La Organización Mundial del Comercio sigue siendo necesaria, y se está reformando para la era de la IA

A logo is pictured in front of the World Trade Organization (WTO) in Geneva, Switzerland, July 22, 2020. REUTERS/Denis Balibouse
The World Trade Organization remains the backbone of global trade.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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  • La Organización Mundial del Comercio (OMC) sigue siendo la columna vertebral del comercio mundial y se está modernizando, no marginando, a pesar de lo que dicen sus críticos.

  • El marco emergente de la OMC para los flujos de datos, la transparencia algorítmica y las normas digitales podría sustituir un conjunto fragmentado de regímenes nacionales por normas interoperables.

  • Una agenda de reforma en la OMC transformará las cadenas de suministro al integrar a las pequeñas y medianas empresas y preservar los mercados abiertos.

Pese a los desafíos persistentes para la cooperación mundial, existe una realidad del comercio internacional con la que coincidirá todo director ejecutivo: el comercio mundial sigue necesitando un ancla multilateral creíble.

En la última década, la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha afrontado retos en los debates sobre política, y algunos consideran que lucha por adaptarse a la dinámica comercial moderna y que han sido los acuerdos bilaterales los que la han desplazado, además de verse lastrada por la geopolítica. Creen que su papel se ha reducido en una economía impulsada en gran medida por los datos, la inteligencia artificial (IA) y los servicios digitales.

Pero la realidad no podría ser más distinta. Según la OMC, alrededor del 72% del comercio mundial de bienes sigue realizándose con arreglo a sus normas arancelarias por defecto.

Los procedimientos aduaneros, las normas de transparencia y las garantías de acceso a los mercados se derivan todos de esta arquitectura. Sin ella, corremos el riesgo de agravar la fragmentación y de que los resultados comerciales vengan dictados por la geopolítica.

Cómo se reforma la OMC

La OMC está experimentando, de forma discreta, la transformación más significativa de sus 30 años de historia. Los marcos normativos que surjan de esta reforma determinarán la ventaja competitiva, el acceso a los mercados y el riesgo regulatorio de todas las empresas expuestas al comercio global.

Hay tres fuerzas estructurales que orientan la agenda de reforma de la OMC:

1. La IA ya ocupa un lugar central en la política comercial

La IA está redefiniendo la industria manufacturera, las finanzas, la logística y los servicios profesionales. Según el Informe sobre el Comercio Mundial 2025 de la OMC, la IA podría elevar las exportaciones mundiales hasta un 40 % por encima de la tendencia para 2040.

La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, advierte al mismo tiempo: «El acceso a las tecnologías de IA y la capacidad de participar en el comercio digital siguen siendo muy desiguales».

La esperanza es que los esfuerzos de la OMC por establecer normas interoperables para los flujos de datos, la transparencia algorítmica y la responsabilidad conduzcan a un marco regulatorio unificado, en lugar de tener que navegar por 164 regímenes distintos, cada uno con normas diferentes.

Las diferencias en los costes de cumplimiento, el tiempo de salida al mercado y la exposición jurídica se miden en miles de millones.

Los proveedores de servicios en la nube, las plataformas fintech y las empresas de logística impulsadas por la IA ya están lidiando con requisitos de localización de datos contradictorios en distintas jurisdicciones, un problema que las normas armonizadas de la OMC podrían resolver.

El marco emergente de la OMC en materia de IA determinaría si las inversiones en infraestructura en la nube son económicamente viables, si los flujos transfronterizos de datos siguen siendo predecibles y si los competidores más pequeños pueden acceder a las mismas herramientas digitales que los actores consolidados.

2. La integración de las pymes redefine la dinámica competitiva

Las pequeñas y medianas empresas representan el 90 % de las empresas del mundo, pero siguen estando insuficientemente representadas en el comercio internacional, ya que solo generan el 34 % de las exportaciones mundiales pese a su predominio numérico.

La simplificación de la documentación, la digitalización de los procesos y la reducción de los costes de cumplimiento podrían integrar a millones de empresas en las cadenas de valor mundiales, impulsando la competitividad y la resiliencia de los sectores y las economías.

La agenda de reforma de la OMC prioriza de forma explícita la facilitación del comercio digital, lo que permitirá reducir los plazos aduaneros de semanas a horas. Se centra en simplificar el cumplimiento normativo para que la exportación resulte económicamente viable para los actores más pequeños, en el acceso transparente a las cadenas de valor mundiales y en el respaldo a las empresas dirigidas por mujeres y jóvenes.

Para las grandes multinacionales, esto significa acceder a proveedores más ágiles y especializados, así como nuevas oportunidades de colaboración. Para las pymes, significa reducir las barreras para competir a escala global. En cualquier caso, el panorama competitivo está cambiando, y las empresas que lo anticipen obtendrán una ventaja de pionero.

La OMC es imperfecta, pero sigue siendo esencial para anclar una economía mundial moldeada por la IA, los servicios digitales y la rivalidad geopolítica.

3. El crecimiento sostenido sigue requiriendo mercados abiertos

En medio de los titulares sobre el «friend-shoring», la relocalización de la producción y el nacionalismo de las cadenas de suministro, persiste una verdad económica fundamental: ninguna economía importante ha logrado un crecimiento sostenido mediante el proteccionismo.

La doctora Okonjo-Iweala defendió esta tesis con firmeza en la Reunión Anual 2024 del Foro Económico Mundial, celebrada en Davos (Suiza): Reunión Anual 2024: «Debemos pensar la globalización de otra manera... La razón [es] que las personas pobres de los países ricos quedaron excluidas y que los países pobres o en desarrollo se quedaron al margen. En el nuevo paradigma, no queremos repetir la misma historia».

La modernización de la OMC:

  • Afectará directamente a la capacidad de las empresas para entrar en nuevos mercados sin negociar acuerdos bilaterales con 166 países miembros distintos.

  • Resolverá las disputas comerciales mediante mecanismos establecidos, en lugar de aranceles de represalia.

  • Permitirá planificar inversiones de capital a largo plazo con seguridad regulatoria y acceder al talento mundial y a los polos de innovación sin fricciones burocráticas.

El sistema de solución de diferencias de la institución, actualmente paralizado, proporcionó en su momento un foro neutral para resolver los conflictos comerciales. Sin él, proliferan las subvenciones sin control, persisten las barreras de acceso a los mercados y los resultados comerciales dependen cada vez más de la presión política y no del mérito jurídico.

Por qué la reforma sigue siendo difícil

Persisten los desafíos estructurales y políticos. La toma de decisiones basada en el consenso puede consolidar el estancamiento. Las grandes economías siguen recurriendo a aranceles unilaterales y políticas industriales.

Los nuevos ámbitos, como la gobernanza de la IA, la protección de datos y la sostenibilidad, requieren una elaboración normativa compleja. Las subvenciones se están extendiendo a todos los sectores, lo que complica cualquier esfuerzo por mantener unas condiciones de competencia equitativas.

Aun así, las imperfecciones de la institución no restan importancia a su papel. Un mundo fragmentado no puede gestionar las normas sobre IA, las medidas comerciales vinculadas al clima, los servicios digitales transfronterizos ni las crisis de las cadenas de suministro únicamente mediante acuerdos bilaterales. Estas cuestiones requieren una gobernanza multilateral.

Un logotipo en la sede de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra (Suiza), 2 de junio de 2020Image: REUTERS/Denis Balibouse

Qué debería hacer el mundo empresarial

Jens Lund, consejero delegado de DSV, la mayor empresa de transporte de mercancías del mundo, señaló en octubre de 2025: «En un mundo marcado por la turbulencia geopolítica, las tensiones comerciales y las perturbaciones climáticas, las cadenas de suministro prosperan no evitando los problemas, sino anticipándolos».

En este sentido, los líderes empresariales deberían tratar la reforma de la OMC como una cuestión estratégica:

  • Participar a través de las asociaciones sectoriales para dar forma a las normas emergentes.

  • Incorporar la planificación de escenarios regulatorios a la estrategia, incluidos los escenarios de mayor fragmentación o de renovado multilateralismo.

  • Diversificar los proveedores, sobre todo a medida que las pymes adquieren herramientas para incorporarse a las cadenas de valor mundiales.

  • Seguir de cerca las negociaciones sobre el sistema de solución de diferencias, que determinarán si el sistema recupera su credibilidad.

Las empresas que participen en la elaboración de normas se beneficiarán de la previsión y la estabilidad. Aquellas que ignoren los procesos multilaterales se enfrentarán a costes de cumplimiento crecientes e incertidumbre estratégica.

La OMC es imperfecta, pero sigue siendo esencial para anclar una economía mundial moldeada por la IA, los servicios digitales y la rivalidad geopolítica. La cuestión no es si la OMC es obsoleta, sino si el mundo puede permitirse un futuro sin ella.

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