Cada vez más, los gobiernos han adoptado la inteligencia artificial (IA) agéntica para las actividades de servicio público, pero aún se enfrentan a dificultades para implementarla de forma responsable y eficaz.
Un nuevo informe titulado Hacer que la IA funcione para el gobierno: un marco de preparación presenta el primer marco sistemático para evaluar por dónde deben empezar los gobiernos con la IA agéntica.
El éxito de la IA agéntica en el gobierno depende de un enfoque estratégico centrado en los flujos de trabajo, que parte de casos de uso manejables y de alto valor y que se guía por una gobernanza sólida y una preparación local realista.
Imagine: un ciudadano solicita ayudas para la vivienda a las 21:00 de un domingo. Para la mañana del lunes, sus documentos han sido verificados, su elegibilidad evaluada por tres organismos y su solicitud aprobada, todo ello sin que un solo empleado público haya iniciado sesión.
Puede sonar a ciencia ficción, pero en realidad todo esto podría ser posible con la inteligencia artificial (IA) agéntica y aplicarse en varios departamentos gubernamentales. Esta realidad resulta cada vez más atractiva ante presupuestos más ajustados, plantillas cada vez más reducidas y expectativas crecientes de una experiencia digital fluida en los servicios públicos.
En este contexto, la IA agéntica está atrayendo una atención considerable. A diferencia de las herramientas de automatización anteriores, que gestionaban tareas aisladas, los sistemas de IA agéntica pueden coordinar flujos de trabajo completos: recopilar información, tomar decisiones, derivar casos y ofrecer resultados más allá de los límites organizativos.
Para los gobiernos, esto supone un avance significativo.
Sin embargo, el entusiasmo por el servicio no garantiza necesariamente una buena implementación. Una reciente encuesta de Capgemini a 350 organizaciones del sector público reveló que el 90% planea explorar o desplegar la IA agéntica en los próximos dos o tres años. Ese nivel de impulso es estimulante, pero también es una señal para actuar con cautela. Según predice Gartner, más de el 40% de los proyectos de IA agéntica podrían cancelarse para 2027, a menudo porque las organizaciones han avanzado sin una idea clara del valor real que encierran.
Un nuevo informe titulado Hacer que la IA funcione para el gobierno: un marco de preparación, del Foro Económico Mundial, el Global Government Technology Centre Berlin y Capgemini, pretende cerrar esa brecha mediante la introducción del primer marco sistemático para evaluar por dónde deben empezar los gobiernos con la IA agéntica.
Con la IA agéntica, los gobiernos pueden pasar de automatizar tareas individuales a ofrecer resultados completos.
Manuel Kilian, director gerente, Global Government Technology Centre, Berlín
Empezar por la pregunta adecuada
La pregunta que se hacen la mayoría de los gobiernos es: ¿por dónde empezamos? Una vez decidida la adopción de la IA agéntica, aún quedan decisiones sobre cómo priorizarla, secuenciarla y desplegarla de forma que realmente genere resultados.
La respuesta exige una forma distinta de pensar el trabajo gubernamental. La IA agéntica no se ajusta con facilidad a los organigramas ni a las estructuras departamentales. Funciona a través de flujos de trabajo, es decir, procesos recurrentes de principio a fin que atraviesan ministerios y organismos.
Piense en la evaluación de la elegibilidad, la detección de fraudes, la concesión de permisos y el tratamiento de documentos. Estas son las unidades que importan para la IA agéntica, y no el organigrama.
“Con la IA agéntica, los gobiernos pueden pasar de automatizar tareas individuales a ofrecer resultados completos”, afirmó Manuel Kilian, director gerente del Global Government Technology Centre en Berlín. “Quienes actúen estratégicamente desde ahora –cartografiando sus flujos de trabajo y construyendo los cimientos adecuados– estarán en una posición fundamentalmente más sólida que quienes no lo hagan.”
Lo que realmente muestra el marco
El informe sitúa 70 funciones gubernamentales clave en función de dos factores: el potencial de la IA agéntica para aportar valor público y la complejidad de desplegarla de forma responsable.
El resultado es un mapa de preparación que muestra dónde los gobiernos pueden avanzar con confianza, dónde se necesita más preparación y dónde conviene, por ahora, actuar con cautela.
Los resultados son alentadores. La mitad de las 70 funciones evaluadas se sitúan en las categorías de preparación alta o media. Las actividades de servicio público, como la gestión de citas, la validación de documentos y la provisión de información pública, obtienen especialmente buenos resultados.
Se trata de funciones basadas en normas y de gran volumen, en las que la IA agéntica puede marcar una diferencia visible para la ciudadanía con relativa rapidez y sin un riesgo excesivo.
Esto es importante porque los primeros logros generan la confianza institucional necesaria para abordar más adelante problemas más complejos.
Este informe ayudará a las organizaciones del sector público a pasar de la ambición a la implementación de la IA agéntica.
Marc Reinhardt, responsable global del sector público, Capgemini
Marco global, decisiones locales
Ningún marco global puede indicar a un gobierno exactamente qué debe hacer. El contexto local, como el estado de la infraestructura digital, las capacidades de la fuerza laboral, el entorno regulatorio y la confianza pública en la IA, determina lo que es realmente viable.
Una función que obtiene una puntuación baja a escala global podría ser perfectamente alcanzable en una jurisdicción con una gobernanza de datos sólida y voluntad política. La misma función podría resultar un reto mayor en otros lugares.
El informe ofrece seis pasos prácticos para cerrar esa brecha:
Evaluar con honestidad las condiciones locales.
Desarrollar estrategias de riesgo antes del despliegue.
Ajustar las puntuaciones globales con el conocimiento local.
Secuenciar empezando por las funciones de alta preparación.
Probar mediante pequeños proyectos piloto antes de escalar.
Revisar la evaluación periódicamente, porque el panorama seguirá cambiando.
En todo ello subyace la idea de autonomía acotada: ser deliberados sobre lo que los agentes de IA pueden hacer, mantener a las personas participando de forma significativa en el proceso y ser transparentes sobre cómo se toman las decisiones.
Es lo que marca la diferencia entre una IA agéntica que genera confianza y una que la erosiona.
Marc Reinhardt, responsable global del sector público en Capgemini, afirmó: “Este informe ayudará a las organizaciones del sector público a pasar de la ambición a la implementación de la IA agéntica.
“Con este marco, pueden identificar dónde el equilibrio entre riesgo y recompensa es el adecuado, y aprender sobre la marcha, ampliando a áreas más complejas cuando estén preparadas.”
El coste de equivocarse
No hacer nada no es una opción neutral. Los gobiernos que retrasan la acción corren el riesgo de depender de soluciones desarrolladas en otros lugares, para contextos muy distintos de los suyos.
Sin embargo, actuar sin una estrategia tiene sus propios costes: pilotos fragmentados, recursos desperdiciados y una pérdida de confianza institucional que puede frenar la adopción de la IA durante años.
Los gobiernos que más aprovechan la IA agéntica no son necesariamente los más avanzados tecnológicamente. Son aquellos que son honestos sobre su situación actual, tienen claro hacia dónde quieren ir y son disciplinados en la forma de llegar.
Para eso está diseñado este marco.


