¿De dónde procedían los primeros europeos?

¿De dónde procedían los primeros europeos?
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Gran parte de las pruebas sobre el origen de los primeros europeos procedía inicialmente de comparar cráneos, pero nuestro trabajo con ADN antiguo está revelando nuevos hallazgos, cuyos resultados se publican este mes en Science.

Antes de seguir, debemos examinar qué nos decían los cráneos. Durante varias décadas, a partir de la década de 1970, el antropólogo físico estadounidense William Howells registró decenas de miles de cráneos humanos conservados en colecciones de museos de todo el mundo.

Los patrones identificados por Howells establecieron correlaciones claras entre la geografía y la biología humana, lo que aportó información para comprender la historia del poblamiento mundial.

En 1989, Howells incluyó varios cráneos fósiles humanos en esta comparación para determinar si podían aportar información sobre la dispersión de los humanos modernos.

¿Están emparentados los primeros australianos y los europeos?

Uno de los patrones que surgieron fue que muchos de los cráneos de los primeros humanos modernos europeos, de la última Edad de Hielo —comúnmente conocidos como los hombres de Cro-Magnon—, se situaban estadísticamente muy cerca de los de los aborígenes australianos y los habitantes de Papúa Nueva Guinea.

¿Reflejaba esto un origen común estrechamente compartido entre los primeros europeos y los primeros australianos? Nuestra investigación, dirigida por Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague, revela que la respuesta es «no exactamente».

El genoma recuperado de un esqueleto antiguo, procedente de un yacimiento conocido como Kostenki 14, ha revelado una historia importante sobre el pasado humano de Europa.

Los restos, hallados en 1954 en Kostenki, en el suroeste de Rusia, pertenecían a un hombre de baja estatura y piel oscura que vivió hace entre 38.700 y 36.200 años.

Hoy se acepta generalmente que los análisis multivariantes que comparan cráneos antiguos y modernos no indican necesariamente una relación biológica más estrecha entre cráneos de aspecto similar.

Más bien, esto refleja aspectos como los patrones que observamos en muchos fósiles de los primeros humanos modernos, que son relativamente grandes y robustos en comparación con poblaciones posteriores del Holoceno.

Sin embargo, la historia que revela el ADN antiguo es mucho más compleja.

Entre los restos de este antiguo ruso, procedentes de Kostenki 14, se encuentra uno de los cráneos de humanos modernos más antiguos y completos de Europa.

En el análisis multivariante original de Howells, el cráneo se situaba estadísticamente muy cerca de los de los primeros australianos, pero su ADN cuenta una historia muy distinta.

Nuestro estudio muestra que Kostenki 14 compartía ascendencia genética con los cazadores-recolectores de Europa y también con los primeros agricultores, lo que sugiere que sus antepasados se cruzaron con miembros de la misma población de Oriente Medio que más tarde se convirtieron en agricultores y llegaron a Europa.

Esto llevó a Eske Willerslev a decir: «Kostenki ya era plenamente europeo».

Fuera de África

Todos los humanos modernos —incluidos rusos y australianos— descienden de una migración inicial fuera de África. Según el registro fósil, parece que esta ocurrió hace unos 100.000 años en el Próximo Oriente, en Skhul y Qafzeh.

Al principio se creyó que esta expansión inicial de Homo sapiens fuera de África había sido efímera, y que Homo neanderthalensis había regresado al suroeste de Asia hace unos 60.000 años.

Además de lo que su genoma nos revela sobre los orígenes europeos, el genoma de Kostenki 14 también resulta fascinante porque contiene el registro genético de un periodo poco posterior a que los antepasados de los europeos se hibridaran con los neandertales.

Ahora sabemos que los humanos y los neandertales se mezclaron al principio de la historia humana, en algún momento antes de hace 45.000 años. Así lo demuestra el hecho de que el genoma de Kostenki 14 tuviera un poco más de ADN neandertal que el de los europeos y asiáticos actuales, quizá hasta un 1 % más.

Además, su ADN contiene largos tramos de ADN neandertal, mucho más extensos que los que se encuentran actualmente en muchas personas no africanas. De hecho, el más largo de estos tramos suma alrededor de 3 millones de pares de bases.

Tras el periodo de hibridación antigua, estos largos segmentos de ADN empiezan a fragmentarse por los procesos de reproducción sexual. Sin embargo, en Kostenki 14 se han conservado bien estos largos segmentos.

El equipo de investigación utilizó entonces la longitud de estos tramos de ADN neandertal para estimar mejor la fecha de mezcla entre neandertales y humanos, y obtuvo una fecha aproximada de hace 54.000 años.

Observamos que los datos genómicos de un humano moderno de Siberia de hace 45.000 años, que fueron publicados durante el proceso de revisión de nuestro estudio, también muestran segmentos más largos de ascendencia neandertal, lo que respalda aún más nuestras conclusiones.

Dada la posición divergente de la muestra de Kostenki 14, el equipo también se preguntó si contenía fragmentos de ADN mezclado procedentes de otros homininos que no se habían muestreado anteriormente. Curiosamente, la distribución de los tramos de ADN divergente no aporta pruebas de otras secuencias de ADN que indiquen flujo génico procedente de otros humanos arcaicos.

La secuenciación del genoma de Kostenki 14 constituye un importante logro técnico y científico, e ilustra la importancia de recuperar genomas de restos antiguos para comprender la complejidad de los orígenes humanos.

Solo cuando disponemos de genomas completos recuperados de épocas pasadas, como fue posible con Kostenki 14, podemos detectar y medir mejor acontecimientos importantes de la historia pasada de especies como la nuestra.

Publicado en colaboración con The Conversation

Autor: David Lambert es decano de Investigación de Griffith Sciences y profesor de Biología Evolutiva en Griffith University. Michael Westaway es investigador sénior en Griffith University.

Imagen: La réplica de un cráneo neandertal se exhibe en el nuevo Museo Neandertal de Krapina, localidad del norte de Croacia. REUTERS/Nikola Solic

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