Las enfermedades humanas que amenazan a los animales

Las enfermedades humanas que amenazan a los animales
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La amenaza de que las enfermedades pasen de los animales a las personas ha sido objeto de numerosos estudios y está bien documentada en la comunicación pública y científica. Se estima que el 60 % de las enfermedades infecciosas en humanos procede de animales. Sin embargo, debemos preocuparnos por la amenaza que representan las personas para la salud de los animales.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la salud de las personas está relacionada con la de los animales y el medio ambiente. Este enfoque se conoce como el concepto One Health.

Un reciente estudio sugiere que los animales domesticados durante periodos más largos tienen más probabilidades de compartir sus enfermedades con los seres humanos. Y hemos sido testigos de las devastadoras enfermedades que han surgido en hospedadores silvestres y han afectado a las personas, como el virus del ébola, el hantavirus, el SARS y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Sin embargo, el impacto que la creciente presencia de humanos y animales domésticos en hábitats previamente prístinos tiene sobre la fauna silvestre está insuficientemente documentado.

Las personas propagan enfermedades de forma involuntaria

Los patógenos suelen coevolucionar con sus hospedadores. Esto significa que alcanzan un equilibrio dentro de una población, de modo que una especie desarrolla defensas que dan lugar a la coexistencia entre patógeno y hospedador. Pero cuando surgen nuevas interacciones entre especies o se produce una alteración en el ecosistema, este equilibrio puede verse alterado. Esto da lugar a una mayor vulnerabilidad frente a las enfermedades emergentes.

Un ejemplo de ello es el hongo quítrido (Bactrachochytrium dendrobatidis), que causa una enfermedad cutánea letal en las poblaciones de anfibios a escala mundial. Algunas especies, como la rana toro americana y la rana de uñas africana, son resistentes al hongo. El movimiento accidental o intencionado de estos animales puede provocar la introducción de la enfermedad en poblaciones de ranas que no han estado expuestas previamente a ella.

En el caso de algunas especies de ranas, existen diversos factores humanos que han propiciado la propagación de la enfermedad. Estos factores también han contribuido a la extinción de algunas poblaciones. Entre ellos figuran el comercio mundial de anfibios de compañía y de laboratorio, la destrucción de hábitats y la transferencia del hongo a través del equipo y el calzado de las personas que acceden a los hábitats.

Las personas han trasladado su ganado y sus mascotas durante siglos. No se trata de un fenómeno nuevo, ya que las enfermedades se introdujeron entre los pueblos indígenas y la fauna silvestre durante la exploración europea del Nuevo Mundo, la colonización de África y el establecimiento de rutas comerciales hacia el Lejano Oriente.

Las enfermedades que se propagan

Los seres humanos son reservorios de numerosas enfermedades. Influyen en las enfermedades de la fauna silvestre tanto mediante la interacción directa como a través de actividades indirectas.

La interacción directa con animales salvajes incluye el ecoturismo, la caza de animales silvestres para consumo, la investigación y el traslado de mascotas, lo que conlleva un riesgo de propagación de enfermedades en ambos sentidos.

Los gorilas en peligro de extinción viven en las montañas de Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo. Están rodeados de algunas de las comunidades humanas más densas de África. Como resultado, se ha producido un contacto regular entre estos animales y las personas debido a la habituación, los movimientos de los gorilas, la expansión humana y los programas de investigación beneficiosos. Esto ha acercado a estos animales a las personas y a sus patógenos.

Como consecuencia, se han propagado infecciones respiratorias y parasitosis. Se han registrado brotes de enfermedades y muertes en gorilas debido al sarampión y a la neumonía bacteriana. También hemos observado poliomielitis y sarampión en chimpancés salvajes de Tanzania.

La tuberculosis humana (TB), causada por Mycobacteria tuberculosis, es otra enfermedad que afecta a una gran variedad de animales salvajes, entre ellos chimpancés, elefantes y rinocerontes.

Aunque la mayoría de los casos se han producido en cautividad, el mayor contacto entre la fauna silvestre y los humanos en estos entornos supone un riesgo para la salud animal. También existe riesgo de enfermedad en situaciones de semicautividad, en las que los animales pueden interactuar también con sus congéneres silvestres, especialmente en países con una alta tasa de tuberculosis, como Nepal.

Se ha reconocido que la TB humana es causa de muertes en elefantes de trabajo en Nepal. La concienciación ha permitido poner en marcha programas para prevenir la transmisión de humanos a elefantes y reducir al mínimo el impacto de la enfermedad en los elefantes.

La tuberculosis bovina, causada por Mycobacterium bovis en el ganado, se reconoció inicialmente en Sudáfrica en 1880, donde se considera una enfermedad exótica. En 1928 se identificaron los primeros casos en un kudu mayor y en un duiker común. En menos de 100 años, esta enfermedad se ha detectado en más de 21 especies de fauna silvestre diferentes en Sudáfrica.

La tuberculosis bovina también se ha establecido en otras poblaciones de todo el mundo. Entre ellas figuran los tejones y los jabalíes de Europa, los ciervos de Norteamérica y los posums de cola de cepillo de Nueva Zelanda.

Las actividades indirectas derivan del desarrollo humano en hábitats previamente prístinos, de los viajes a escala mundial y del cambio climático. Esto también ha aumentado el riesgo de transmisión de enfermedades a través de actividades indirectas. Por ejemplo, el protozoo parásito humano Giardia duodenalis se ha detectado en licaones en peligro de extinción, gorilas de montaña y castores. Se cree que las personas contaminan el medio ambiente, lo que provoca la exposición de los animales a través de la escorrentía de aguas residuales.

Otros impactos indirectos, menos evidentes, causados por los humanos incluyen el desplazamiento o la expansión de los límites geográficos de vectores de enfermedades, como los mosquitos. El virus del Nilo Occidental se introdujo en Estados Unidos en 1999, probablemente como resultado del traslado de un ave o de mosquitos infectados, o posiblemente del viaje de un humano infectado.

Desde entonces, se han producido mortandades masivas en aves silvestres y en otra fauna autóctona y no autóctona de Estados Unidos. Además, también se han registrado graves consecuencias para la salud de los caballos y de las personas.

Es necesario ampliar el conocimiento para comprender el papel que desempeñan los humanos en las enfermedades de los animales domésticos y silvestres. Podemos contribuir a la aparición de enfermedades emergentes mediante el cambio climático, el uso del hábitat, los desplazamientos globales y locales de especies, y las interacciones con los animales y su entorno. Necesitamos comprender mejor cómo mitigar los efectos de las enfermedades sobre nuestra fauna silvestre.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Michele Miller es titular de la Cátedra de Investigación en Tuberculosis Animal de la Universidad de Stellenbosch.

Imagen: Un koala de 9 años come en el zoo. REUTERS/Yves Herman.

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