Se han encontrado microplásticos en el interior de diminutos animales que viven en la Antártida

Microplastics Antarctica
Microplastics have been found inside minute animals, living in Antartica.Image: Unsplash/Annie Spratt
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  • Los científicos han descubierto microplásticos en el interior de diminutos animales que viven en el extremo de la Antártida.

  • Estos animales dispersan después los microplásticos en el suelo, lo que puede afectar tanto a la salud de las plantas como a la del suelo.

  • Los microplásticos se originan por el aumento de la contaminación por plásticos en nuestros océanos.

La isla Rey Jorge, la mayor de las islas Shetland del Sur, se encuentra a 120 km, aproximadamente a un día de navegación, del extremo más septentrional de la Antártida. Es un lugar agreste, hogar de focas, pingüinos, algunas bases científicas y poco más. Aunque el clima es templado en comparación con el continente, las temperaturas apenas superan el punto de congelación durante los meses de verano y la isla está casi totalmente cubierta de hielo. Si los microplásticos pueden entrar en la red trófica aquí, probablemente puedan hacerlo en casi cualquier lugar de la Tierra.

Pero eso es exactamente lo que descubrimos mis colegas y yo al buscar microplásticos en el interior de pequeñas criaturas halladas en la isla Rey Jorge. Nuestros resultados, publicados ahora en la revista de la Royal Society Biology Letters, muestran que los microplásticos se están convirtiendo en una parte integral de la red trófica del suelo.

Los microplásticos son fragmentos de plástico de menos de unos pocos milímetros, y suelen ser mucho más pequeños. Estos fragmentos se desprenden de los cientos de millones de toneladas de plástico que se producen cada año y, en conjunto, forman una enorme cantidad de residuos. Además, como el plástico se degrada muy lentamente, se ha acumulado de forma drástica en el medio ambiente, desde los fondos oceánicos más profundos hasta los polos norte y sur.

La mayor parte de las pruebas sobre los efectos del plástico en el medio ambiente procede de ecosistemas acuáticos, pero cada vez hay más pruebas de que la contaminación por plásticos está afectando también a las plantas y al suelo. Sin embargo, aún no está claro hasta qué punto los plásticos han entrado realmente en las redes tróficas terrestres; ahí es donde entra nuestra nueva investigación.

En este estudio, dirigido por mis colegas Elisa Bergami e Ilaria Corsi, de la Universidad de Siena, nos centramos en Cryptopygus antarcticus, una especie de «colémbolo», también conocida como colémbolo antártico. Los colémbolos son animales de tamaño milimétrico o submilimétrico, muy próximos a los insectos, y constituyen una parte importante de los suelos de todo el mundo.

Un colémbolo particularmente grande (de casi 2 mm de longitud) hallado en un robledal de Irlanda.Image: Tancredi Caruso

La especie concreta que analizamos es fundamental para las redes tróficas del suelo antártico, pero también representa bien a los numerosos animales microscópicos que habitan los suelos de todo el mundo. Yo mismo estudié poblaciones de colémbolos antárticos en 2005, pero entonces no se me había ocurrido que estos animales pudieran ingerir plásticos, dado lo lejos que parecía estar el suelo antártico de las fuentes de contaminación.

Esta vez, sin embargo, Bergami tomó muestras en la isla Rey Jorge, donde encontró a los animales alimentándose de algas, musgos y líquenes que crecían sobre espuma de poliestireno. Esa espuma era literalmente basura de origen diverso que había quedado varada en la playa, hecha del mismo tipo de poliestireno que se usa en los envases corrientes. Es el mismo tipo de residuo plástico que hoy en día encontramos arrastrado hasta las playas de todo el mundo.

Queríamos saber si estos animales del suelo habían ingerido fragmentos de poliestireno. Como es lógico, no es fácil encontrar diminutos fragmentos de plástico en el intestino de animales que apenas se ven a simple vista. Por eso recurrimos a la espectroscopia infrarroja, una tecnología similar a la que usan los científicos forenses en la escena de un crimen para analizar diminutos arañazos de pintura y rastrearlos hasta el automóvil original. Con este nuevo método, por fin pudimos ver microfragmentos de poliestireno en los intestinos de estos colémbolos.

Se están encontrando diminutas partículas de plástico en estos pequeños animales.Image: Bergami et al.

¿Qué consecuencias tiene esto? Los animales del suelo, como los colémbolos, pueden ser diminutos, pero puede haber decenas o cientos de miles por metro cuadrado de suelo. Su gran número significa que los colémbolos pueden transportar y redistribuir minuciosamente fragmentos de microplásticos a lo largo de toda la extensión y profundidad del suelo. Como los microplásticos y los animales pequeños, pero muy numerosos, que habitan el suelo se encuentran en todas partes, esta redistribución de plásticos podría ser un proceso global.

Aún tenemos mucho trabajo por delante antes de poder comprender realmente el impacto de los microplásticos en comparación con otras graves presiones ambientales, como la contaminación química y el cambio climático. Sin embargo, si incluso los colémbolos de la Antártida marítima están ingiriendo microplásticos, existe un riesgo muy alto de que estos ya hayan penetrado profundamente en la red trófica del suelo, con posibles efectos negativos en las interacciones entre las plantas y el suelo. En el futuro, los científicos tendremos que cuantificar estos efectos y descubrir exactamente cómo encajan los microplásticos en los ciclos globales de la materia.

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