volveremos a vivir con alegría.

