La Organización de las Naciones Unidas (ONU) calcula que, para 2050, el 66% de la población mundial vivirá en ciudades. Esto ejerce una presión sin precedentes sobre las ciudades de todo el mundo para optimizar el nivel de vida de la ciudadanía, las organizaciones y las instituciones.
Ciudades como Dubái, Singapur, Yinchuan y Copenhague están experimentando con nuevas tecnologías y servicios digitales para abordar problemas específicos que afectan a sus habitantes. Copenhague, por ejemplo, se ha fijado el objetivo de convertirse en la primera capital neutra en carbono para 2025. La ciudad redujo las emisiones de CO2 un 38% entre 2005 y 2015.
Como parte de un proyecto de investigación más amplio, investigamos con el equipo de Copenhagen Solutions Lab (CSL), la innovadora incubadora de Copenhague dedicada a impulsar iniciativas de ciudades inteligentes.
Nuestra investigación revela que, aunque la tecnología es importante para el desarrollo de ciudades conectadas, también intervienen otros factores más «blandos», y hemos identificado tres que son clave para el éxito de las ciudades conectadas del futuro.
1. Empoderamiento de la ciudadanía
El papel de la ciudadanía en las ciudades está cambiando. Muchas personas ya no quieren ser consumidoras pasivas dirigidas por la ciudad, sino que desean estar empoderadas y participar activamente en el intercambio de servicios entre la ciudad, los proveedores y las comunidades. La tecnología ya está ayudando a la ciudadanía a participar en la prestación de servicios esenciales, como el gas y la electricidad, el transporte y la recogida de residuos. Sin embargo, creemos que, cada vez más, los servicios urbanos deberán adaptarse para ser transparentes, empoderar a la ciudadanía y responder a sus iniciativas, a fin de satisfacer las necesidades de las comunidades y las personas.
Una iniciativa reciente, puesta en marcha por el Departamento Técnico y de Medio Ambiente de Dinamarca, uno de los socios del CSL, invitó a la ciudadanía a dar su opinión sobre cómo mejorar los carriles para bicicletas de la ciudad. Los comentarios se enviaron a través del mapa interactivo en línea de Copenhague. En los primeros 12 días se presentaron 10.000 recomendaciones. Esta información se está utilizando para elaborar la estrategia de infraestructura para carriles bici de 2017-2025. Es un buen ejemplo de cómo empoderar a la ciudadanía para que participe puede ayudar a la ciudad a planificar mejor su infraestructura.

En el futuro, la ciudadanía querrá impulsar nuevas formas de interactuar con los servicios urbanos y utilizarlos mediante una participación activa. Por ello, los proveedores de estos servicios deben permitir que el público contribuya y crear soluciones más personalizadas y adaptadas a la ciudadanía.
2. Colaboración abierta y experimental
La colaboración verdaderamente abierta entre unidades incubadoras y diversos socios organizativos y ciudadanos será el sello distintivo de las ciudades conectadas exitosas. Sin embargo, en la práctica, crear colaboraciones eficaces es sumamente difícil. Necesitamos una cultura de colaboración nueva y diferente.
Marius Sylvestersen, director del programa de ciudades inteligentes del CSL, explica que las colaboraciones deben basarse en la transparencia, la voluntad de compartir datos y un conjunto común de valores. Esto exige una mentalidad especialmente abierta por parte de las organizaciones que desean participar.
Para facilitar la colaboración abierta y el intercambio de conocimientos, el CSL puso en marcha Copenhagen Street Lab en 2016. Allí, organizaciones como TDC, Hitachi, Citelum y Cisco colaboran con el CSL para encontrar nuevas soluciones a los problemas de la ciudad y de sus habitantes.
El laboratorio prueba soluciones que pueden personalizar la experiencia de la ciudadanía y proporcionar datos en tiempo real para facilitar una gestión pública ágil. La información personalizada y en tiempo real sobre aparcamiento es una de las soluciones que se están explorando. El CSL y sus socios, como el Departamento Técnico y de Medio Ambiente, buscan una manera de utilizar las plazas de aparcamiento libres mediante una plataforma bajo demanda, en la que quienes tienen permisos de estacionamiento residencial puedan poner sus plazas a disposición de otras personas cuando no las utilizan. Esto reduciría el tráfico de vehículos que buscan aparcamiento y optimizaría el flujo general del tráfico.
Quizá la función más importante del laboratorio sea probar la viabilidad de sistemas para implementarlos en la infraestructura urbana existente. Así, ofrece una prueba de concepto antes de ampliarlos a otras zonas de la ciudad. Las organizaciones que utilizan Street Lab para experimentar y probar nuevas ideas se benefician de la interacción con otros innovadores, tanto de su propio sector como de otros. Esto permite un aprendizaje continuo y aporta perspectivas sobre nuevas soluciones.
En Bloxhub, una nueva asociación de miembros sin ánimo de lucro que reúne a personas y organizaciones en la intersección de la arquitectura, el diseño, la construcción y la digitalización, se están impulsando la innovación y el intercambio de conocimientos. Situadas en la zona histórica de Copenhague, las organizaciones asentadas en estas calles empedradas están a la vanguardia de la reflexión sobre una nueva vida urbana.
Al CSL llegan nuevos conocimientos a través del programa de doctorado industrial. En él, los estudiantes de doctorado pasan la mitad del tiempo en el CSL y la otra mitad en la universidad, investigando un área relacionada con las ciudades conectadas. Estas iniciativas abren vías para establecer numerosas nuevas colaboraciones.
3. Recompensar lo intangible
Creemos que el éxito de las ciudades conectadas también dependerá de que las organizaciones adopten una nueva mentalidad: que proveedores, prestadores de servicios, socios y otros colaboradores dejen atrás una forma de operar impulsada por el beneficio y adopten un modelo de equidad colectiva. Por ejemplo, socios de ciudades conectadas como Hitachi, TDC, Cisco y Citelum colaboran para obtener recompensas que van más allá del simple beneficio económico.
El CSL anima a sus socios a valorar la experiencia, los conocimientos, las relaciones y la innovación conjunta como recompensas tan importantes para sus organizaciones como los beneficios. Esto incluye recompensar a los empleados por su capacidad de colaborar, adoptar una innovación impulsada por la demanda y crear nuevas alianzas a largo plazo basadas en el valor.
En las ciudades, estas nuevas innovaciones y colaboraciones dependerán cada vez más de la disponibilidad de grandes conjuntos de datos. En Copenhague, por ejemplo, en 2016 se creó el primer mercado de datos urbanos para la compra y venta de datos, como una Asociación de Innovación Público-Privada con Hitachi, la ciudad de Copenhague y la Región Capital. The City Data Exchange (CDE), como se denomina, se dotó inicialmente de los datos existentes en las plataformas de datos abiertos de la ciudad. Ahora también se anima a las organizaciones a vender sus datos a través de la plataforma.
Con estos datos, las organizaciones pueden impulsar la innovación, establecer nuevas alianzas y aprovechar nuevas oportunidades. Pero se necesita una estrategia distinta de remuneración y recompensas que anime a los empleados a dedicar tiempo y esfuerzo a aprovechar estas oportunidades más intangibles y incipientes. Esto, a su vez, puede ayudar a las organizaciones a atraer nuevos talentos y contribuir a ampliar sus redes e iniciativas de colaboración.
En Copenhague y otras ciudades del mundo se está innovando mucho para crear experiencias ciudadanas más conectadas y optimizadas. Aunque a menudo se considera que la tecnología es el principal motor de estas transformaciones urbanas, es igual de importante atender los factores más «blandos» de las ciudades conectadas: empoderar a la ciudadanía, crear colaboraciones abiertas y experimentales, e identificar nuevas estrategias para recompensar logros menos orientados al beneficio.
