Si 2019 fue el año en que Greta Thunberg y los científicos ambientales situaron de lleno en la agenda la incómoda verdad del cambio climático, 1962 fue el año en que la ficción climática cobró protagonismo.
La novela de JG Ballard El mundo sumergido analizó los peores efectos del calentamiento global e inauguró un género de “cli-fi”.

No solo la ficción climática se está convirtiendo cada vez más en realidad. En 1984, William Gibson acuñó el término “ciberespacio” y, a finales de los años sesenta, John Brunner escribía sobre los efectos del crecimiento de la población.
Aquí tienen una selección de ficción distópica en libros con una inquietante resonancia en la actualidad.
1. El mundo sumergido de JG Ballard (1962)
Ambientada en un Londres irreconocible, tropical e inundado en el año 2145, la obra del autor británico Ballard es una de las primeras del género de la ficción climática. Sigue a un equipo de científicos que investiga la flora y la fauna de lo que fue la capital del Reino Unido, pero que, debido a los extremos cambios ambientales provocados por tormentas solares, se ha convertido en un pantano hirviente.
2. Neuromante de William Gibson (1984)
Henry Case, el antihéroe de la novela de debut futurista del escritor estadounidense-canadiense Gibson, es un hacker informático en un mundo en el que la inteligencia artificial lo puede todo. En un relato corto publicado dos años antes, Gibson fue uno de los primeros en usar la palabra, hoy omnipresente, “ciberespacio”, que describe en Neuromante como: “Una alucinación consensuada experimentada a diario por miles de millones de operadores legítimos”. También se le llama “la Matriz”, y es aquí donde Case cobra vida.
3. Ruido blanco de Don DeLillo (1985)
La novela de DeLillo se considera una sátira sobre el consumismo y la tecnología, donde ir de compras es terapia y la familia protagonista se alimenta de un flujo constante de información. Pero también es la historia de un desastre provocado por el hombre, una píldora llamada Dylar, que trata el miedo a la muerte, y de los niños, que son los que mejor conectan con el mundo natural.
4. Stand on Zanzibar de John Brunner (1968)
A finales de los años sesenta, el autor británico Brunner predijo que en 2010 la población mundial sería tan numerosa que llenaría toda la isla de Zanzíbar si la gente se pusiera de pie hombro con hombro, de ahí su título. El hacinamiento es tan grave que se han implantado controles eugenésicos y a algunas personas no se les permite procrear. Brunner también imaginó el auge del terrorismo global y la creciente aceptación del matrimonio homosexual.
5. Parábola del sembrador de Octavia Butler (1993)
En Los Ángeles de 2024, hay sequía y subida del nivel del mar; el agua es tan escasa que se considera tan preciada como el dinero, pueblos enteros se privatizan y la gente vive en comunidades cerradas, protegiéndose con muros y armas. La protagonista, Lauren, de 15 años, que ha nacido con hiperempatía (la capacidad de sentir el dolor ajeno), observa: “La gente ha cambiado el clima del mundo”.
6. Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932)
En la ciudad del Estado Mundial de 2540, creada por Aldous Huxley, los bebés se cultivan en frascos para encajar en los nichos del sistema de clases, mientras que los adultos se mantienen tranquilamente satisfechos mediante una mezcla de drogas, tecnología, entretenimiento y pornografía. Los temas de la novela anticiparon las interminables distracciones presentes en el mundo actual y la idea de que estas podrían desviar nuestra atención de los problemas más importantes.
