2016 será recordado como un año de sobresaltos políticos populistas.
El voto del Reino Unido a favor del Brexit en junio y la elección de Donald Trump como presidente en noviembre situaron el nacionalismo en el centro de la política mundial.
Mientras tanto, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, se prepara para protagonizar su propio vuelco electoral este año en Europa.
Sin embargo, según analistas de Deutsche Bank, el auge llevaba mucho tiempo gestándose.
«Para explicar las decisiones de voto, algunos analistas han destacado la conexión entre una sensación de pesimismo general entre (algunos sectores de) el electorado y el apoyo a los populistas», señalaron el viernes en una nota a sus clientes las economistas de Deutsche Bank Barbara Boetscher y Patricia Wruuck.
La nota incluye cuatro gráficos reveladores que muestran cómo el populismo llegó a convertirse en el movimiento político dominante del Occidente moderno y remontan sus raíces a principios de la década de 2000. Eche un vistazo a los gráficos a continuación:
El populismo ha quedado vinculado a la sensación de que los problemas del propio país se ven agravados por los problemas del resto del mundo.

Con esto en mente, más personas han vuelto la mirada hacia un líder autoritario que centre su atención en objetivos nacionales, en lugar de internacionales. Deutsche Bank señaló: «Un punto importante es que una perspectiva negativa puede inducir a las personas a optar por “la opción más arriesgada”, es decir, la opción populista, porque sienten que ya han sufrido una pérdida».

El populismo y el extremismo político llevan años en ascenso, especialmente en Europa. Los autoritarios tanto de izquierda como de derecha han ido ganando popularidad.

El populismo político está asociado a la incertidumbre sobre las políticas gubernamentales. El Brexit es un buen ejemplo, porque antes de que se alcance un acuerdo nadie sabe cuál será el resultado económico. «Los altos niveles de incertidumbre tienen costes económicos y operan a través de diversos canales», señaló Deutsche Bank. «Es probable que una elevada incertidumbre política obstaculice la inversión, porque las empresas posponen decisiones o reducen sus presupuestos de inversión».

