Cómo la distensión entre Corea del Norte y EE. UU. nivela el terreno de juego

U.S. President Donald Trump shakes hands with North Korean leader Kim Jong Un as they meet at the demilitarized zone separating the two Koreas, in Panmunjom, South Korea, June 30, 2019. KCNA via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THIS IMAGE. NO THIRD PARTY SALES. SOUTH KOREA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN SOUTH KOREA. - RC17C5D89720
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Tras el desenlace sombrío e inconcluso de la cumbre de Hanói a principios de este año, Donald Trump protagonizó el 30 de junio un paso histórico al convertirse en el primer presidente en ejercicio de EE. UU. en pisar Corea del Norte, donde estrechó la mano de Kim Jong Un. Posteriormente, Trump invitó a Kim a la Casa Blanca: se trata de una victoria diplomática sustancial para Corea del Norte. Aunque los 20 pasos de Trump en Corea del Norte dan un rayo de esperanza a más de 80 millones de coreanos de cara a un futuro pacífico y cooperativo, la realidad puede ser menos segura. Pese a la distensión entre los dos líderes y sus respectivos países, aún está por ver si durará.

Antes de la primera reunión entre Trump y Kim, el 12 de junio de 2018, la relación entre EE. UU. y Corea del Norte se encontraba en su punto más bajo. Tras la cumbre Trump-Kim —cuando Corea del Norte se comprometió a abandonar sus pruebas de misiles y a someterse a una desnuclearización completa a cambio de la retirada de sanciones—, el reservado líder norcoreano salió de su letargo y su imagen comenzó a mejorar en la escena internacional. Ateniéndose al acuerdo no vinculante firmado durante la cumbre de Singapur, en 2018 no se detectaron más pruebas de misiles por parte de Corea del Norte y se destruyeron algunas instalaciones de ensayos nucleares. Kim, animado por su nueva aceptación, emprendió una ofensiva de encanto mejorando las relaciones con aliados importantes de todo el mundo.

En septiembre de 2018, por primera vez, Kim se reunió con el presidente de Corea del Sur. Las dos Coreas han restablecido sus comunicaciones militares y radiofónicas, así como sus proyectos ferroviarios conjuntos, y se están llevando a cabo intercambios deportivos. Además, las dos Coreas estudian presentar una candidatura conjunta para coorganizar los Juegos Olímpicos de 2032. Después de 2018, la relación de Kim con China, el mayor aliado y garante de seguridad de Corea del Norte, ha mejorado, ya que ha visitado el país cuatro veces en menos de un año. El comercio fronterizo entre China y Corea del Norte ha cobrado impulso, con un notable aumento del número de camiones que cruzan el Puente de la Amistad sino-coreana desde noviembre de 2018. El primer ministro chino, Xi Jinping, podría por fin visitar Corea del Norte en 2019.

Sin embargo, la realidad es que, mientras las espectaculares demostraciones de lanzamientos de misiles se abandonaron tácticamente en 2018, Corea del Norte sigue produciendo materiales nucleares y desarrollando bases de misiles. En lugar de una desnuclearización completa, Kim ha seguido con el desarrollo encubierto de su programa nuclear. En septiembre de 2018, el New York Times informó de que Kim ha estado continuando en silencio el desarrollo de sus armas nucleares e instalaciones. Trump se está dando cuenta, por fin, de la ardua tarea que supondrá la desnuclearización, y está rebajando sus expectativas, centrándose en construir una relación más interpersonal que diplomática con el líder norcoreano.

Tras la segunda cumbre de Hanói, ha salido a la luz la noticia de un nuevo misil balístico de corto alcance norcoreano, que parece ser una copia de un avanzado diseño ruso. Los misiles lanzados a prueba este año, el 4 y el 9 de mayo, desde el noroeste del país demuestran la capacidad de Kim para volver a probar misiles si EE. UU. no atiende sus exigencias de eliminación total de las sanciones. Si observamos cómo se han levantado los embargos anteriores a 2018 y se han relajado las sanciones, está claro quién se beneficia más de esta nueva dinámica. La reunión del domingo lo refuerza: mientras Trump señaló que las sanciones seguirán vigentes por ahora, indicó que podrían relajarse si las conversaciones avanzan.

Además, el incumplimiento por parte de EE. UU. de los tratados internacionales firmados, ante los cambios de liderazgo político en Washington, legitima la desconfianza de Corea del Norte hacia EE. UU. La retirada del país, el año pasado, del Plan de Acción Integral Conjunto, conocido informalmente como el «acuerdo con Irán», ha puesto en entredicho la credibilidad del compromiso de EE. UU. con los acuerdos internacionales.

Si observamos los acontecimientos desde la primera cumbre Trump-Kim, Kim ha logrado hasta ahora proyectar ante el resto del mundo una imagen más favorable de sí mismo. EE. UU., por su parte, no ha resultado ser ni un socio en el que se pueda confiar a largo plazo para cumplir sus compromisos, ni un adversario con el que Corea del Norte no pueda convivir. Con Trump reajustando sus plazos sobre la desnuclearización y Pyongyang centrado únicamente en el alivio de las sanciones, parece que aún queda un largo camino en este juego de ajedrez de la diplomacia y la paz.

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