¿Los científicos predijeron el cambio climático hace 40 años, por qué no actuamos antes?

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Este mes el mundo ha celebrado el 50.º aniversario de la llegada de Neil Armstrong a la Luna. Pero esta semana se cumple otro aniversario científico, quizá igual de importante para el futuro de la civilización.

Hace cuarenta años, un grupo de científicos del clima se reunió en el Woods Hole Oceanographic Institution de Massachusetts para la primera reunión del «Grupo Ad Hoc sobre Dióxido de Carbono y Clima». Esto dio lugar a la elaboración de lo que pasó a conocerse como Informe Charney – la primera evaluación exhaustiva del cambio climático global debido al dióxido de carbono.

No suena tan impresionante como aterrizar en la Luna, y desde luego no había millones de personas esperando con impaciencia las deliberaciones de la reunión.

Pero el Informe Charney es un ejemplo de buena ciencia, y el acierto de sus predicciones durante los últimos 40 años ha consolidado firmemente la ciencia del calentamiento global.

¿Qué es ese «gas de efecto invernadero» del que hablas?

Otros científicos, desde el siglo XIX, ya habían demostrado que el dióxido de carbono era lo que hoy llamamos un «gas de efecto invernadero». Hacia la década de 1950, los científicos predecían un calentamiento de varios grados por la quema de combustibles fósiles. En 1972, John Sawyer, director de investigación de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, escribió un artículo de cuatro páginas publicado en Nature en el que resumía lo que se sabía en ese momento y predecía un calentamiento de alrededor de 0,6 ℃ para finales del siglo XX.

Pero estas predicciones seguían siendo controvertidas en la década de 1970. El mundo se había enfriado, si acaso, desde mediados del siglo XX, e incluso había cierta especulación en los medios sobre si quizá nos dirigíamos hacia una edad de hielo.

La reunión de Woods Hole reunió a unos 10 distinguidos científicos del clima, que también solicitaron el asesoramiento de otros científicos de todo el mundo. El grupo estuvo dirigido por Jule Charney, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, uno de los científicos atmosféricos más respetados del siglo XX.

El informe expone con claridad lo que se sabía sobre los probables efectos del aumento del dióxido de carbono en el clima, así como sobre las incertidumbres. La conclusión principal del informe fue directa:

Estimamos que el calentamiento más probable para una duplicación del CO₂ se situará cerca de 3 ℃, con un error probable de 1,5 ℃.

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En los 40 años transcurridos desde su reunión, la concentración media anual de CO₂ en la atmósfera, medida en Mauna Loa, en Hawái, ha aumentado alrededor de un 21 %. Durante el mismo período, la temperatura media global en superficie ha aumentado alrededor de 0,66 ℃, casi exactamente lo que cabría esperar si una duplicación del CO₂ produce un calentamiento de unos 2,5 ℃, es decir, algo por debajo de su mejor estimación. Una predicción notablemente certera.

Recepción del artículo

A pesar de la gran estima en la que eran tenidos los autores del Informe Charney por sus colegas científicos de la época, el informe ciertamente no provocó cambios inmediatos de comportamiento, ni por parte del público ni de los políticos.

Pero con el tiempo, a medida que el mundo ha seguido calentándose tal como ellos predijeron, el informe ha llegado a aceptarse como un hito importante en nuestra comprensión de las consecuencias que nuestros actos tienen para el clima. La generación actual de científicos del clima venera a Charney y a sus coautores por su perspicacia y claridad.

Ciencia rigurosa

El informe ejemplifica cómo funciona la buena ciencia: plantear una hipótesis tras examinar la física y la química y, a partir de la evaluación de la ciencia, formular predicciones sólidas. En este contexto, «predicciones sólidas» significa algo que tendría pocas probabilidades de cumplirse si la hipótesis y la ciencia fueran incorrectas.

En este caso, su predicción muy concreta era que un calentamiento de entre 1,5 ℃ y 4,5 ℃ acompañaría a una duplicación del CO₂ atmosférico. En ese momento, en ausencia de su hipótesis y de su ciencia, se podría haber esperado que las temperaturas globales se mantuvieran más o menos iguales durante los 40 años siguientes, que se enfriaran un poco, que incluso se enfriaran mucho, o que se calentaran mucho (o un poco).

En ausencia de la ciencia del calentamiento global, cualquiera de estos resultados podría haber sido factible, por lo que su predicción tan concreta supuso una prueba muy exigente de su ciencia.

Los autores del Informe Charney no se limitaron a resumir la ciencia de forma acrítica. También actuaron con escepticismo, tratando de encontrar factores que pudieran invalidar sus conclusiones. Concluyeron:

Hemos intentado, pero no hemos logrado encontrar efectos físicos pasados por alto o subestimados que pudieran reducir los calentamientos globales estimados actualmente debidos a una duplicación del CO₂ atmosférico a proporciones insignificantes o invertirlos por completo.

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El informe, y la verificación exitosa de su predicción, proporciona una base científica sólida para el debate sobre lo que debemos hacer ante el calentamiento global.

Durante los 40 años siguientes, a medida que el mundo se calentaba más o menos como esperaban Charney y sus colegas, la ciencia del cambio climático mejoró, con modelos mejorados que incluían algunos de los factores que faltaban en sus deliberaciones de 1979.

Esta ciencia posterior, sin embargo, solo ha confirmado las conclusiones del Informe Charney, aunque ahora son posibles predicciones del cambio climático mucho más detalladas.

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