Por qué los deportistas activistas son hoy más necesarios que nunca

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  • El activismo en el deporte tiene una larga y orgullosa historia en Estados Unidos y en todo el mundo, y los acontecimientos actuales lo hacen más importante que nunca.

  • Para apoyarse en esta trayectoria y encontrar un camino a seguir, hará falta liderazgo en todos los niveles de la sociedad, también por parte de deportistas de gran notoriedad.

  • Sin embargo, para marcar una diferencia real, los deportistas necesitan el apoyo de todos los actores del deporte.

«Para mí, esto es más grande que el fútbol americano, y sería egoísta por mi parte mirar hacia otro lado. Hay cadáveres en las calles y gente que cobra una baja remunerada y queda impune por asesinato».

Esas fueron algunas de las palabras del quarterback de los San Francisco 49ers Colin Kaepernick en agosto de 2016, cuando explicó su postura ante la injusticia racial que persiste en Estados Unidos y por qué se negó a ponerse de pie para el himno nacional antes de un partido de pretemporada de la NFL. Kaepernick también decidió arrodillarse durante los partidos siguientes; sus acciones inspiraron a muchos, pero también recibieron duras críticas. Se pidió a los propietarios de equipos de la NFL que despidieran a los jugadores que siguieron su ejemplo.

Las protestas de Kaepernick han vuelto de golpe a la conciencia pública tras las brutales acciones contra George Floyd, cuya muerte se ha convertido en uno de los símbolos del movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos y en todo el mundo. Las contundentes imágenes yuxtapuestas de Kaepernick «arrodillándose» y del agente de policía que apoyó su rodilla en el cuello del Sr. Floyd durante su detención en Minneapolis dicen mucho. En plena pandemia de COVID-19, la muerte de Floyd ha provocado manifestaciones multitudinarias en Estados Unidos y en todo el mundo, con manifestantes que exigen soluciones al abuso policial sistémico y a la injusticia racial y social más amplia.

¿Cómo seguimos adelante? ¿Puede el deporte ayudar a reparar de forma concreta los agravios del pasado y del presente, y contribuir a construir un futuro mejor y más justo para todos?

Son preguntas importantes que no tienen respuestas rápidas. Lo que está claro es que encontrar un camino a seguir exigirá un liderazgo íntegro en todos los niveles de la sociedad, también por parte de deportistas de gran notoriedad. El activismo de Kaepernick y el apoyo que ha recibido de otras figuras del deporte, más recientemente del piloto de Fórmula 1 Lewis Hamilton, nos recuerdan el papel fundamental que han desempeñado deportistas y otras figuras públicas a lo largo de los años, tanto como símbolos del cambio social como en calidad de defensores de las reformas necesarias. También nos invita a recordar por qué la libertad de expresión es un derecho fundamental y por qué hace falta más diálogo y comprensión, también sobre cómo ejercer ese derecho de manera responsable en el mundo del deporte.

Conviene recordar la orgullosa tradición del activismo de los deportistas en Estados Unidos. Pensemos en el ejemplo de Jackie Robinson al integrar el béisbol profesional, o en Billie Jean King, que impulsó la igualdad de género en el tenis. Pensemos en la negativa de Muhammed Ali a combatir en la guerra de Vietnam, que inspiró el saludo del Poder Negro de Tommie Smith y John Carlos en los Juegos Olímpicos de Ciudad de México de 1968. Pensemos también en el papel que desempeñaron deportistas como Arthur Ashe y Magic Johnson para reducir el estigma del VIH/sida, y en el activismo constante de Kareem Abdul Jabbar, cuya escritura y liderazgo han contribuido a dar forma al debate público sobre cuestiones de raza y religión. Colin Kaepernick forma parte de esa larga tradición.

A medida que crecen las manifestaciones de Black Lives Matter, más deportistas alzan la voz. Numerosos profesionales de las principales ligas han salido a las calles para sumarse a las protestas. Los jugadores de la NFL se unieron para pedir a la liga que condenara el racismo y reconociera su responsabilidad por haber intentado silenciar a los jugadores. Sus voces claramente están marcando la diferencia: el comisionado de la NFL, Roger Goodell, reconoció que la liga se había equivocado al «no escuchar» antes a los jugadores y al no animar a todos a alzar la voz y protestar pacíficamente.

La NFL y otras ligas deportivas, incluido el movimiento olímpico, son grandes empresas, y sus dirigentes deben dar ahora los siguientes pasos junto con los deportistas y otras partes interesadas. Afrontan muchos desafíos: no solo cómo reanudar las competiciones de forma segura durante la pandemia, sino también cómo garantizar el respeto de los derechos fundamentales, incluida la libertad de expresión. Las ligas deportivas tienen un papel difícil, pero fundamental, que desempeñar en el apoyo a los deportistas que defienden los derechos humanos.

No debería sorprendernos que los deportistas quieran expresar su identidad y sus convicciones dentro y fuera del terreno de juego. Es hora de que veamos a deportistas que alzan la voz para mostrarse tal como son. Pero también reconocemos que todos los actores del deporte deben respaldar sus acciones, no solo los propios deportistas.

Es responsabilidad de todas las personas involucradas en el deporte desarrollar estrategias que apoyen la libertad de expresión y de reunión, como deben hacerlo con todas las demás normas internacionales de derechos humanos. Solo se debería intervenir si las opiniones expresadas socavan los derechos humanos de otras personas. La libertad de expresión debe ejercerse de manera que se respeten los derechos y la reputación de los demás.

Queda mucho trabajo por hacer para que se escuchen y respeten las voces de los deportistas y de otras personas mientras afrontamos esta lucha central por los derechos humanos de nuestro tiempo. En el Centro para el Deporte y los Derechos Humanosya colaboramos con una amplia variedad de actores del mundo del deporte para buscar soluciones prácticas a los problemas de derechos humanos: desde mejorar las condiciones de quienes construyen y trabajan en instalaciones deportivas hasta proteger la seguridad y la salud de los deportistas menores de edad. Sabemos lo que se puede lograr cuando todas las personas involucradas en el deporte tienen voz en la toma de decisiones y trabajan juntas para impulsar los cambios necesarios.

Hoy tenemos una oportunidad sin precedentes para ampliar aún más esas conversaciones e incorporar más voces al diálogo y a la acción conjunta, tan necesarios para promover la justicia racial y social en todo el mundo. Estamos convencidos de que hacerlo no solo ayudará al deporte a alcanzar sus ideales más elevados, sino que también contribuirá a que nuestro mundo respete verdaderamente la dignidad inherente y la igualdad de derechos de todas las personas.

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